La Habana, (PL).- Ha estallado la Guerra de Divisas con el efecto dólar como arma de destrucción masiva, que invade los mercados mundiales, alimentada por la gran burbuja especulativa del billete verde, con el propósito de obtener ventajas comerciales y monetarias.

Estados Unidos, esta vez de manera unilateral y en contra de sus principales socios estratégicos y comerciales, se dispone a seguir inyectando liquidez, con emisiones de su moneda que provocan al mismo tiempo mayor depreciación de la misma, la afluencia de capitales a todos los mercados, incrementando la especulación y la apreciación artificial del resto de las divisas.

A ello se suma el mantenimiento de las ya históricamente bajas tasas de interés por la crítica situación que se profundiza en las economías de los países desarrollados. Paralelamente, el diferencial con tendencia alcista de las divisas en las naciones emergentes para contener la inflación atrae capitales especulativos.

Las inversiones en los fondos de bonos de mercados emergentes han subido casi 40 mil millones de dólares este año, frente a menos de 700 millones en los primeros nueves meses de 2009, según el proveedor de datos EPFR.

Estados Unidos (causante de esta guerra), se había mantenido en silencio, pero presionado por la prensa, el Secretario del Tesoro, Timoty Geithner, declaró que no había riesgo de una guerra cambiaria.

Para desviar la atención de las consecuencias que traerá el efecto dólar, Geeithner tuvo la desfachatez de acusar con cinismo a China de provocar la afluencia de capitales hacia los países emergentes y elevar el valor de sus monedas, “por tener el yuan depreciado”.

Japón, que no es emergente, ya reaccionó interviniendo fuertemente en el mercado y advirtiendo que continuará haciéndolo si es necesario, con el dólar rondando mínimos de 15 años frente al yen. Comienzan a notarse los primeros “efectos colaterales”.

El fabricante automovilístico y líder mundial Toyota, estudia suspender sus exportaciones del modelo Corolla y trasladar la producción al extranjero a partir del 2013, para contrarrestar el alza del yen.

Alemania declaró que el dólar está artificialmente devaluado, “con la extrema liquidez que se está bombeando al mercado….y eso también provoca que…… no tenga su valor real”.

El euro se encuentra en sus valores máximos en ocho meses y se cambia a unos 1,40 dólares, tras una fuerte apreciación.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trinchet, declaró que “a Estados Unidos le conviene un dólar fuerte” y que “los tipos de cambio deben reflejar los fundamentos económicos”. Pero el dólar no puede ser una divisa fuerte porque sus fundamentos económicos tienen el mayor deterioro de su historia.

Los gobiernos asiáticos están redoblando sus esfuerzos para contener los flujos de capital y el Banco Central de China esta tomando medidas preventivas para controlar los precios de los activos y los riesgos inflacionarios.

China elevó sorpresivamente los requerimientos de reservas de capital a seis grandes bancos comerciales de manera temporal, buscando retirar liquidez de la economía para evitar un endurecimiento monetario.

El incremento en el ratio de reservas de 50 puntos básicos a un 17,5 por ciento para los prestamistas más grandes del país, fue el primero en la relación depósitos/reservas de los bancos desde mayo y afecta las acciones de las empresas que se benefician más de la demanda china, especialmente las del sector de los bienes básicos.

Además, puso un freno al yuan fijando un punto de referencia cambiaria más débil para las operaciones del día, mientras que su brazo de cambio de divisas dijo que una reforma cambiaria no implicaba una apreciación del yuan y que solo permitirá el gradual ascenso de su moneda, que se ha fortalecido dos por ciento frente al dólar desde septiembre.

Pekín, al igual el resto de los países, sostiene que la impresión de más dólares por parte de la Reserva Federal estadounidense inundará nuevamente la economía global, debilitando al billete verde y fortaleciendo las divisas emergentes, al buscar los especuladores mejor rentabilidad con las bajas tasas de interés en los desarrollados.

En Tailandia el Gobierno acordó fijar un impuesto del 15 por ciento a las ganancias de capital y renta por intereses derivadas de la inversión extranjera en deuda soberana, en un intento por frenar el alza del baht, moneda que se encuentra en su nivel más alto desde la crisis asiática de 1997.

En América Latina, Brasil elevó de dos a cuatro por ciento el impuesto que grava a las inversiones en renta fija. En tanto, Colombia, Perú y México han estado acumulando un mayor nivel de reservas en moneda extranjera.

En Bogotá los empresarios solicitaron al gobierno y al banco central que hagan más para reducir el avance del peso, que se ha fortalecido 13 por ciento frente al dólar en lo que va del año.

A pesar del ajuste a la baja de la tasas de interés hasta 4,5 puntos porcentuales que las mantiene casi al cero por ciento, el diferencial en México con respecto a Estados Unidos sigue siendo un significativo cuatro por ciento.

El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, dijo que el mundo esta en “una guerra comercial y cambiaria”, e instó a las economías que dependen de exportaciones, a no sólo apoyarse en bajas tasas de interés sino también en políticas fiscales que apuntalen la demanda, sino otros seguirán implementando límites a la inversión extranjera, perjudicial para todos.

Con respecto a Brasil aseguró que tomará las medidas necesarias, pero explicó que ya ha “hecho su parte” y no necesita implementar más estímulos fiscales.

Mantega dijo creer que en la cumbre del Grupo de los 20 (G-20), a realizarse a mediados de noviembre en Seúl, se pueda lograr algo parecido al Acuerdo del Plaza de 1985.

Mediante aquel acuerdo, los ministros de economía de Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental, Francia y Gran Bretaña, reunidos en el Hotel Plaza de Nueva York, acordaron debilitar un sobrevaluado dólar frente a las monedas alemana y japonesa.

El encuentro de octubre del Fondo Monetario Internacional (FMI) no logró poner freno a la escalada en las tensiones cambiarias.

En un adelanto a la cumbre del G-20, el viceministro de Finanzas ruso, Dmitry Pankin, dijo que los países BRIC -Brasil, Rusia, India y China- consideran los movimientos en las divisas de las economías emergentes como un problema que no se puede resolver con la libre flotación.

“La libre flotación no es una receta de salida, no es una prescripción para todos los males”, expresó. Francia, que asumirá el próximo mes la presidencia del G-20, expresó en voz de su ministra de Economía, Christine Lagarde, que iniciará conversaciones sobre una supervisión al sistema monetario global para mejorar la coordinación política y frenar los flujos de capital que distorsionan las tasas de cambio.

En tanto, el jefe del FMI, Dominique Strauss-Kahn, planea presentar a los miembros de la entidad una “iniciativa de estabilidad sistémica” que reunirá a las potencias económicas del mundo en un foro regular que apunta a resolver disputas cambiarias.

En las actas de la última reunión de la FED, publicadas a mediados de octubre, se plantea que podría ser apropiado poner en marcha “pronto” medidas de estímulo adicionales (principalmente más compras de bonos del Tesoro), que algunos predicen serían para fines de noviembre, después de las elecciones en el Congreso estadounidense.

Como está demostrado, las inyecciones de liquidez solo tienen efectos a corto plazo y a largo plazo provocan aumentos de la inflación, lo que a su vez obliga a elevar las tasas de interés.

Se considera que ésta es una de las razones por las cuales la guerra cambiaria de Estados Unidos, utilizando su arma financiera de destrucción masiva o el Efecto Dólar, está destina al fracaso y se volverá en su contra.

Pagamos las culpas del billete verde

Aunque diversas han sido las medidas adoptadas para contrarrestar los efectos negativos generados por la existencia del dólar como divisa de reserva internacional por excelencia, hasta el momento faltan resultados concretos. Sólo una verdad se impone en medio de tantas diferencias: la necesidad de reformar el actual orden monetario internacional, sobre todo en medio de la crisis global.

Durante la coyuntura recesiva los bancos centrales de varios países del orbe han recurrido a la flexibilización de su política expansiva, sin embargo, los especialistas alertan sobre un riesgo de devaluación de las monedas no visto en varias décadas.

Asimismo advierten acerca de los riesgos de querer ganar ventajas comerciales a través de una moneda artificialmente baja.

El caso de Japón sobresale en ese sentido, pues la fuerte subida del yen provocó reiteradas intervenciones del Banco de esa nación asiática y el retorno a la política de tasas de interés muy cercana a cero.

La fortaleza de la divisa nipona, de casi un 13 por ciento frente al dólar, dificulta el comercio y principalmente las exportaciones.

También la instalada deflación y la debilidad de la economía en general agravan el escenario. En el caso de Estados Unidos, la Reserva Federal (FED) valora la posibilidad de una mayor ampliación de su política expansiva, con tasas de interés cercanas a cero y mediante la compra de bonos del gobierno.

Sin embargo, las contradicciones afloran una vez más, pues por una parte los bajos tipos de interés y la debilidad del dólar pueden ayudar a disminuir el endeudamiento público y a reducir el déficit de la balanza de pagos, mientras que por la otra se afecta a países exportadores como Japón.

Además está el caso de China, que mantiene su moneda devaluada ante el dólar para proteger sus envíos al exterior.

También aparecen los extremos, pues Europa se encamina a finalizar los paquetes de estímulo y a implementar medidas de austeridad. En ese contexto, afloran muchos y diversos criterios.

Al respecto, el profesor mexicano Jaime Estay, afirmó que el dólar está destinado a ceder lugar como moneda de reserva, por lo que es imprescindible crear una nueva arquitectura financiera de carácter regional.

Insistió en la importancia de persistir en la búsqueda de verdaderas respuestas a nivel global, pero con mayores espacios de participación.

Estay advirtió que los problemas fundamentales sobre este tema no son tratados a través de las acciones acordadas, precisamente por el G-20 (países desarrollados y en vías de desarrollo), cuyos miembros se auto-asignaron la potestad de decidir qué hacer y dejaron a 172 naciones marginadas.

Lo planteado por este grupo no toca los rasgos estructurales importantes del funcionamiento de la economía mundial, acotó.

En tal sentido, Estay recordó lo expuesto por la Comisión Stiglitz, la cual propone crear una autoridad económica mundial: una de competencia y otra financiera que recorte las capacidades del Fondo Monetario Internacional (FMI), muy cuestionado por su proceder.

El académico opinó que no es en el ámbito multilateral donde se encontrarán, en el corto plazo, las soluciones a las dificultades del sistema monetario y financiero actual.

Hay que retomar e incentivar los mecanismos financieros a nivel regional, formar instancias que manejen los problemas que no se tocan en el ámbito global, sentenció.

En ese sentido, manifestó, se concretan avances en América Latina con la constitución de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), un espacio que genera condiciones de cooperación y de vínculos constantes y crecientes para enfrentar el desorden impuesto por la debilidad del dólar y las políticas aplicadas por el FMI.

Además, consideró que la región realiza acciones nacionales y multilaterales a nivel regional, a fin de disminuir los efectos dañinos a sus economías por ese desarreglo.

Por su parte, el director del Banco Central de Venezuela, José Félix Rivas, expresó que ante la quiebra del dólar, surgen alternativas como el Sistema Único de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), una moneda electrónica para las transacciones comerciales, parte del ALBA.

Analistas opinan que aunque desde 1944 el dólar es la divisa internacional por excelencia, regidora de los intercambios comerciales a escala mundial, en los últimos años el euro representó una fuerte competencia para el llamado billete verde.

Manifiestan que con la actual crisis global se agudizó su debilidad y evidenció la fragilidad del sistema monetario vigente, sobre todo por el errado proceder del FMI.

Muchas de las propuestas existentes cuestionan el status de esta divisa que transmite cada vez más incertidumbre y desconfianza.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, abogó por un contexto plurimonetario, mientras que países como Estados Unidos, Japón y Alemania, opinaron que el sistema vigente es el más eficaz en tanto no se demuestre lo contrario.

China, por ejemplo, propuso crear una divisa de reserva multinacional, con lo cual se suma a la petición de Rusia, quien reconoce la merma del dólar.

El gobernador del Banco Popular del gigante asiático, Zhou Xiaochuan, defendió la creación de una divisa de reserva multinacional que no esté relacionada con naciones individuales y pueda permanecer estable a largo plazo.

Por su parte, la Organización de Naciones Unidas (ONU) también propone reformar el sistema monetario internacional, un nuevo Bretton Woods para sustituir a la hegemonía del dólar.

Un informe de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), reconoció que el sistema no funciona correctamente y lo acusó de ser el gran responsable de la actual crisis financiera.

La sustitución del dólar por una moneda artificial resolverá algunos de los problemas relacionados con el gran déficit por cuenta corriente y brindará mayor estabilidad, explicó.

La entidad agregó que es preciso un nuevo sistema de tipo de cambios, con una mayor regulación del mercado financiero para prevenir futuras coyunturas como la actual.

Para ello sugirió establecer los tipos de cambio con base en un patrón estable, gestionado y determinado de forma multilateral. La UNCTAD estimó imprescindible un nuevo sistema monetario con principios y normas consensuados con el objetivo de lograr la estabilidad de la economía mundial y la equidad del comercio internacional.

* Brugal es periodista, jurista, fue diplomático y miembro de la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU y colabora con Prensa Latina; Fernández es periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.