Las intrigas, los golpes de Estado y las convulsiones sociales han sido menos frecuentes que este factor de desestabilización política en nuestra historia moderna. Más de un gobierno boliviano resultó doblegado por la fuerza del escándalo. Y, en Bolivia, el escándalo en el poder se llama cocaína. Esta historia es más antigua que nuestra aún joven democracia y, por lo general, sus protagonistas han vuelto a escena recurrentemente.

Desde la década del 70 no hubo Presidente sin narcosombra. En julio 1978, uno de los factores que hizo insostenible la dictadura de Hugo Bánzer fue su ya inocultable relación con el narcotráfico. Durante aquel Gobierno la producción de hojas de coca destinadas a la cocaína creció de 6.800 toneladas a 16.817. Vale decir, 247 por ciento, materia prima suficiente para 62 toneladas de cocaína.

Decenas de autoridades y hombres influyentes del esquema banzerista devinieron en destacados narcotraficantes. No pocos resultaron ajusticiados por la mafias o presos en el exterior del país. Varios de sus allegados, incluidos su yerno, Luis Alberto Valle; su esposa, Yolanda Prada, y su primo, Guillermo Bánzer, fueron descubiertos en actividades narco. (1). En el breve complemento de aquella tiranía, el “Delfín” de Bánzer, Juan Pereda Asbún, duró escasos cuatro meses en el poder. Los reportajes de la prensa estadounidense sobre las drogas en Bolivia y las advertencias del propio Gobierno demócrata de Jimmy Carter se habían multiplicado.

A Pereda el destino lo acercó a un narcoemblema. En agosto de 1976, Banzer le había regalado 7.200 hectáreas en el noreste de Santa Cruz (2).. La zona que Bánzer obsequió a su “delfín” todavía se llama Huanchaca.

Dos años más tarde surgió un narcoescándalo sostenido. Tras una tormentosa ola de cuatro presidencias fugaces (dos civiles y dos militares) llegó al poder Luis García Meza. EEUU no reconoció a este Gobierno, que apenas escondía su evidente relación con narcotraficanes, nazis y hampones. Sin embargo, lo que precipitó su caracterización como narcodictadura constituyó un escándalo internacional gestado en un programa de televisión. El 1 de marzo de 1981, el hombre fuerte y Ministro de Gobierno de aquel régimen, Luis Arce Gómez, cayó en desgracia. Fue calificado como el “ministro de la cocaína” por el célebre periodista estadounidense Mike Wallace.

En el programa “60 Minutos”, Wallace presentó un documental sobre los vínculos de Arce con las mafias de la droga. Pero además, el reportaje destacaba la participación en esas actividades de otros importantes miembros de la dictadura, entre ellos el Ministro de Educación, coronel Ariel Coca Aguirre. Coca era también propietario de tierras, obsequiadas por Bánzer, cuatro años antes, en la zona de Huanchaca.

El reportaje contenía imágenes, investigaciones oficiales e incluso una entrevista a Arce Gómez. Se sumaba a una serie de trabajos como los de Newsweek en EEUU, Veja en Brasil, Marca en Perú y Der Spiegel en Alemania (3).

La narcofama precipitó al régimen. García Meza, pese a que había anunciado que gobernaría 20 años, renunció el 2 de agosto de 1981.

El discreto encanto de las narcodictaduras

Curiosamente, las narcodictaduras bolivianas no sólo generaron desafectos e indignación en las esferas del poder estadounidense. Narcogenerales y narcocoroneles no resultaron precisamente marginados y despreciados del todo, por los poderosos de la primera potencia mundial.

Durante su dictadura, Bánzer era elogiado por su colaboración con los gobiernos republicanos de Richard Nixon y Gerald Ford, aunque con ciertos matices. “El presidente Bánzer – dice un informe al Secretario de Estado Henry Kissinger- es del área de Santa Cruz y fue apoyado en su movimiento revolucionario de 1971 por intereses políticos y económicos en Santa Cruz. Como tal, tiene obligaciones con este grupo, particularmente desde que ha indicado repetidamente que volvería a vivir en Santa Cruz luego de su alejamiento de la Presidencia, en una fecha no especificada. Éste es un punto importante ya que mucha gente cree que Santa Cruz es el centro para el tráfico de cocaína”. Se trata de uno de los párrafos de un documento confidencial desclasificado 25 años después en EEUU (4).

El dictador nunca pudo estar lo suficientemente lejos de los narcos. En 1987, Hugo Banzer, arropado de demócrata, era el principal socio del Gobierno de Víctor Paz Estenssoro. Ese año, un video desató otro narcoescándalo: el principal asesor de Banzer, Alfredo Arce, negociaba un sistema de lavado oficial de dólares con Roberto Suárez Gómez, uno de los mayores narcotraficantes de entonces. Las culpas recayeron sólo sobre Arce. EEUU no se pronunció. Sin poder librarse del estigma, Banzer finalizó su vida política como Presidente entre 1997 y 2000. Se concentró en cumplir el condicionamiento del Gobierno demócrata de Bill Clinton de erradicar las plantaciones de coca en Bolivia. Recibió conceptuosos elogios de la administración estadounidense, pese a que el esposo de una sobrina suya fue descubierto pinchando las líneas de la DEA. Se trataba de Marco Marino Diodato, un ex policía italiano y experto paracaidista, asimilado al Ejército Boliviano. Luego se le descubrieron vínculos con el hampa de su país. Se denunció además que perteneció a grupos paramilitares que reprimieron opositores y regularon la salida de cocaína desde Huanchaca en 1980 (5).

Juan Pereda Asbún y Ariel Coca también gozaron de amores y desamores en EEUU. Ambos, por ejemplo, cedieron sus tierras en Huanchaca a la empresa estadounidense Nuevo Mundo Ltda. Los propietarios de la empresa eran Ronald Bruce Lindemberg y Stephen Green Youngman. En realidad se dedicaban al narcotráfico. Dos de los hijos de Lindemberg fueron arrestados por ese delito y a él se le confiscó una avioneta que trasladaba cocaína valuada en cerca de 500 mil dólares (6).

Pereda, con el tiempo, pasó a una vida discreta. Reapareció el reciente 17 de agosto de 2010 en Santa Cruz. Tras un escándalo de exhibicionismo sexual a un grupo de adolescentes, se supo que sufre de severa adicción a la cocaína (7). Coca, pese a que la DEA le confiscó avionetas con droga, también pasó a una vida de terrateniente relativamente discreta. Reapareció en 1986, sorprendentemente como colaborador de la DEA, en pesquisas sobre una gran fábrica de droga, ubicada en la zona de Huanchaca (8).

La dualidad no fue distinta ni mucho menos en el caso de García Meza y Arce Gómez. La guerra abierta que recibieron desde la prensa y el Gobierno de EEUU, tuvo una singular contraparte: una intensa relación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la ultraderecha del Partido Republicano y la dictadura militar argentina. Los militares argentinos eran por entonces los principales aliados de los servicios de inteligencia y la ultraderecha estadounidenses en Latinoamérica. Fueron el Gobierno que más colaboró a García Meza.

La sociedad no resultaba pequeña. La narcodictadura quería eternizarse en el poder gracias a la economía de la droga. La CIA, la ultraderecha republicana y los argentinos buscaban resolver una difícil ecuación: ¿cómo sostener la guerrilla de la “Contra” nicaragüense en Centroamérica sin fuentes de financiamiento oficiales? La fórmula resultó inmediata: producir cocaína en Bolivia, venderla masivamente en EEUU y usar buena parte de las ganancias en la compra de armas para los “contras”. El negocio luego se ampliaría a la venta encubierta de armas a Irán para usar esos fondos en la compra de cocaína.

El “aporte” de garcía meza a la historia

El golpe de García Meza es considerado en Bolivia el último manotazo de las dictaduras. Paradójicamente a nivel internacional se convirtió en el “big bang” de una nueva era de operaciones encubiertas. La CIA juntó a varios de sus conocidos. Los criminales nazis Klaus Barbie (quien trabajó para CIA desde 1945) y Otto Skorzeny, devenido en traficante armas, articularon la estrategia. Operadores diplomáticos y políticos de EEUU como Jesús Rodríguez, David Greenly y Manuel Rocha supervisaban su funcionamiento. El teniente coronel Oliver North encabezaba todo el megaoperativo.

Mientras tanto, grupos de paramilitares y los militares más comprometidos con García Meza marcaban literalmente a fuego las rutas y canales de exportación de droga. El plan concentraba sus contactos con los narcotraficantes Roberto Suárez Gómez, “el padrino” y, su sobrino, Jorge Roca Suárez, alias “techo de paja”. Suárez trabajaba con el cártel de Medellín al que remitía pasta base. Roca optó por la producción completa propia y la ruta del Golfo de México.

Poco a poco, Roca concentró el negocio y Suárez Gómez entró en desgracia. “Techo de paja” logró instalar la mayor fábrica de droga de la que hasta entonces se haya tenido memoria. La impresionante instalación, una ciudadela capaz de producir 1,5 toneladas de droga semanales, funcionaba en la planicie de Huanchaca (9).

Un narcoempujón a Siles

Cinco años más tarde el derribo de un narcoavión en Nicaragua develaría el escándalo “Contras”. Coincidentemente, el propio Mike Wallace, en “60 Minutos” potenciaría la denuncia (10). Pero en ese ínterin, otro narcoescándalo precipitaría la caída de un gobierno en Bolivia, gracias a los ecos de Huanchaca. Se trataba de un gobierno de izquierda, y el primero de la era democrática.

En septiembre de 1984, el gobierno centroizquierdista de Hernán Siles Suazo, atravesaba sus momentos más críticos. La crisis de la “hiperinflación” convulsionaba al país amenazado por una escasez extrema. La derecha presionaba para hacer caer al régimen, la izquierda buscaba una definición violenta. El capital político que le quedaba a Siles sumaba su honestidad y vocación democrática. Él defendía su legitimidad mientras buscaba pactos y replanteaba recurrentemente medidas económicas.

Entonces una denuncia golpeó más al débil Gobierno: el denominado “primer responsable de la lucha antidrogas ajeno a los narcomilitares”, y viejo amigo de Siles, Rafael Otazo, había sostenido reuniones con Roberto Suárez Gómez. Otazo no sólo reconoció el hecho, sino que denunció a algunos diputados de partido como ligados al narcotráfico. Luego calificó de “patriota y un prestigioso industrial agrario” a Suárez Gómez (11).

“El padrino”, afectado por el poder de “techo de paja”, había jugado sus cartas a la izquierda, pero alguien vigilaba muy bien sus pasos. El escándalo estalló. Siles, un ícono de la Revolución Nacional de 1952, optó por adelantar elecciones y retirarse 14 meses antes de lo previsto.

El Gobierno que sucedió a Siles Suazo fue uno de los que impuso mayores cambios a las estructuras económicas, sociales y políticas del país. Víctor Paz Estenssoro sentó las bases fundamentales para la conformación del modelo neoliberal en la economía boliviana. Curiosamente se convirtió en el más afectado por el caso Huanchaca. Es más, el nombre de aquel lugar saltó a la fama precisamente tras el trágico escándalo que estalló cuando Paz apenas cumplía un año del nuevo mandato.

Los narcos en tiempos de cambio

Tiempos de cambio. ¿Qué pasa cuando un narcoescándalo estalla en una coyuntura donde coinciden radicales definiciones políticas nacionales e internacionales? En Bolivia confluyeron esas variables.

Un régimen en Irán plantándole cara reiterativamente a la primera potencia militar del planeta. En el poder estadounidense un Presidente demócrata que por su ambigüedad acaba siendo sobrepasado por el militarismo y la ultraderecha. Un sistema económico en crisis cuestionando los supermillonario gastos militares

En Latinoamérica, fuerzas de izquierda y derecha en el afán de definir una pulseta sostenida por más de un lustro. Ello, en el marco de la emergencia arrolladora de poderosos y violentos cárteles de las drogas. En Bolivia, un Gobierno decidido a implementar el cambio hacia un modelo de Estado sin precedentes frente a una oposición menguada al extremo. Ése era el escenario que envolvió al desarrollo del caso Huanchaca y el escándalo Irán Contras. Cualquier parecido con la realidad presente es mera coincidencia.

El caso Huanchaca

Lo cierto es que, en ese contexto, el 5 de septiembre de 1986, una expedición científica cometió un error fatal: aterrizó su avioneta en la pista de la narcofábrica de Huanchaca. Los vigías del lugar ametrallaron sin contemplaciones al destacado naturalista Noel Kempf Mercado y otros tres ocupantes. La noticia llegó en cuestión de horas a Santa Cruz. Surgieron múltiples y urgentes reclamos de un rescate a las fuerzas de seguridad, incluido un contingente militar estadounidense.

Marines y helicópteros “Black Hawk” habían llegado dos meses antes para realizar el operativo antidrogas “Blast Furnace” (“Altos Hornos” u “Horno Caliente” en castellano). Se desplegaban por el departamento del Beni en las zonas dominadas por Roberto Suárez. Pero, sorpresivamente, el rescate y la intervención de Huanchaca tardó cerca de tres días en efectivizarse. Los ocupantes de la narcofábrica de “techo de paja” Roca tuvieron el tiempo suficiente para llevarse toneladas de droga y precursores.

Las autoridades de Bolivia y EEUU sumaron una ola de contradicciones no esclarecidas hasta hoy. Una comisión especial fue organizada en Congreso Boliviano para investigar los hechos. Los parlamentarios evidenciaron paulatinamente mayores contradicciones en la conducta y declaraciones de los responsables de los ministerios de Defensa y Gobierno. Advirtieron lo propio en los jefes del Comando Sur de EEUU, los funcionarios de la Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA) y su virtual dependencia boliviana la Unidad Móvil de Patrullaje Rural (Umopar). El 10 de noviembre, el responsable de aquella comisión congresal, el diputado Edmundo Salazar, fue asesinado por dos sicarios en Santa Cruz (12).

El peso de aquella crisis llegaría en los años venideros a frenar una candidatura a la presidencia en EEUU, la de Oliver North. Unas semanas más tarde, causó la traumática salida del embajador Edward Morgan Rowell de Bolivia. Paralelamente, y con Rowell en el ojo de la tormenta, el caso Huanchaca modificó la relación de fuerzas dentro del régimen de Paz Estenssoro.

La cima del narcoescándalo llegó cuando el Embajador Rowell y el jefe de la DEA en Bolivia, Frank Macolini, llevaron el resultado de las investigaciones estadounidenses al presidente Paz Estenssoro. Edward Rowell llegó a Palacio Quemado con la conciliación de una ruda disputa entre los informes de la DEA y la CIA. La Agencia Central era dirigida en Bolivia por el oficial político de la Embajada David Greenly. En la cita participaron sólo cinco personas. Junto a los ya mencionados, se hallaban presentes el entonces ministro de Planeamiento, Gonzalo Sánchez de Lozada, y el Secretario de la Presidencia, Juan Carlos Durán.

Los estadounidenses comunicaron a Paz Estenssoro que entre las personas involucradas en el caso se hallaba una perteneciente al círculo íntimo del Presidente. Tras releer el informe, Paz Estenssoro tomó cierta distancia y permaneció reflexivo durante varios minutos. Luego, Sánchez de Lozada comunicó a los estadounidenses: “El Presidente prevé entregar el Gobierno a una junta militar. Advierte que este informe implica una nueva interrupción de la democracia en Bolivia”.

En medio de la tensión generada por el Mandatario, Sánchez de Lozada propuso una salida concertada que, finalmente, aceptó el embajador Rowell. El nombre de la persona aludida fue eliminado del informe y Paz sorteó aquella crisis.

Sin embargo, el narcoescándalo causó una baja inesperada. Macolini, el Jefe de la DEA, hizo llegar a sus superiores en EEUU el dato de que Rowell había alterado el informe. Días más tarde, Rowell abandonó Bolivia sin dar mayores explicaciones. Su cargo fue ocupado interinamente por David Greenly hasta el final de la gestión. El narcoescándalo de Huanchaca causó un descabezamiento sólo antecedido por el narcogolpe de 1981. (13)

La era de los Sánchez

Sin embargo, en el Gobierno boliviano aquella crisis pareció haber beneficiado a algunos políticos. Desde aquel diciembre de 1986, el poder que adquirieron tanto Sánchez de Lozada como Durán sólo tuvo parangón en los viejos caudillos del MNR. El primero fue tres veces candidato y dos Presidente en las siguientes cuatro elecciones. Juan Carlos Durán resultó nominado candidato emenerista en los restantes comicios de 1997. Junto a ellos emergió un tercer operador político con amplio poder interno en esos 17 años: Carlos Sánchez Berzaín. Antes de ganar predominancia en filas del MNR, Sánchez Berzaín sólo había destacado por una singular actividad: su bufete defendió a peces gordos del narcotráfico ligados a la dictadura de Luis García Meza. Y en 1985 se identificó su presencia en el caso “Tauro” que afectaba a Jorge “techo de paja” Roca, el propietario de Huanchaca (14).

Pese a sus antecedentes, los últimos representantes que el MNR tuvo en el poder siempre se dieron modos para usar el tema en su favor. Hilaron intrigas y denuncias contra sus rivales políticos desestabilizando gestiones y candidaturas. A principios de los 90 desnudaron los contactos que altos dirigentes de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) habían tenido con peces gordos del narcotráfico. Oscar Eid, el segundo hombre del MIR, acabó purgando cuatro años en prisión.

Aún con narcocasos ligados a sus huestes (como un narcoavión con 4,5 toneladas en 1995), los Sánchez gozaron sostenidamente de las simpatías estadounidenses. El 26 de junio de 2002, cuatro días antes de las elecciones presidenciales, en Chimoré, el entonces embajador Manuel Rocha de EEUU frente al presidente Tuto Quiroga, dijo: “El electorado boliviano debe considerar las consecuencias de escoger líderes de alguna manera conectados con el narcotráfico y el terrorismo”. Aludía a Evo Morales, buscando claramente favorecer la candidatura de Sánchez de Lozada. Varios autores (15) relacionan a Rocha con el escándalo Irán Contras. Buena parte de su carrera diplomática (como oficial político y militar) coincidió con las regiones vinculadas a aquellos operativos impulsados desde Huanchaca.

Tras desatar la masacre de El Alto en octubre de 2003, los Sánchez fueron acogidos en EEUU. Paradójicamente los abogados de Sánchez Berzaín han refutado las demandas de extradición arguyendo su temor “a mafias narcotraficantes que aparentemente le tienen amenazado”. Si de acogidas y buena conducta se trata, “Techo de paja”, tras entregarse a las autoridades en 1993 fue extraditado a EEUU. Está considerado entre los ex narcotraficantes que lograron rehabilitarse, casi todos ajenos al cártel de Medellín. Allí estudió arquitectura y derecho en prisión. A principios del segundo gobierno de Sánchez de Lozada los bienes que se le habían incautado en Bolivia a la familia Roca Suárez fueron devueltos (16).

¿Una narcoinvasión?

Y en estos nuevos tiempos de cambio, la palabra Huanchaca volvió a ser mencionada o aludida por las autoridades del gobierno de Evo Morales. El 1 de noviembre de 2008, el presidente boliviano señaló: “La CIA y la DEA son los custodios del narcotráfico boliviano”. Aseguró además que ambas conformaron una “narcohermandad” en el bullado caso de septiembre de 1986 (17). Seis semanas antes de realizar dichas declaraciones y pedir así el retiro de la agencia estadounidense antidrogas, Evo expulsó al embajador de EEUU Phillip Goldberg. Desde entonces la Casa Blanca no tiene un Embajador titular en Bolivia, como en tiempos de García Meza o de Huanchaca.

En los casi cinco años de la administración Morales, el escenario del problema narcotráfico se ha vuelto extremadamente sensible y de cuidado. Desde la nueva ruptura con EEUU, las autoridades policiales han anunciado en dos oportunidades el descubrimiento de las mayores fábricas de droga “desde Huanchaca” (18). En ese tiempo, Naciones Unidas ha advertido que las plantaciones de hoja de coca alcanzaron la extensión récord de 30.900 hectáreas(19). Paulatinamente, algunos operativos antidrogas han rozado el eje del poder político. Los casos de la familia de la ex dirigente Margarita Terán y el amauta Valentín Mejillones bordearon tímidamente al caudillo indígena. Sin DEA a la vista y con CIA siempre oculta, no se sabe cuándo el objetivo es policial y cuándo político. Paulatinamente la presencia de grandes cárteles de la droga ha comenzado a ser reportada junto con sus virulentos ajustes de cuentas.

Cada uno de los Gobiernos del entorno ha advertido un peligroso incremento de las actividades del narcotráfico a partir de Bolivia. Argentina ha denunciado una “lluvia blanca” en el norte de su territorio. Paraguay ha informado el incremento de capturas de naves y traficantes provenientes de Bolivia con cientos de kilogramos de droga. Chile ha demandado el refuerzo del control de los más de 200 pasos fronterizos dados los problemas ligados a ilícitos y narcotráfico. Las áreas de producción, fabricación y tráfico abarcan prácticamente la totalidad del país “gracias” a los avances en las vías y tecnología de comunicación.

Y en lo que parece una extensión de Huanchaca la queja más dura llega desde Brasil. El candidato José Serra, basado en reportes oficiales, denunció que el 80 por ciento de la cocaína consumida en su territorio proviene de Bolivia. Especialmente desde San Matías y en menor grado hacia Guayaramerín, como proyectando la meseta donde murió Noel Kemf. (20) A diferencia de prácticamente todos sus antecesores, Evo Morales ha podido superar su gestión hasta el presente sin la marca de un narcoescándalo. Sin embargo, en las esferas más altas del Gobierno no se descarta la hipótesis. El vicepresidente Álvaro García Linera señaló este 21 de septiembre: “…(Hay gobiernos que) van a buscar la manera de querernos doblar el brazo; una de esas maneras es intentar estigmatizarnos con el tema del narcotráfico, así como sólo hace 20 años un país vecino fue invadido por EEUU bajo el estigma y pretexto del narcotráfico”, aseveró.

Recordó así los tiempos de la invasión de Panamá, del final del Irán rebelde, de la caída de los cárteles. Esos tiempos que cerraban el caso Irán Contras, marcado por un EEUU urgido de dinero para sus operaciones financieras encubiertas.

A propósito, ¿cuánto dinero precisan hoy EEUU y las potencias para sus urgencias de coyuntura? Según el jefe de la unidad de drogas y crimen de Naciones Unidas, Antonio María Costa, “la mayor parte de los 352 mil millones de dólares que mueve el narcotráfico fue absorbida por el sistema económico mundial”, como parte de “la inyección de capitales frescos” necesaria para enfrentar la crisis global. En suma, muchas “huanchacas”. (21) ¿Se viene un narcoescándalo?

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(1) La droga el dinero y las armas. Alaín Labrousse, responsable del Observatorio Geopolítico de las Drogas, Editorial Siglo XXI (1993)

(2) El Juicio a La Dictadura. Marcelo Quiroga Santa Cruz (Citado por Martín Sivak en El Dictador Elegido, Plural Editores (2001)

(3) El Cuartelazo, Gregorio Selser (Citado por Martín Sivak en El Dictador Elegido, Plural Editores (2001).

(4) El Dictador Elegido, Martín Sivak, Plural Editores, pag. 187 (2001)

(5) Para no olvidar el golpe, Adital, Wilson García Mérida, (17-07-2006)

(6) Revista Tierra Lejana, edición del 21 de junio de 1999.

(7) Red Erbol y varias agencias de prensa.

(8) La Guerra de la Coca, Róger Cortez, FLACSO CID, pag 48 (1992)

Cocaine Import Agency

(9) Narcos, Banqueros y Criminales, Juan Salinas, pags 33 -40 (2005).

(10) Salinas, como otros autores, compilan los datos del escándalo Iran – Contras que fue investigado por una comisión del Congreso, encabezada por el senador John Kerry. Kerry fue candidato a la Presidencia de EEUU en 2004.

(11) Agencias EFE y Reuter, citadas por El País de Madrid (9-9-1984).

(12) La Guerra de la Coca, Róger Cortez, FLACSO CID, pags 56 – (1992)

(13) Testimonio de Ramiro Paz Cerruto, Economista, asesor de Naciones Unidas, ex subdirector del Periódico HOY, e hijo del presidente Paz Estenssoro

(14) El Juguete Rabioso, artículos de Fernando Esquivel y Wilson García Mérida, (octubre de 2003).

(15) Narcos, Banqueros y Criminales, Juan Salinas, pags 33 -40 (2005).

(16) Vuelve el represor de cocaleros, Red Voltaire, Wilson García Mérida (01-10-2002)

(17) Agencias, 26 -11-2008

(18) Agencias, 5-08-2010

(19) Agencias, 22-06-2010

(20) Agencias, 12 y 11- 08-2010

(21) Drug money saved banks in global crisis, claims UN advisor, The Guardian, 13 -12- 2009