Desde el 4 de noviembre de 1964, fecha en la que el Gral. RenéBarrientos Ortuño tomóel poder por la fuerza de las armas, hasta el gobierno del Gral. Guido Vildoso (octubre de 1982), transcurrieron 18 años de regímenes de fuerza, con el breve período de 1966-1969 y la primavera democrática de 1979-1980.

El 4 de noviembre se da fin a 12 años de revolución nacionalista. Desde Barrientos, vertiginosamente se sucedieron en Palacio de Gobierno el Gral. Alfredo Ovando Candia (1969-1970), Gral. Juan José Torres (1970-1971), Cnl. Hugo Bánzer (1971-1978), Juan Pereda Asbún (1978), Gral. David Padilla Arancibia (1978-1979), Dr. Walter Guevara Arze (1979), Cnl. Alberto Natusch (1979), Lidia Gueiler Tejada (1979-1980), Gral. Luis García Mesa Tejada (1980-1981), Gral. Celso Torrelio Villa (1981) y Guido Vildoso Calderón (1981-1982).

Los regímenes de Barrientos y Bánzer responden a la línea trazada por Washington, al que se suma también Pereda. En tanto los gobiernos de Ovando y Tórres, implican proyectos nacionalistas y en cierto modo progresistas, que han sido planteados en conjunto con la élite política. Los de Padilla y Vildoso deben entenderse como gobiernos de transición al sistema democrático. Quedan los gobiernos de Natusch y García Meza, que responden a las deliberaciones propias del seno de las Fuerzas Armadas, aunque en el caso del segundo, con fuertes vínculos con la mafia del narcotráfico y proclive, ideológicamente, a la línea de Washington a la que deseaban seducir, con resultados negativos.

Las dictaduras del siglo XX en Bolivia en particular y en América Latina en general, no fueron producto de la mera ambición personal de los militares, como sucedió en el siglo XIX.

No. Las dictaduras fueron un As bajo la manga del imperio. Con los gobiernos de fuerza impuso la desestatización de la economía, combatió contra toda forma de socialismo, para abrir paso a las empresas transnacionales que invadieron nuestro país. El Pentágono calificó esa acción como una “Guerra de Baja Intensidad”, es decir impedir el ascenso de gobiernos pro-comunistas o pro-socialistas; eliminar en lo posible toda forma de revolución social. No es casual que la mayoría de los generales y coroneles que tomaron por asalto el poder político se formaron en la tristemente célebre Escuela de las América. Luego de esa fase de adoctrinamiento ideológico, se les colmó de prebendas y favoritismos, con lo que los convirtieron en aliados ultramontanos de la política norteamericana y facilitadores del saqueo del país, sin dejar nada sino migajas a cambio.

El 10 de octubre de 1982 el movimiento obrero popular reconquistó la democracia. La lucha de los mineros fue determinante para sepultar a la última dictadura del siglo XX. Ese día el Dr. Hernán Siles Zuazo acompañado de su vicepresidente, el jefe del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, Jaime Paz Zamora, se dirigió a la población boliviana para hacer escuchar su voz de aliento, de esperanza. No sabía que aquel personaje urdía la traición

Sin embargo, Siles Zuazo no logró remontar la crisis que le dejó la dictadura militar, signada con el 27.000% de inflación por año. Los cien días de tregua social que le dio las organizaciones sindicales y sociales, fueron inútiles. Los mineros veían con angustia un gobierno atrapado, sin salida, incapaz de revertir la política privatizadora que se inició el lejano 4 de noviembre de 1964, cuando el vicepresidente militar René Barrientos Ortuño echó de palacio a Víctor Paz Estenssoro y empezó la era de la restauración del viejo orden.

El 10 de octubre el presidente Hernán Siles Zuazo juró ante el congreso de 1980, un parlamento adverso en la correlación de fuerzas. Siles no pudo gobernar la crisis y fue atrapado por las contradicciones y ambiciones de sus socios, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria y Partido Comunista de Bolivia. Al frente le salió la Confederación de Empresarios de Bolivia y los Comités Cívicos, que enarbolaron la bandera del acortamiento del mandato presidencial.

Los Comités Cívicos de Santa Cruz, el Beni y Tarija, mostraron su propio proyecto político, empleando bandas de paramilitares para imponer sus proyectos políticos. El objetivo de esas fuerzas reaccionarias que actuaron en democracia eran las mismas de las dictaduras: liquidar al movimiento obrero revolucionario y restaurar el viejo orden liberal.

El 10 de octubre se reconquistóla democracia, pero esta fue manejada como una hacienda particular. En 20 años de régimen neoliberal se hizo más daño al país que en toda la historia republicana. No hubo mucha diferencia en los métodos empleados por los demócratas neoliberales, pues recurrieron sistemáticamente al poder coercitivo de las fuerzas armadas y policiales, implantando un régimen conculcador de los derechos humanos. El recuento es impactante:

En 1985 Víctor Paz Estenssoro, liquidó al movimiento obrero despidiendo 23.000 mineros y cerrando las minas. Inaugura la era de la “Democracia Pactada”, formando mega coaliciones con fuerzas opositoras, a cambio de la distribución de cuotas en los tres poderes del Estado.
Jaime Paz Zamora, tercero en las elecciones llegó a ser presidente gracias a la alianza que hizo con su antiguo verdugo, Hugo Bánzer; fue el mejor alumno de la privatización de las empresas estatales
Gonzalo Sánchez de Lozada en su primer gobierno profundizó la penetración de las empresas transnacionales a las que dio luz verde para explotar las riquezas naturales sin dejar nada a cambio
Hugo Bánzer, en su segundo gobierno ya como demócrata nunca reconoció sus crímenes de lesa humanidad y se llevó a la tumba el destino de los restos de Quiroga Santa Cruz. El cáncer lo llevó a la tumba y la corrupción sepultó a su partido ADN.
Jorge “Tuto” Quiroga, su sucesor, fue sencillamente anodino. Golpeado por la insurgencia social que agitó la consigna de la Guerra del Aguay el bloqueo de caminos.
Gonzalo Sánchez de Lozada. Su retorno marcó el inicio del fin, con un modelo económico (de libre mercado) agotado y una crisis social sin atenuantes, removió el espíritu rebelde y contestatario de las bolivianas y los bolivianos, que el neoliberalismo pretendía haber sepultado para siempre al cerrar los centros industriales mineros. Nada pudieron los gases y la represión policial violenta y la militarización de El Alto. La Guerra del Gas determinó su salida a EE. UU. El neoliberalismo no podía creer que el poder se le escurrió de las manos. El poder económico y político se movió desde La Paz a Santa Cruz de la Sierra pero la sede de gobierno permaneció en La Paz.
Carlos Mesa. Su breve régimen fue marcado por la indecisión. No se animó a aplicar la agenda de octubre, con la que los movimientos sociales le ratificaron en el poder. El mandatario expresó que dirigía un gobierno sitiado, pero no supo ponerse a la altura del desafío histórico, lo que provocó su caída.
Ante esa situación, tanto Hormando Vaca Diez (presidente del Senado) como Mario Cossio (Presidente de Diputados), anhelaban la sucesión constitucional. Una movilización minera cooperativista y de los movimientos sociales organizados, forzaron la renuncia anticipada de ambos.
De esa manera circunstancial llegó a ocupar la silla presidencial Eduardo Rodríguez Veltzé, cuyo gobierno fue estigmatizado por la infiltración de EE.UU. en su cortísimo gobierno, hecho que provocó el desmantelamiento de un puñado de misiles que había donado China al Ejército nacional.

Los gobiernos neoliberales buscaron los mismos objetivos de las dictaduras orgánicas a los EE.UU., y el Imperio empleó métodos similares para ganar su apoyo: los convirtieron en socios muy bien pagados de las transnacionales. Los embajadores de USA actuaron como virreyes y usaron su poder para apoyar sus decisiones. Esos gobiernos gobernaron a sus países con el corazón a la derecha. Vivieron en la abundancia individual y la indolencia por los demás, hasta que fueron echados con ignominia. Hoy, sometidos al rigor del autoexilio, viven en jaulas doradas en paraísos norteamericanos, pero pende sobre sus cabezas como espada de Damocles el adagio popular “La justicia tarda, pero llega”. Viven atormentados por sus propios errores. Los activistas de derechos humanos se ocupan de recordarles cada día sus crímenes de lesa humanidad. Sus temores crecen como la sombra en el ocaso y los muertos rondan sus noches de insomnio.

En una muestra de cinismo histórico, los ideólogos proclives a esa forma inhumana de gobernar se atrevieron a calificar a nuestro país como un “Estado Fallido”, a fin de justificar y mantener el estado de cosas.

La reconquista de la democracia debe leerse también como los esfuerzos de un pueblo por alcanzar su independencia económica. Se dice que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Bolivia ha elegido un gobierno que mira de frente el futuro. Hoy Bolivia celebra 28 años de democracia, con un régimen cada vez más representativo y solidario.

El modelo boliviano se ha convertido en un referente mundial. Hoy la economía crece sostenidamente y la redistribución de los ingresos facilita el tránsito hacia mejores días. La política social trata de superar las odiosas brechas que el poder adquisitivo y la desigualdad habían generado. Se ha reconocido los derechos de los pueblos indígenas y se avanza a una sociedad más tolerante. Bolivia es hoy un Estado Plurinacional con autonomías, a las que se les ha garantizado los suficientes recursos para impulsar el desarrollo humano sostenible, desde los municipios y desde las regiones. El centralismo pasa a segundo plano y emerge el poder de las regiones.

El 10 de octubre se reconquistóla democracia, pero esta fue manejada como hacienda particular. En 20 años de régimen neoliberal se ha hecho más daño que en la historia republicana. Abogados y economistas formados en universidades extranjeras fracasaron en esas dos décadas perdidas. Un indígena, nacido en el páramo del altiplano de Oruro, en una comunidad perdida en la geografía patria, Orinoca, logró lo que los doctores de Harvard o al MIT no pudieron o quisieron hacerlo, por responder a intereses de grupo, incluso intereses transnacionales.

La reconquista de la democracia debe leerse también como los esfuerzos de un pueblo por alcanzar su independencia económica.

Se dice que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Bolivia ha elegido un gobierno que mira de frente el futuro. Hoy Bolivia celebra 28 años de democracia, con un régimen cada vez más representativo y solidario.

Fueron las elecciones de 2002 las que devolvieron la confianza al pueblo boliviano. Por primera vez un indígena fue electo con la mayoría de los votos, de tal manera que no había que hacer lobbie en el Congreso para ratificar su nombramiento constitucional, pues hasta esas elecciones, el pueblo no elegía al presidente, sino que esto lo hacía el Congreso.

La agenda de octubre marcóel plan del primer gobierno de Evo Morales quien convocó a la Asamblea Constituyente y nacionalizó los hidrocarburos. Debió soportar la oposición dura del sector más radical de la vieja clase dominante. Los sectores conservadores más radicales llevaron al país al filo de la guerra civil con tal de no perder los privilegios que gozaron por 180 años de vida republicana.

El 7 de febrero de 2009, luego de un largo proceso iniciado el 2006, el presidente Evo Morales Ayma promulgóla Constitución Política del Estado.

El modelo boliviano se ha convertido en un referente mundial. Hoy la economía crece sostenidamente y la redistribución de los ingresos facilita el tránsito hacia mejores días. La política social trata de superar las odiosas brechas que el poder adquisitivo y la desigualdad habían generado. Se ha reconocido los derechos de los pueblos indígenas y se avanza a una sociedad más tolerante. Bolivia es hoy un Estado Plurinacional con autonomías, a las que se les ha garantizado los suficientes recursos para impulsar el desarrollo humano sostenible, desde los municipios y desde las regiones. El centralismo pasa a segundo plano y emerge el poder de las regiones.

Abogados y economistas formados en universidades extranjeras fracasaron en esas dos décadas perdidas. Un indígena, nacido en el páramo del altiplano de Oruro, en una comunidad perdida en la geografía patria, Orinoca, logró lo que los doctores de Harvard o al MIT no pudieron o quisieron hacerlo, por responder a intereses de grupo y de las transnacionales.