¿Puede alguien legítimamente defender una libertad de insultar a otros?. Aunque parezca absurdo, la pregunta se torna relevante, cuando en la coyuntura actual, periodistas se movilizan protestando contra una ley que prohíbe y promete sancionar a quienes manifiesten expresiones racistas por los medios.

No es, desde ningún punto de vista, creíble su pretendida defensa a la libertad de expresión. Jamás tuvieron estos periodistas -criaturas del neoliberalismo- el valor, la moral y la entereza para defender una libertad de expresión que es violada a diario por los dueños de los medios de comunicación, ante la vista de toda la población. Su pretensión de estar defendiendo la libertad de expresión simplemente no es creíble e incluso resulta ofensiva a la inteligencia. Lo único que realmente están defendiendo es la libertad de los dueños de los medios de insultar y denigrar a los demás.

En Bolivia ya habíamos visto hasta qué extremos de bajeza podían llegar, estos periodistas, cuando al producirse la masacre de El Porvenir, en Pando, restaron credibilidad a las denuncias y en lugar de Masacre, hablaban de “enfrentamientos” y, sin importarles el derecho a la vida de los campesinos asesinados, defendían el “derecho” a un juicio “justo” para los genocidas.

¿Qué se puede esperar ahora de estos periodistas? Los que supuestamente están ahí para informarnos, son nuestros principales desinformadores. Cuando sostienen que “no puede haber democracia, sin libertad de expresión”, en realidad están confundiendo las cosas. Más bien corresponde comprender de una vez por todas que JAMÁS PODRA HABER DEMOCRACIA, EN UNA SOCIEDAD RACISTA, porque en una sociedad racista, la libertad de expresión, es sólo facultad de las castas poderosas y acomodadas de la sociedad, mientras que para las castas discriminadas no existe siquiera la libertad de pensamiento. En una sociedad capitalista, la libertad de expresión es solamente el privilegio de los dueños de los medios de comunicación. Eso es lo que están defendiendo, hoy los periodistas.