Un sector influyente de Bolivia, el de los periodistas, se encuentra convulsionado por estos días, con reclamaciones, protestas y huelgas de hambre, por la aprobación de una Ley Contra el Racismo que, los dueños de medios, exigen anular en conjunto y los profesionales del sector, sólo en dos artículos que presuntamente afectan las libertades de expresión y prensa.

La movilización involucra a pequeños sectores de trabajadores y la totalidad de propietarios de medios. Puede resultar buena ocasión para reflexionar sobre esta profesión y su significado en el escenario de Bolivia.

En la cadena entendida como la comunicación, el periodista resulta ser un importante eslabón. La comunicación como práctica social cooperativa, involucra a líderes políticos, sociales, económicos, dirigentes sindicales, ciudadanos y desde luego periodistas. Si alguno de ellos falta, falla el proceso de comunicación. Los periodistas son vitales para la comunicación, pero es preciso aclarar que son sólo un eslabón.

Los periodistas somos valiosos en la medida de nuestra responsabilidad, pero no debemos arrogarnos derechos por encima de los otros actores del proceso de comunicación. Esos derechos no son nuestro monopolio, pues corresponden a la sociedad en conjunto. Y los empresarios, no pueden acaparar las libertades de expresión y prensa como su privilegio sectorial.

El pasado año, se produjo en La Paz, un encuentro continental de periodistas para reflexionar sobre nuestras responsabilidades como comunicadores y en esa oportunidad, el colombiano Javier Darío Restrepo, se atrevió a señalar que el periodista debe “estar dispuesto a examinar las certezas de uno, frente a las certezas del otro”. Fue contundente al indicar que “nadie tiene la verdad completa y nadie está en el error completo”.

Se han instalado en varias ciudades, piquetes de huelga de hambre de algunos ciudadanos periodistas que entendieron mal el contenido de la norma o directamente no la leyeron completa. Pero es preciso reconocer, así nos duela, que los periodistas nos equivocamos con frecuencia, puede ser ésta la razón por la que hay quienes se asustan y gritan que pronto estaremos en la cárcel.

Si los periodistas, ejercemos nuestro cometido con responsabilidad y precisión, no hay nada que temer. Los que deben atemorizarse son los dueños que utilizan sus medios como armas para tumbar gobiernos o torcer políticas de Estado, como lo hicieron en el pasado.

Los periodistas y las empresas son muy importantes en el proceso comunicacional, pero es justo señalar que tienen funciones e intereses diferentes. Los asalariados cobran por su trabajo que es un servicio al proceso de la comunicación, pero se debe aclarar que las empresas no compran las opiniones o las ideas de los profesionales.

Los medios para los trabajadores.-

Los propietarios, ahora constituidos en verdaderos carteles que involucran cadenas de periódicos, radios y televisoras muy influyentes sobre la opinión pública, han sentido “tocado” su avasallante poder, al escuchar sobre la clausura de sus armas mediáticas.

Algunos periodistas, salieron en defensa de los propietarios, al reclamar que se pretende dejarlos sin fuente de trabajo. La única organización sindical desmarcada de esa “idea” fue como siempre la vanguardista Federación de la Prensa de La Paz, que propuso el traspaso de los medios clausurados a los trabajadores. Pero está sola.

Los últimos 50 años, los asalariados, siempre lucharon por acceder a tener medios propios para informar sin manipulaciones, peluqueadas, ni maquillajes. Existieron emisoras obreras, mineras y los periodistas de La Paz, logramos que los “diarios patronales”, dejen de salir a las calles un día de la semana, para la circulación de “Prensa”, el periódico del Sindicato de La Paz (STPLP).

Fuimos luchadores por la verdad, verdadera. Casi todos los congresos de la ahora Confederación de Trabajadores de la Prensa, mencionaron la necesidad de tener medios propios, ¿pero ahora, se han volcado y hacen huelga por los argumentos patronales?.

A fines de los años 60, un periódico que luchaba denodadamente a favor de la burguesía y contra las clases laborales, fue ocupado y entregado a sus trabajadores, los que se constituyeron en cooperativa, hasta el advenimiento de la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Varias radios, estuvieron en la inminencia de pasar a manos laborales.

Hoy los argumentos de algunos, aseguran que los trabajadores no tenemos habilidades para ser empresarios y que entre todos no reuniríamos el dinero para indemnizar por los medios clausurados. Pues no, los comunicadores no somos eunucos. Si como dice el presidente Morales, que podemos acceder a créditos estatales, podemos tener medios propios.

Recordemos que entre el último decenio del pasado siglo y el primero de este, cerraron sus puertas los periódicos, Primera Plana, Voz del Pueblo, Meridiano, Hoy, Ultima Hora y Presencia, sólo en La Paz. De haber pasado a manos de sus trabajadores, estamos seguros que las fuentes de trabajo estarían preservadas.

Al fin de cuentas, como dice la filósofa española Adela Cortina en su libro “Ética de los medios y construcción ciudadana”, la meta del periodismo es “generar una opinión pública madura, de modo que haya ciudadanos y no vasallos, pueblo y no masa”. Pero estos conceptos nos atañe a los periodistas, no a los dueños de medios. A ellos les corresponde la hiper mercantilización del negocio de la comunicación.

Decimos al comenzar este comentario que es hora de reflexionar sobre nuestra profesión, y podemos agregar que es necesario mirarnos de manera autocrítica, porque al fin y al cabo somos…ciudadanos periodistas.