La Libertad de Prensa es condicionante para que una sociedad no se estanque en el oscurantismo que sólo trae pobreza y opresión. No se la practica con leyes, ni tampoco con reglamentos. Es resultado de una continua lucha contra los que la quieren acallar. Entre estos, están los poderes constituidos, los poderosos y los mismos propietarios de medios de comunicación.

Lo dijo Franz Tamayo, nadie es impunemente poderoso. Ningún gobierno puede ejercer sus responsabilidades sin la correspondiente división de poderes que sirvan de contrapeso a una tendencia, siempre buscando espacios para concentrar todos los poderes procurando privilegios privados, que puedan acumularse en una persona o sus allegados, el que pasa a ser tirano y sus próximos que nada ven, no escuchan y todo calla, mientras alejan a los demás de las decisiones públicas,

Pero la Libertad de Prensa tampoco puede ser la de los anunciantes que más contratan espacios publicitarios o propagandísticos de sus productos o pensamientos. Ahí están empresas e instituciones, públicas y privadas, que cuentan con importantes ingresos que les permiten pagar espacios, incluidas solicitadas a doble costo, y alegrar a los propietarios de medios de comunicación que los tienen en sus listas VIP. Contra los cuales nadie puede dar un punto de vista contrario en artículos que desee publicar, menos si quiere pagar opiniones para que las publiquen.

Entidades financieras, gobiernos municipales, órdenes religiosas, millonarios que sin pedir a los propietarios de los medios de comunicación,- por el sólo hecho de ser sus importantes anunciantes o proveedores, cuentan con todos los mecanismos de protección de sus imágenes o actitudes, aunque sean contrarias al bien de la sociedad, – pueden silenciar a denunciantes, casi siempre individuos que fueron de alguna manera engañados y quedaron sin recursos para defenderse o simplemente son víctimas de avalanchas de abogados dispuestos siempre, a torcer las leyes para favorecer a los que cuentan ingentes recursos de todo orden, para influenciar las decisiones de los periódicos, estaciones de radio y canales de televisión.

Personalmente experimenté la censura militar brasileña que transformó a mis artículos en recetas de cocina, también los obstáculos burocráticos para la obtención de información periodística sobre el período de Vichy en Francia, y en Bolivia, la imposibilidad de exigir aclaraciones a banqueros omnipotentes, cuando utilizaban bienes ajenos para darse créditos vinculados, o de la ex Superintendencia de Bancos, cuyos Superintendentes e Intendentes se permitieron abusos de poder y favoritismos, o de un gobierno municipal que se apodera de propiedad privada sin compensarla, o de denuncias contra directores que se adueñan de fundaciones para darse ventajas personales o familiares, o contra un banco que pierde su orientación social una vez logró utilidades con donaciones para los pobres que después los esquiva.