París, (PL) Por lo general tienen la piel bronceada y se identifican por la forma de sus narices y orejas. Su alegría se hace elocuente en bailes y música, dicen adivinar el porvenir, pero parecen estar signados por el drama y la tragedia.

Los gitanos sobreviven hoy en una especie de maldición propia europea. Son los venidos a menos, los parias de un continente que los rechaza. Romíes, romaníes, zíngaros (o cíngaros) o pueblo gitano, una comunidad tan grande que no puede ser ignorada por la culta Europa, donde se encuentran 10 millones de los 12 millones existentes en el mundo.

Nadie los quiere y Francia los expulsa por miles

Las cifras son relativas en todo caso. De acuerdo con los historiadores serían más de 40 millones en el orbe si se cuentan los gitanos originarios de la India, adaptan su lengua a la del país más cercano en su vida nómada y su mala fama es notoria.

América Latina posee un segmento relativamente pequeño de romaníes, con Argentina a la cabeza (más de 300 mil), seguida por Chile y México. España lleva ampliamente el liderazgo iberoamericano aunque no hay estadísticas fiables. Como en casi todos los sitios, los zíngaros son conocidos por mendigos, ladrones, pendencieros y muy pobres.

Estigmatizados hasta la saciedad, no pocas veces señalados como miembros de “una raza maldita”, a todas luces su tendencia al nomadismo e inadaptación a las naciones donde se asientan temporalmente se relaciona con la discriminación.

Segregados del mismo modo que en su tiempo judíos y árabes ante la hegemonía de los cristianos, como ocurrió en España a partir de la unificación de los reinos de Castilla y Aragón.

Los Reyes Católicos españoles apuntan en un texto de 1499: “Mandamos a los egipcianos (o egiptanos, porque se creyó que procedían de Egipto, y de ahí el término gitanos) que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos, que del día que esta ley fuera notificada y pregonada en nuestra corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partido hasta 60 días siguientes, cada uno de ellos viva por oficios conocidos, que mejor supieran aprovecharse, estando atada en lugares donde acordasen asentar o tomar vivienda de señores a quien sirvan (…).

“O dentro de otros 60 días primeros siguientes, salgan de nuestros reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna, so pena de que si en ellos fueren hallados o tomados sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno 100 azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente de estos reinos; y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén 60 días en las cadenas, y los tornen a desterrar, como dicho es, y por la tercera vez, que sean cautivos de los que los tomasen por toda la vida”.

En síntesis, esclavos de nuevo tipo. Una historia que con matices adaptados al siglo XXI se repite actualmente con otros estilos más cercanos a la civilización. Ahora los sacan de los territorios nacionales y puede que hasta les ofrezcan dinero.

A la estampida

A mediados de septiembre, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy intentó demostrar a la Unión Europea (UE) en Bruselas la coherencia de una política descalificada internacionalmente acerca del trato a los gitanos (ocho mil expulsados en 2010).

Pese a defender su postura, a Sarkozy no le fue bien en las discusiones del asunto con los 27, aunque si obtuvo disculpas de la comisaria Viviane Reding, quien llevó lejos el punto de las críticas en sus comentarios.

El eurodiputado Daniel Cohn-Bendit (Europa Ecología) no escatimó en fustigar la actuación del jefe de Estado francés por sus polémicas con la UE, discrepancias con la ONU y sus agencias y hasta con el propio Vaticano, sin contar las ONGs.

Cohn-Bendit remarcó en una entrevista con el popular diario Le Parisien que con el asunto de la comunidad de los llamados romíes, “se hunde la imagen de Sarkozy, no la de Francia”.

El parlamentario francés de origen germano, deslizó indirectamente la aclaración de la Canciller Federal de Alemania, Angela Merkel, en el sentido de que Berlín no tiene planes de emprender acciones contra los gitanos.

Al respecto, anotó que con apenas el apoyo del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, “Sarkozy siente una tentación de hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder … de algún modo él se berlusconiza”.

Según Cohn-Bendit el clima en Francia “no es digno de la democracia ” y “es mezquino el cálculo de Sarkozy y su mayoría, que apuestan por la cohesión de la derecha y la extrema derecha para salvarse”.

Uno de los pesos pesados de la intelectualidad en el país, Bernard-Henri Lévy, lanzó dardos afilados contra la actitud del mandatario y de su ministro del Interior, Brice Hortefeux, y de Inmigración, Eric Besson.

La comisaria europea Viviane Reding lanzó duros emplazamientos a Francia por la cuestión gitana y aunque luego debió retractarse de ciertos comentarios, dejó en claro la insatisfacción en la CE por la actitud gala.

Peor aún. Cuando Sarkozy y sus principales colaboradores señalaban que ninguno de sus vecinos o aliados puso en tela de juicio su postura, una fuente del departamento de Estado norteamericano también deploró la expulsión de gitanos.

“No sé si tuvimos una conversación específica con Francia, pero, obviamente, los derechos de los gitanos son importantes para nosotros, y alentamos a Francia y a otras naciones a respetar los derechos de los gitanos”, apuntó.

Por su parte, el presidente de Bulgaria, Gueorgui Parvanov, también se manifestó contra la proyección de la administración francesa en tal sentido y rechazó el “tono imperativo” con el cual París pretende dar consejos a Sofía en este caso.

“Conocemos bastante bien los problemas relacionados con la etnia romaní. Es algo acumulado a lo largo de varios años que no se puede resolver de golpe y probablemente serán necesarios varios años más para su solución. Pero no con voz imperativa”, sentenció.

Parvanov añadió que si entre los gitanos hay personas que violaron la ley, la información debe hacerse pública, “pero en ningún momento se debe culpabilizar a una persona por su origen”.

Alemania, si por un lado lamentó el discurso de la comisaria Reding, crispó más la atmósfera al reiterar que el derecho a la libre circulación en el seno de la UE es incondicional y ninguna discriminación está permitida contra minorías.

Pese a que incluso en Francia una directiva del ministerio del Interior colocó a los romaníes en el foco de atención, el problema es todavía más dramático.

Condenados a vivir en la miseria, deambulando de un lado a otro, tratan de blindarse de distintas formas de sustento, que van, por supuesto, desde la delincuencia, prostitución y trabajos sumamente duros por los cuales reciben poco dinero.

Sin embargo, las penurias son tantas que la venta de chatarra en los hombres, los actos de mendigar de esposas y niños y una ayuda que en ocasiones reciben de hasta 300 euros para medicamentos y alimentos básicos, palia las necesidades.

En Rumania y Bulgaria, donde más concentraciones existen, según denuncian ONGs de protección a los gitanos, son mal vistos y cada vez más se les cierran las puertas al empleo y a perspectivas de inserción social.

Con unas migajas de Europa Occidental, en particular de España y Francia, logran salvarse un tiempo, respiran un rato, para luego volver a tropezar con la cruda realidad que es también desesperante en Hungría, República Checa y Eslovaquia, dijeron las ONGs.

Aunque es la más populosa minoría étnica europea, la comunidad de zíngaros corre grave peligro en momentos de resurgimiento de partidos y grupos de ultraderecha, listos para tomar como blanco de ataques a los inmigrantes, en especial los gitanos.

* El autor es corresponsal jefe de Prensa Latina en Francia.