Los pesticidas que ingerimos con la dieta, aún en dosis muy bajas de concentración, pueden ser uno de los motivos principales de la mala calidad del semen de los jóvenes. Así lo muestra una investigación realizada por científicos de la Universidad de Granada sobre 280 jóvenes almerienses, con edades comprendidas entre los 18 y los 23 años.

La presencia de una serie de pesticidas en la dieta causaría un desequilibrio hormonalque tendría que ver conun menor número de espermatozoides y con un menor número de ellos con movilidad, develó un trabajo dirigido por los científicos Marieta Fernández, María Lacasañay Nicolás Olea de la Universidad de Granada, y realizado porel investigador Clemente Aguilar en elLaboratorio de Investigaciones Médicas del Hospital Universitario San Cecilio de Granada.

Se midió la presencia de 18 pesticidas en la sangre de los jóvenes, y un 62% de ellos tenían residuos de entre 10 y 14plaguicidas diferentes. La media de pesticidas diferentes detectados en cada uno de ellos era de11.

Aspecto importante es la acción combinada de los compuestos, el llamado “efecto cóctel”, no solo por la acción combinada de estos 18 pesticidas, sino de estos en combinación con otros centenares de sustancias a las que nos vemos cotidianamente expuestos.

Al margen de seguir detectándose residuos de DDT, pese a estar prohibido, el estudio destaca la presencia de otros legales comovinclozolina , que se usa como fungicidade lavid y los cítricos, tanto cuando se cultivan como cuando se almacenan posteriormente). Metabolitos del DDT como el p DDE además de ser débilmente estrogénicos son nítidamente anti-androgénicos, al igual que pasa con la vinclozolina. Otros son solo débilmente estrogénicos como el lindano, el endosulfán o el pDDT.

La exposición a la vinclozolina aparecía fuertemente asociada a la aparición de espermatozoides deformes.

Deterioro del semen

Si repasamos lo que cuentan libros como Nuestro Futuro Robado, vamos viendo, página a página, como muchas de las cosas que tenemos alrededor, cosas con las que convivimos sin más porque consideramos que forman parte de los avances de la vida moderna, podrían estar cambiando, acaso de forma irreversible, el destino de la humanidad, por afectar a elementos clave de la supervivencia de la misma, tales como la inteligencia o la fertilidad.

Según lo que se nos cuenta en ése libro de divulgación científica cuya lectura les recomiendo, la capacidad humana de cumplir el encargo bíblico de “creced y multiplicaos” podría estar muy comprometida en muchos países occidentales. Pero no se inquieten, no vamos a dejar tan sólo en mano de ustedes el que tengan que hacerse con tal obra, sino que vamos a adelantarles al menos algo de lo que cuenta, ya que reviste gran interés. Especialmente porque no son cosas nacidas de elucubraciones apocalípticas, sino contrastadas por prestigiosos centros de investigación. Es uno de esos libros que cambian nuestra visión del mundo. Que hacen que, de repente, veamos a nuestro alrededor cosas que antes no veíamos aunque estaban ahí y eran bien claras.

La verdad es que, si vemos otros muchos contenidos de esta web, muchas cosas ya no les sorprenderán, porque, de un modo u otro, se cuentan cuando se muestran los efectos atribuidos a determinados tipos de sustancias químicas.

Pero a mucha gente, cuando leyó por primera vez ése libro, les cambió el chip. Imagínense lo que era, para muchas personas, descubrir por ejemplo que diversos pesticidas, así como las más diversas sustancias contaminantes presentes en nuestra ropa, pinturas, detergentes, vertidos industriales, emisiones de incineradoras,… sustancias que nos llegan por la comida, el agua, el aire, etc., podrían, entre otras cosas, estar teniendo efectos feminizantes o de grave distorsión sexual sobre la población masculina de diversas zonas del planeta (como EEUU y Europa), al imitar estas sustancias a las hormonas femeninas o estrógenos. Hoy mucha gente sabe tales cosas, pero cuando salió este libro la conciencia entre la población era mucho menor y, por consiguiente, mayor la sorpresa y el erizado capilar.

Nuestro Futuro Robado nos desgranaba cosas de unas dimensiones colosales. Como que la perturbación del sistema endocrino (hormonal), a consecuencia de la presencia de un número creciente de sustancias contaminantes, especialmente en etapas tempranas de la vida (sobre todo en la etapa embrionaria), podría haber contribuido a que desde 1940 se haya reducido a la mitad el número de espermatozoides en los varones daneses, franceses, ingleses o estadounidenses.

El libro nos desgrana una serie de hallazgos pioneros. Entre ellos los del doctor Niels Skakkebaek y su equipo, un equipo de científicos daneses que publicaron en 1992 en la British Medical Journal las conclusiones de un amplio trabajo basado en cuantiosos análisis de semen realizados desde 1938.

Habían revisado numerosos trabajos científicos que recogían datos sobre el semen de millares de hombres de diversos rincones del mundo. Para evitar sesgos se excluyeron los hombres enfermos y aquellos que tenían cantidades especialmente bajas de espermatozoides. También confirmaron que en los distintos trabajos los sistemas de conteo de los espermatozoides hubieran sido uniformes y realizados con las técnicas adecuadas.

Lo que vieron, después de todas estas cautelas, les dejó asombrados: en 1940 los hombres tenían 113 millones de espermatozoides y en 1990 esa cantidad se había reducido a sólo 66 millones. ¡Un 45% menos! Como, en paralelo, también había caído un 25% el volumen del semen, el descenso real de espermatozoides era del 50%. Por si fuera poco el número de hombres que tenían cantidades anormalmente bajas de espermatozoides se había multiplicado nada menos que por tres , mientras el de los que tenían cantidades más altas se había reducido (1).

Después del estudio de Skakkebaek se irían añadiendo, uno tras otro, y en los más diversos países, otros estudios con las mismas o similares conclusiones (2).

Hoy los datos de Skakkebaek no sorprenden a nadie. Se ha convertido en una rutina reportar datos que los confirman. Por citar sólo algunos de los que han aparecido a nivel español tenemos, por ejemplo, lo revelado por la Clínica Tambre (Madrid) sobre como el semen de los españoles ha perdido un 25% de su calidad entre los años 1986 y 2004 (3)

Una de las cosas más elocuentes que comentan este tipo de clínicas es, por ejemplo, que mientras 15 años antes sólo se rechazaba a dos de cada diez donantes de semen por la mala calidad de este, mientras que lo que ahora sucede es que tienen que rechazar a ocho de cada diez. La situación ha dado la vuelta completamente.

Simón Marina, director de otra de estas clínicas, el Instituto CEFER, daría a principios del año 2007 otro dato realmente preocupante (4). Es una de esas cosas que uno, al leerlas, uno duda de si sus ojos le engañan o si es que las cifras están mal calculadas. Porque lo que Simón Marina dijo es que si todo sigue “al mismo ritmo, en el año 2067 todos los espermatozoides serían inmóviles” (5).

Uno preferiría que todo fuese un error, pero al final las matemáticas se imponen.

El Instituto CEFER habría tomado muestras, sólo de hombres jóvenes y sanos, desde 1977. Y había una gran diferencia entre el número de espermatozoides que observaban con movimiento en los primeros años (un 63%) y los que se veían en los últimos (un 42%). Mediante una simple división se aprecia que hay una pérdida de movilidad anual del 0,7%. Y eso implica que ése 42% de espermatozoides que hoy persisten con movimiento iría reduciéndose año a año hasta que no quede ni uno hacia el 2067.

El dato no es más que una proyección de futuro basada en unos datos que concuerdan con lo dicho por tantos otros estudios anteriores. No muestra, al fin y al cabo, algo tan sorprendente. Pero el que no lo sea no lo hace menos aterrador. Sobre todo si se considera que no hace falta que se llegue al extremo de que no haya ni un espermatozoide que se mueva, sino que ya puede haber serios problemas de reproducción mucho antes de llegar a ése extremo.

Además, la reproducción es cosa de dos, y hay una serie de factores que están afectando a hombres y mujeres, haciendo que esté creciendo alarmantemente la tasa de problemas reproductivos. Se estima que cada año la capacidad reproductora cae aproximadamente un 1% en los países industrializados. En España, en concreto, hay hoy más de 800.000 parejas con problemas de fertilidad. Un 15% de las parejas necesita ayuda médica para poder ser padres.

Frente a quienes pudieran alegar que la causa podría ser el retraso en la edad a la que mucha gente se decide hoy en día a tener un hijo, el hecho de que crezcan los casos que se deben a problemas masculinos, hace que otros factores deban ser considerados. En el 70% de las parejas que acuden a los médicos a causa de problemas de la esterilidad se observa un peso importante de este factor masculino (y curiosamente, se está observando, en contra de toda tesis que tenga que ver con la edad, que el semen de los jóvenes es peor que el de hombres de más edad). En cualquier caso lo más preocupante no son las cifras que pueda haber un año determinado, sino las tendencias. Porque si no se hace algo, y pronto, es probable que lleguen unos tiempos en los que recordemos la situación actual como un momento de impresionante fecundidad. De seguir las tendencias, en poco tiempo la cifra de un 15% se nos quedará muy pequeña.

¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué ha cambiado en el mundo para que, en un abrir y cerrar de ojos, se esté esfumando nuestra fertilidad? ¿Qué es lo que ha hecho que, al mismo tiempo que decrecía el número de espermatozoides creciesen también otros problemas del aparato reproductor masculino como el cáncer de testículos, la criptorquidia o la hipospadia? El llamado síndrome de disgenesia testicular cada vez es más común.

Desde un primer momento, de modo parecido a otras cosas que antes hemos comentado al hablar del cáncer, por ejemplo, estaba claro que ni los genes habían cambiado de repente ni se había producido ningún otro tipo de extraño cambio natural.

El propio Skakkebaek (6) antes aludido, junto con Richard Sharpe, responsable de la Unidad de Biología Reproductiva del Consejo de Investigación Médica en Edimburgo (Escocia), publicarían ya en 1993 un estudio en la revista The Lancet (7) en el que señalaban que la exposición a contaminantes estrogénicos, frecuentemente ya desde el propio desarrollo embrionario de las personas podía ser la causa de problemas como los citados (pérdida de calidad del semen, criptorquidias, hipospadias y tumores). La publicación de numerosas investigaciones con posterioridad no ha hecho más que ir incrementando la evidencia en ése sentido, en consonancia con lo que se haría constar, por ejemplo, en la Declaración de Praga.

Tener certezas plenas en ciencia es algo muy difícil, por no decir prácticamente incompatible con la forma de construir los discursos científicos siempre llenos de matices, incluso cuando se está ante las mayores evidencias. El número de investigaciones que han de realizarse muchas veces para estar completamente seguros de algo puede llegar a ser muy considerable. Muchos investigadores no cejan hasta que no se llega a acumular una carga de prueba que sea realmente irrebatible. Y eso es lo que hacen los más diversos grupos de investigación a lo largo y ancho del mundo para demostrarnos algo de lo que buena parte de ellos ya están bastante convencidos: que la contaminación química es una de las causas principales, si no la principal, de lo que está sucediendo con la reproducción humana en los países industrializados.

En España el Instituto Marqués, presentaría en el año 2004 los datos de un estudio (8) que revelaba hechos muy elocuentes. Por ejemplo, que ciertos factores como las drogas, el tabaco o ciertos hábitos de vida a los que se había atribuido cierto peso en la pérdida de calidad del semen, en realidad no parecían influir tanto en esta cuestión. Aunque se sabe que hay algún estudio (9) que ha demostrado que algunas sustancias de las que contiene el tabaco, tales como los benzopirenos , la cotidina o los pesticidas con que se fumigan los cultivos tabaqueros que pueden afectar a la fertilidad, lo cierto es que en las muestras en las que se basaba los el Instituto Marqués no se apreciaban diferencias significativas entre los que fumaban y los que no. Sin embargo sí apreciaron, por ejemplo, claras reducciones en el número de espermatozoides en aquellos hombres que trabajaban en contacto con productos tóxicos tales como disolventes, fenoles, insecticidas o tintes.

En el estudio se comparaba el semen de hombres de La Coruña, Barcelona, el Vallés y Tarragona y se apreciaban diferencias geográficas realmente espectaculares, lo que, como ya se ha dicho al hablar del cáncer, por ejemplo, evidencia el papel que tienen los factores ambientales en unos sitios determinados. Mientras en La Coruña un 59% presentaba un semen medianamente “normal” (10), en Barcelona el porcentaje era solo del 34%. Ello representaba que un 65, 6% tenía un semen tal que , aunque no permitiese hablar necesariamente de esterilidad sí que representaba una situación de “subfertilidad generalizada” que puede acarrear dificultades para procrear (11). Al mismo tiempo, un 10% de los voluntarios tenía criptorquidia, problema que, como se comenta en otros apartados de esta web, suele aparecer asociado a la exposición a determinadas sustancias contaminantes y que en no pocos casos se vincula también con el cáncer de testículos.

Curiosamente era Tarragona, ciudad con una importantísima presencia de industrias muy contaminantes, la que se llevaba la palma. La Organización Mundial de la Salud dice que para considerar que un semen es “normal” al menos un 25% de sus espermatozoides han de moverse de una forma rápida, progresiva y lineal. La movilidad es clave para que los espermatozoides lleguen al óvulo y puedan fecundarlo, cosa que obviamente es cada vez más difícil cuando se reduce el número de espermatozoides ágiles (12). En La Coruña los espermatozoides que cumplen estas características son un 28,70%, en el Vallés un 18,50%, en Barcelona un 14, 40% y en Tarragona un exiguo 6, 80%. Por si fuese poco, además, se constató que era elevadísimo el número de espermatozoides con anomalías morfológicas.

La conclusión a la que llegaron ante estos y otros muchos datos era que “las variaciones geográficas en la calidad del semen en varones con hábitos de vida similares podrían deberse a diferencias en la exposición ambiental, alimentaria y ocupacional a productos químicos tóxicos. Concretamente, una de las posibles causas de la disminución de la fertilidad masculina podría ser la exposición a productos químicos que actúan como disruptores estrogénicos”.

Para concretar aún más el papel de la contaminación química en lo que estaba sucediendo, el Instituto Marqués, en colaboración con los principales centros de reproducción asistida de España, realizó una investigación aún más amplia y dio a conocer sus resultados a la opinión pública a principios de octubre de 2008. La conclusión del estudio, publicado en la revista Andrología, era que un 57, 8% de los jóvenes españoles presentaban un semen de calidad inferior a la considerada normal por la Organización Mundial de la Salud (en volumen, movilidad y concentración de espermatozoides) (13). Los autores observaron importantes diferencias geográficas en cuanto a la calidad del semen. Así, por ejemplo, en Galicia , atendiendo al criterio de concentración de espermatozoides, sólo un 8, 5% de los jóvenes estaban por debajo de los baremos de la OMS, mientras que en Cataluña o Comunidad Valenciana era el 22% y en el País Vasco de un 18%. Como insistían los autores del trabajo, “la contaminación industrial (era) el factor clave”. Que “los mayores grados de oligospermia (pocos espermatozoides) se localizan en las comunidades autónomas con un mayor grado de industrialización en los últimos 50 años” como era el caso de Cataluña o la Comunidad Valenciana. Se apuntaba que otros factores, como la influencia del tabaco, el estrés, el alcohol, las drogas, o los antecedentes de enfermedades de transmisión sexual, quedaban cuestionados seriamente. De hecho ya en el estudio del año 2003 se había visto que, estando en la Coruña mucho más presentes estos factores, sin embargo la calidad del semen era mucho mejor en éste lugar que en otros donde concurrían menos, pero donde había más presencia de factores de polución química. Para los autores del estudio la cosa no puede estar más clara, ya que “en las áreas geográficas donde hay más industrias que producen residuos tóxicos o producen estas sustancias” la calidad del semen es notablemente inferior.

La Sociedad Europea de Fertilidad tiene los datos muy claros. Hasta 1985 lo normal, es decir, la media, era que los hombres tuviesen 100 millones de espermatozoides por centímetro cúbico de semen. A partir de 1986 lo normal ya eran solo 60 millones. Y desde 1992, 20 millones. Podemos querer seguir haciendo oídos sordos. Podemos, como en el caso del cáncer, seguir prefiriendo hablar de cuestiones como los hábitos, el tabaco, etc. Podemos seguir haciendo oídos sordos a todo lo que nos están diciendo tantas investigaciones científicas. Pero si lo hacemos las consecuencias que aparecerán en el horizonte serán tales que veremos cómo podremos remontarlas.

Además, lamentablemente, los efectos de las sustancias de las que hablamos van mucho más allá de lo que sucede con la calidad del semen. Hemos hablado hasta ahora sobre todo de los efectos que sobre la calidad del semen pueden tener estas sustancias, pero no conviene olvidar que, como ya hemos visto, sus efectos pueden ser mucho más amplios. Y ello fue evidente desde un primer momento.

Notas:

1 Skakkebeak N, et al. Evidence for decreasing quality of semen during past 50 years. British Medical Journal 305: 609-13 (1992)

2 Auger, J. Et al. Decline in semen quality among fertile men in Paris during the past 20 years. New England Journal of Medicine 332 (5): 281-85 (1995)

Van Waeleghem, K, et al. Deterioration of sperm quality in young belgian men during recent decades. Abstracts of The Annual Meeting of the ESHRE. Brussels 1994.

3 Los datos se basaban en millares de muestras tomadas entre 1986-96 y 1997-2004. Se midieron parámetros tales como la concentración, movilidad y morfología de los espermatozoides.

4 Simón Marina presentaba datos de un estudio que iba presentar en Lyon en el congreso de la ESHRE (European Society for Human Reproduction & Embriology).

5 Nota de prensa del Instituto de Reproducción CEFER. Barcelona, 30 de enero de 2007. www.institutocefer.com

6 Jefe del Departamento de Crecimiento y Reproducción del Hospital Universitario de Copenhague

7 Sharpe, R and Skakkebaek N. Are oestrogens involved in falling sperm counts and disorders of the male reproductive tract?. Lancet 341: 1392-95 (1993)

8 Primer estudio de la fertilidad masculina en la provincia de Barcelona. 20 marzo 2004. www.instituto marques.com/estudio-fertilidad-masculina.html

9 Como los de Zitmann, por ejemplo.

10 Según criterios de la Organización Mundial de la Salud, en cuanto a número o movilidad.

11 Y hará que un número creciente de personas se dirijan a médicos especializados para favorecer el embarazo artificialmente.

12 Como apuntó la doctora Marisa López Teijón ,uno de los principales responsables del estudio, a Europa Press (12-6-02).

13 López Teijón et al. (2008) Geographical differences in semen quality in a population of young healthy volunteers from the different regions in Spain. Andrología. Vol. 40. nº 5. 318-328.

* Fuente: http://carlosdeprada.wordpress.com/2010/09/21/la-presencia-de-diversos-pesticidas-en-los-alimentos-se-asocia-a-la-baja-calidad-del-semen-universidad-de-granada/