A fines del año 2000, cuando en el horizonte norteamericano y mundial oteaba la figura del cowboy George Washington Bush, se editó el denominado Documento de Santa Fé IV, “El Futuro de las Américas: Temas para el Nuevo Milenio”. Participaron de su redacción conocidos personajes de las usinas neoconservadoras de los Estados Unidos, vinculados al Pentágono, a los organismos de inteligencia, a los empresarios armamentísticos y a la derecha mas recalcitrante del partido Repúblicano, como Lewis A. Tambs, Rachel Ehrenfeld, David Foster, Sol Sanders, el general Gordon Summer Jr., su homólogo John Singlaub y otros personajes vinculados al Centro de Estudios Hemisféricos del Américan Enterprise Institute. Su editor, James P. Lucier, en ese entonces director del staff del Comité de Relaciones Internacionales del Senado norteamericano, indicó en la introducción del paper los porqués de una nueva edición de los ya conocidos Documentos de Santa Fé I y II- el III no llegó a nuestras manos- en la nueva era: las amenazas a la hegemonía norteamericana en el subcontinente.

Denominado el documento de las nueve “D”, en su primera “D”- Defensa- el Santa Fe IV se refiere a los supuestos peligros que acechan hoy a la potencia del norte de América en su denominado patio trasero. Y consigna: “La penetración económica es esencialmente preocupante. Ante todo, lo más evidente es la situación del Canal de Panamá, donde Estados Unidos ha pagado para deshacerse del premio estratégico más importante del hemisferio, sino del mundo.(…) Los hechos son preocupantes. Los dos puertos, en el extremo Atlántico y Pacífico del Canal, están en manos de la Compañía Hutchinson Whampoa , una empresa que tiene vínculos muy estrechos con Beijing. Al mismo tiempo, las compañías de China continental están entrando en profundidad en los diversos puertos de la Cuenca del Caribe, que son fundamentales para la economía de los Estados Unidos, como Freeport en Bahamas…”. Una nueva Guerra Fria se concebía en las mentes de los neoconservadores norteamericanos, el “peligro amarillo” volvía por sus fueros. Y para que no cupieran dudas, mas adelante en el mismo documento se sostenía: “China es el problema estratégico mas enojoso que enfrenta Estados Unidos. Combina todas las múltiples dimensiones que cualquier observador estratégico serio debe considerar. Para quienes se inician, señalamos que tiene una dimensión interna muy importante. China, tanto comunista como taiwanesa, se ha insinuado en nuestra situación interna desde el punto de vista económico, el político- en todos los niveles, desde la Casa Blanca al nivel local- y se está comprometiendo cada vez más desde el punto de vista cultural”, agregándose que China poseía la capacidad para “afectar nuestro futuro”. A pesar de que desde hace tiempo la potencia asiática mantiene estable la moneda norteamericana, simple virtualidad sin relación alguna con los valores de uso que debiera representar, en su papel de atesorar letras del tesoro norteamericano por miles de millones de dólares, además de ser la principal exportadora de productos manufacturados hacia EE.UU., cuyos empresarios, agregándole un 30% de valor, venden al mercado interno o reexportan, sigue siendo el enemigo que los guerreristas y aventureros del norte se encargarían de neutralizar. Mencionando a Sun –Tzu y el Arte de la Guerra, y volviendo a recalcar la importancia de la supuesta penetración china en la Venezuela bolivariana, en Colombia, supuestamente apoyando a las fuerzas “insurgentes, en Canadá y México, el documento enfatizaba que “la próxima administración necesariamente se verá forzada a enfrentar el ‘problema chino’. Es de la máxima importancia que el hemisferio occidental no sea ignorado ni visto como un peón de negociación”.

Ya en carrera la administración Bush , la guerra fria encubierta asoló a Afganistán e Irak. En el primer país, situado en la zona del Mar Caspio, uno de los reservorios más grandes de petróleo y gas de la tierra, EE.UU. se apoyó primero en los talibanes, financiados por la CIA en la década de los 70 para combatir a las tropas soviéticas, y luego los combatió en relación con las concesiones petroleras. Dueños del país a partir del repliegue soviético, y principales cultivadores de opio y productores de heroína del mundo, los talibanes, mimados y financiados por los EE.UU., pasaron a ser los malos de la película cuando adjudicaron a la empresa Bridas la erección de un gasoducto que, pasando por Afganistán, llevaría el fluido a Pakistán y la India, dejando fuera de juego a la norteamericana UNOCAL. Los atentados a las Torres Gemelas del 11 de setiembre del 2001 fueron la justificación para la invasión a Afganistán por las tropas norteamericanas, que impusieron como presidente del país, a través de elecciones digitadas, al antiguo empleado de la CIA y funcionario de UNOCAL, Hamid Kharzai, quien en el 2002 eligió a esta última empresa para construir el gasoducto. Sin embargo, la compra por parte de China de la mitad del paquete accionario de Bridas, puso sobre el tapete y hasta el día de hoy la construcción del ducto, en el marco de una presencia mayor de tropas estadounidenses en ese montañoso, pobre y desértico país. Con respecto a Irak, como se sabe, fue bombardeado e invadido en el 2003 por tropas norteamericanas con la excusa de que el presidente Saddam Hussein fabricaba y tenía en su poder armas químicas. En el marco de una guerra oculta entre la CIA, que se vinculaba con los negocios del crudo, y el Pentágono, cuyos jerarcas se hallaban relacionados con empresas de “reconstrucción” del país una vez destruído, se produjo la denominada Guerra del Golfo que, de alguna manera, rozó a Irán, principal aliado político de China, junto con Siria, en la región, y una de sus fuentes, junto a Arabia Saudita y otros, del crudo que se consume allí. Aunque algunas tropas norteamericanas abandonaron Irak , la nueva administración de Barack Obama se halla en una encrucijada en cuanto a finiquitar de una vez por todas su ocupación, habida cuenta de que no se puede predecir que sucederá allí una vez que el último soldado estadounidense se halla retirado.

En Nuestra América, concretamente en el norte de América del Sur y Centroamérica, los Estados Unidos renuevan sus aprestos belicistas en relación con una guerra fría vinculada, entre otras cosas, a oscuros y oleosos emprendimientos. Y el Canal de Panamá se constituye en el epicentro de la contienda.

A inicios del 2006 la columnista del periódico venezolano El Nacional, Irene Tang, sostuvo que el presidente de la Venezuela Boliviariana , Hugo Chávez Frias, había amenazado, en el marco del creciente conflicto con el gobierno de EE.UU, con “vender las refinerías (de petróleo) ubicadas en Estados Unidos y desviar las ventas de crudo a China, la India y Europa”. Según Tang, aunque el petróleo venezolano era muy pesado y rico en sulfuro, lo que lo hacía poco utilizable en China, la capacidad de este país “para absorber este tipo de petróleo aumenta considerablemente, aunque podría enfrentar problemas comerciales y políticos si decide comprar grandes cantidades de petróleo a Venezuela”. Un año más tarde, y a contrapelo de esos pronósticos, el presidente Chávez se reunió con Li Changchun, miembro del buró político del Comité Central del Partido Comunista de China, para firmar varios acuerdos de cooperación energética vinculados con la exploración, explotación y transporte conjunto de crudo venezolano, que se concretó en un entendimiento entre la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y la Corporación Nacional de Petróleos de China(CNPC) para explotar 600 mil barriles diarios de crudo en varias areas de la faja petrolera del Orinoco, enviar 300 mil barriles diarios a China a fines de ese año e incrementar la cifra en 1 millón de barriles diarios en el 2012. En esa reunión se acordó también crear un ente de capital mixto para construir 18 buques superpetroleros que llevarían crudo venezolano a China, producir 13 taladros petrolíferos especiales para zonas difíciles, erigir tres refinerías de crudo en China para procesar petróleo venezolano y constituir un fondo de 6 mil millones de dólares para llevar a cabo proyectos petrolíferos en Venezuela con asesoramiento chino. El 3 de setiembre del mismo año, seis meses mas tarde de concretado el acuerdo chino-venezolano, en Panamá se daban inicio las Obras de Ampliación del Canal consistentes en la construcción de un tercer juego de esclusas, en la que no participa ninguna compañía estadounidense, que permitirá transitar por él, a partir del 15 de agosto del 2014, día en que se conmemorará el primer centenario de su existencia, a buques de gran porte, denominados “Post Panamax”, que cuentan con 366 a 400 metros de eslora (largo), 49 metros de manga(ancho) y 15 metros de calado. Los superpetroleros forman parte de estos buques que, cuando comiencen a transitar por el estrecho panameño, reducirán fletes entre un 7 y 17%, y se ahorrarán alrededor de 6.000 kilómetros para cubrir el trayecto Venezuela- China. En su reunión de marzo del 2007 con el dirigente chino ya citado, Hugo Chávez recordó que Venezuela “era una colonia de EE.UU” y le estaba prohibido suministrarle petróleo a China. “El acuerdo destruyó el mito inventado por EE.UU. “ – principal importador de crudo venezolano y dependiente de ese fluido- “de que la gran distancia hacía irrentables los envíos de crudos venezolano a China”. La ampliación del canal, cuya “defensa” se atribuye EE.UU. a partir de un Tratado de Neutralidad firmado con Panamá y que incluye los anuales ejercicios militares “Panamax” con varias Armadas de la región, se constituye, entonces, en la llave maestra de la operación venezolano-china en cuanto al intercambio energético entre los dos países. Un mayor envío de crudo hacia el lejano oriente perjudicaría a EE.UU., que se quedaría sin el precioso fluido venezolano, o por lo menos se vería reducido en gran parte, lo que incidiría negativamente en su economía, ya carcomida por la recesión y la crisis. En el 2008, el Encargado de Negocios chino en Venezuela, Hiang Pin, señaló que ese año la cifra de inversiones chinas en el país bolivariano había trepado a los 10 mil millones de dólares, con tendencia al alza. La gota desbordó el vaso de la prepotencia norteamericana, y la reacción no se hizo esperar.

El 1 de julio de ese año se anunció desde el Pentágono la recreación de la IV Flota, disuelta luego de la segunda guerra mundial, que supervisaría las tareas de las unidades navales norteamericanas en América latina y el Caribe. De acuerdo con el ya citado Documento de Santa Fe IV, que incluye bajo la órbita estratégica naval al uso del Canal de Panamá, la ruta sureña alrededor del Cabo de Hornos y el control de los estrechos Atlánticos, la IV Flota comenzó a operar bajo el mando del contralmirante Joseph Kernan, ex jefe del Comando de Operaciones Especiales de la Armada, ejecutadas por fuerzas de despliegue rápido adiestradas para las denominadas “guerras de baja intensidad”. En marzo de ese mismo año, tropas colombiano-norteamericanas, con apoyo técnico de los EE.UU., violaron la soberanía de Ecuador y asesinaron a dirigentes de las FARC, preanunciando una guerra entre los dos países que logró evitarse. Poco después, el entonces presidente Uribe y el gobierno de Barack Obana acordaron la instalación de siete bases militares en Colombia, siempre con la excusa del combate al “narcotráfico”, que en su mayoría lindan con la Venezuela bolivariana. A principios del siguiente año, el vicepresidente chino Xi Jiinping visitó Venezuela y acordó con el presidente Chávez ampliar a 12 mil millones de dólares la cooperación entre los dos países para emprender proyectos energéticos. Cinco meses más tarde, el 28 de junio del 2009, un golpe cívico militar derechista derrocó al presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, y lo obligó a marcharse del país. Del mismo participó personal de la Base Aérea Militar de Soto Cano, o Palmerola, ocupada por los norteamericanos y base de operaciones principales de las operaciones contrarrevolucionarias que se llevaron a cabo contra la Nicaragua Sandinista en los años 80. Zelaya todavía no pudo regresar a Honduras y, posteriormente a la estancia del dictador Roberto Micheletti, que rompió con el ALBA, se realizó una amañada elección de la cual resultó triunfante el candidato Porfirio Lobo, quien hasta hoy se mantiene en el gobierno a costa de innumerables sublevaciones y protestas con su secuela de muertos, heridos y desaparecidos. Tres meses mas tarde de producido el golpe hondureño, se anunció que EE.UU. instalaría dos bases militares en Panamá, una en la provincia del Darién, lindante con Colombia, y la otra en Punta Coca. Provincia de Veraguas, 300 kilómetros al sudoeste de la capital. A inicios del 2010 se produjo el terremoto en Haití, que EE.UU, aprovechó para enviar allí tropas militares y ocupar hasta hoy el empobrecido país. China, por esos mismos días, contando con una tasa de crecimiento del 10,7% en el último trimestre del 2009, dio luz verde a la erección de la primera refinería que procesará 400.000 barriles diarios de petróleo venezolano, en el marco de una menor dependencia del petróleo producido en oriente medio. El emprendimiento, situado en Jieyang, provincia de Guandong, el mayor centro exportador de China, costará 6 mil millones de dólares. “ Es significativo”- sostuvo Víctor Shum, de Purvin & Gertz Co. “La refinería ayudará a que Venezuela logre su objetivo de alejarse de Estados Unidos. Para China, es una gran cantidad de suministro de crudo garantizado”. La respuesta estadounidense no se hizo esperar. El 1 de julio de este año se anunció la llegada a Costa Rica, con la aprobación del Congreso y el visto bueno de la presidente Laura Chinchilla , vinculada a la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo de los EE.UU.), de un contingente de 46 buques de guerra de la Armada norteamericana, 200 helicópteros y aviones de combate y 7 mil marines “para combatir al narcotráfico”. Costa Rica, denominada la suiza centroamericana, que no cuenta con fuerzas armadas desde hace tiempo, se halla ahora ocupada por fuerzas extranjeras que gozarán de inmunidad mientras allí permanezcan, y que se movilizarán por medio de fragatas con capacidad para transportar helicópteros artillados, aviones, catamaranes, buques antisubmarinos y un buque hospital.

Venezuela, junto a Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua- en donde el embajador norteamericano hoy se inmiscuye en sus cuestiones internas con vistas a las próximas elecciones, en donde se presume que volvería a triunfar el sandinismo- y los demás países que conforman el ALBA, son los objetivos elegidos por los norteamericanos para promover sus expansiones belicistas. Venezuela cuenta actualmente con reservas probadas de 142.310 millones de barriles de petróleo, de los cuales 235 mil millones reposan debajo de la faja del Orinoco, cuyo Bloque Junín 4 será explotado conjuntamente con China en el marco de un contrato a 25 años. El Canal de Panamá, como dijimos, se constituirá en el 2014 en la via fundamental para los envíos de crudo venezolano al lejano oriente. Estados Unidos se prepara entonces para defender sus negocios y su hegemonía en la región y afila sus uñas. En julio de este año, el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, aliado incondicional de los norteamericanos, montó una provocación a los obreros de la construcción y otros del país en el marco de la aplicación de la Ley 30 o Ley langosta, que estableció la vulneración de derechos salariales y laborales, que tuvo un saldo de varios muertos y heridos y la cesantía de mas de un centenar de trabajadores empleados en la construcción de las nuevas esclusas que se inaugurarán en 4 años. Según se informó, Martinelli pugna por hacerse del control de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), cuya Junta Directiva se halla involucrada en las obras en cuestión.

Las aventuras de la gran potencia del norte, ahora enfocadas en Irán y Corea del Norte, se recrean, aunque todavía con un perfil difuso, en Nuestra América. El Canal de Panamá se constituye en el centro de sus preocupaciones, y el belicismo aumenta.