Roma, Italia.– La FAO y el PAM (Programa Alimentar Mundial de las NN. UU.) han dado a conocer en el último informe que las personas que actualmente sufren hambre en el mundo han disminuído. Eran algo más de mil millones, ahora son 925 mil millones. Muy poco para cantar victoria. El esfuerzo que se está haciendo actualmente se ha demostrado eficaz, no es el momento de interrumpirlo; es necesario continuar y no dar tregua al hambre para asegurar estabilidad y proteger a vidas humanas y a su dignidad. El hambre es una tragedia de amplias proporciones y esto no es aceptable en un mundo económico-industrial. Como siempre, cada seis segundos muere un niño por problemas de desnutrición.

El persistir de un nivel tan alto de hambre crónica mundial hace que sea muy difícil llegar, no sólo al primer objetivo de desarrollo del milenio organizado por la O.N.U., sino también a los demás objetivos.

La disminución, en este año, de las personas que sufren de este grave problema de desnutrición, se debe únicamente a las abundantes cosechas agrícolas que han hecho disminuír el precio de los productos alimenticios. Una vez que la “grande cosecha” termine, aumentarán otra vez los productos alimenticios y volverá a aumentar el número de personas que sufren hambre en el mundo y si continúa aumentado, como se supone, podrían abstacular seriamente los esfuerzos para reducir el número de las personas que padecen hambre.

Dos terceras partes de las personas que no tienen alimentos suficientes viven en solo siete países: Bangladesh, Etiopia, Indonesia, Pakistán y República Democrática del Congo; también sufren hambre en China y en India.

Los cálculos para el presente año indican que el número de personas desnutridas en las regiones subdesarrolladas, disminuirá a nivel global, a ritmo desigual. La región con el mayor número de personas hambrientas, no obstante la disminución del 12%, será siempre la parte de Asia y del Pacífico, mientras que el porcentaje de personas que sufren de hambre crónica, será siempre la africana sub-sahariana con el 30%.

El peligro actual, es de una nueva crisis alimenticia global que pueda volver a explotar de un momento a otro si los gobiernos no afrontan las causas a la raíz del fenómeno.

Un dato es cierto: en 10 años las personas que padecen hambre han disminuído sólo de medio punto, del 14% al 13,5%. Del 2000 a hoy, las personas con falta de alimentos han aumentado de 68 millones, más de la población de Francia.

Para poder disminuir este escándalo, es necesario un aumento de la ayuda de los países ricos de almenos 38 mil millones de dólares. Esta cifra se la puede encontrar sin tocar las cajas de estos estados con una impuesto sobre las transacciones financieras que permitiría obtener algo como 650 mil millones de dólares al año para ayudar a los más pobres del Sur del mundo.