Bernard Maris ¿es economista? , periodista y empresario accionista de Charlie Hebdo, semanario libertario y satírico que genera dividendos; lo conocí desde 1968 como Hara-Kiri (bestial y malo). Altamente polémico sobre bases analíticas de peso, no cree en las “ciencias económicas”.

Para él no existe la economía pura, el equilibrio en los mercados y las “leyes” de la oferta y la demanda, igual que Krugman y Stiglitz. Admirador de Keynes (éste a su vez de Freud: “si volviera a nacer habría estudiado psicología”), ¿cómo no podía serlo? En mi caso, de Keynes pasé a Kalecki que me condujo a Robinson y Dobbs: a Cambridge, donde me faltó el “Certificate of Proficiency in English” y terminé en Londres ganando buen dinero con la economía de la semántica de Machlup, el economista del conocimiento (y latín; pensé que nunca me serviría), a punto que residí en la Collingham Gardens.

A pesar de tener una agregación, un doctorado, una maestría en economía es rechazado, por los que él califica de sabihondos. Su “carta abierta a las gurúes de la economía que nos toman por imbéciles” explica el por qué. Agresivo, entre sus víctimas preferidas, después de Walras, Merton y Scholes, etc., es Camdessus, quien responde con un circunspecto silencio, típico del ambiente existente en el FMI, sin vibraciones. Optan por el silencio ¿porque no saben cómo enfrentar las realidades que tanto deformaron con el lenguaje del conformismo presentado por Swift y Orwel, y con la matemática, instrumento de análisis convertido en objeto “para limpiar, ir a lo “clean”, lo etéreo, ocultar …el sudor de trabajo, el exceso de población y su cohorte de hambrunas, epidemias, lepras y guerras” de la vieja economía de Smith, Malthus, Ricardo y Marx”?. Por eso Larrain y Sachs ni siquiera lo mencionan una sola vez en el libro, manual de enseñanza para los economistas que estudian en la UCB. ¿Marx, no contribuyó a la economía o ya no tiene vigencia?

Silencio al que Maris le da otro cariz en “El niño que quería ser mudo”; Julien de 9 años se callaba para mejor hablar, porque quería luchar con su silencio contra la bulla del mundo. Aunque el mío no escapó a la poderosa influencia francesa (en ese momento de Pierre Mendes France, Bernard Guerrien, Cohn Bendit, mi predilecto: Francois Rabelais, etc.) que la gané residiendo circunstancialmente siete años en Paris, principalmente meses antes, durante y después de mayo 1968, cuando puse de lado bruscamente mi educación alemana (Goethe, Schiller, Rilke Beethoven, Fichte, Hegel, Engels, Fuerbach, Weber, Schumpeter, Freud, etc. ¡qué riqueza!), para finiquitar admirando la anglo sajona, y siempre consideré que los niños franceses son “adultos demasiado temprano, adultos demasiado rápido” , lo que refleja el bien escrito libro, como lo hacía su preferido Keynes, un literato comparable con Galbraith y Myrdall, los economistas literarios. Nada que ver con los otros, ¿esos malditos economistas?