El racismo nunca pudo ser probado científicamente, lo que también sucede con los originarios.

Personalmente estudié los más terribles crímenes cometidos por el nazismo alemán, en el Colegio Alemán de Sao Paulo fundado en 1878 por anti prusianos, donde existían variadas pigmentaciones de piel, además de culturas, a punto que el paulista, en un momento dado, era uno en relación a dos extranjeros. En otra ciudad europea, donde igualmente residí muchos años, sentí cierto rechazo a su judaísmo (Jacques de Reynach, Cornelius Herz, Dreyfus, etc.), por su destaque intelectual (Blum, Mendes France, Aron etc.) e industrial (Wertheimer, Dassault , Citroen, etc.). Dicen que no de menor intensidad comparado con la época pre nazi, extremado durante la ocupación alemana de 1940 y colaboracionismo francés (Petain, Papon, etc.). Pero el rechazo contundente era contra los norafricanos y africanos en labores que los parisinos consideraban degradantes: no amas al que explotas; aunque sus resentimientos tampoco facilitaban su integración. En los Estados Unidos constaté finales 80, el éxito de la política de igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos impuesta a la fuerza en 1957, paralelamente a la práctica de la discriminación positiva, contraria a los méritos basados en sacrificios y esfuerzos.

En lo que es Bolivia, el racismo contribuyó al abuso del poder, incluido por parte de la nobleza aymara quechua que lo compartió, ya sea a través de matrimonios (ver Angelina Yupanqui, Francisco Pizarro o Carmen Huarachi, Juan Manuel Pando)o simplemente alianzas (ver quechuas y aymaras provenientes de Coquiapó, que arremetieron contra el Imperio Tiwanaku, puquina hablante, y que liquidaron a la cultura Uru Chipana, previa la conquista española), para dominar al pueblo sometido a la esclavitud hasta 1952. Los conquistados y colonizados perdieron soberanía sobre el territorio que habitaban y no eligieron su desarrollo, pero con la Marcha para la recuperación del Territorio y de la Dignidad en 1990, iniciativa del pueblo mojeño de Trinidad, vino un cambio aprovechado por algunos aborígenes o campesinos o comunitarios, para lograr derechos sobre la tierra invocando calidad de “originarios”. Aceptable en un marco temporario de discriminación positiva a favor de quienes fueron explotados y marginados. Pero quedando claro que pruebas de ADN, pueden demostrar que los aymaras, quechuas, guaranís y demás naciones aborígenes, no vivieron en los territorios que se asignan desde el inicio de los tiempos. “La determinación de la fecha de su llegada y la información acerca de su procedencia real que se basa en mezclas genéticas y en que comparten sus genes con otras personas que les importan muy poco, les puede causar gran desilusión” ver Animal Spirits de los economistas Akerlof, Shiller.

Por lo que los racistas y los originarios no tienen asidero científico para demostrar sus discursos políticos.