La expansión de la agroindustria es la principal causa de la desertificación de suelos y del acelerado deterioro de la vegetación en los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz, mientras que la explotación minera es la principal responsable de la salinización de áreas de cultivo y de la galopante contaminación de fuentes de agua en los departamentos de Oruro y Potosí, indica un reciente número de la Revista Hábitat publicada por la Liga de Defensa del Medioambiente (Lidema), una red de 27 instituciones ambientalistas.

En Chuquisaca, los diferentes paisajes del departamento presentan problemas de degradación de los suelos causados por la actividad humana, especialmente por sistemas de monocultivos a secano que disminuyen la fertilidad de la tierra, señaló la activista de Lidema de Chuquisaca Apolonia Rodríguez.

El uso de la tierra en el departamento de Chuquisaca es principalmente agropecuario intensivo, agrosilvopastoril y forestal, y los procesos de erosión más importantes se detectan en áreas intervenidas con fines agrícolas y de explotación de madera.

Rodríguez dijo que otro factor que aqueja a la región es “la contaminación hídrica por metales pesados, residuos sólidos, líquidos, agroquímicos, derrame de hidrocarburos en varios ríos, cuencas y micro cuencas del departamento”. La falta de servicios de saneamiento básico en áreas dispersas es un problema muy grave y constituye una de las causas principales para la contaminación de suelos y fuentes de agua dulce en el departamento, acotó.

Chuquisaca cuenta condos áreas naturales protegidas, la Serranía del Iñao, con una superficie aproximada de 2.630 kilómetros cuadrados, y el Área Natural de Manejo Integrado El Palmar, que tiene una superficie de 595 kilómetros cuadrados. Según Rodríguez, la implementaciónde planes y programas de ecoturismo ayudaría a potenciar la administración de estas áreas y de las comunidades del sector, “sin olvidar que además se cuenta con grandes yacimientos paleontológicos como los de Maragua, Quila Quila, Presto, Icla, Sotomayor y otros”.

Tarija

Se estima que más del 60 por ciento de la superficie del departamento de Tarija está afectada por la desertificación, sobre todo el Valle Central, mientras que en otras eco regiones como la Puna y el Chaco los procesos de degradación se han intensificado debido al sobre pastoreo y al avance de la frontera agrícola, aseguró el coordinador departamental de Lidema de Tarija Freddy Orellana.

Según el Programa Ejecutivo de Rehabilitación de Tierras de Tarija (PERTT), el 70 por ciento de las tierras de la Cuenca del Río Guadalquivir se encuentra afectado por un fuerte proceso de erosión.

“La degradación de las tierras áridas, semiáridas y zonas sub-húmedas secas, o desertificación, afecta el desarrollo de los cultivos, haciéndoles perder su capacidad de absorción de humedad, disponibilidad de nutrientes y materia orgánica. La desertificación se intensifica porque los suelos son utilizados por encima de su capacidad, debido a la falta de instrumentos de planificación del territorio como los Planes de Ordenamiento Territorial, Planes de uso del Suelo y su definición a escala local”, explicó Orellana.

El activista de Lidema consideró que otro problema de la región es la disminución de fuentes de agua dulce, sobre todo en zonas semiáridas del departamento, hidrológicamente estructurado en tres cuencas: la del río Pilcomayo, la del río Bermejo y la cuenca endorreica de Tajzara.

El estudio Zonificación Agroecológica y Socioeconómica del Departamento de Tarija realizado por ZONISIG señala que las aguas de estos ríos reportan niveles altos de elementos tóxicos que pueden causar vómitos, diarrea, afectar funciones psicomotoras y hasta cáncer.

Un muestreo de agua y sedimentos de los ríos San Juan del Oro, Camblaya, Pilaya y Pilcomayo en las cercanías de la comunidad de Puerto Margarita confirma la presencia de metales pesados como manganeso, cadmio, plomo, zinc y cianuros, en niveles que rebasan los máximos permisibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las normas vigente para agua de riego.

Santa Cruz

El departamento de Santa Cruz considerado el de mayor desarrollo industrial y económico del país enfrenta una gran diversidad de problemas ambientales. “El 81% de la vegetación del departamento se encuentra con distintos niveles de degradación en sus diferentes paisajes”, según la coordinadora departamental de LIDEMA en Santa Cruz Rosario Pedraza Mérida.

Santa Cruz se dividen en cuatro subregiones: Valles, Chacos, Chiquitanía Central y Norte Integrado. “Sólo un 12% de la vegetación del territorio se encuentra muy poco degradada o casi intacta, y un 7% ha sido transformado en áreas para cultivos agrícolas y pasturas”, informó Pedraza en un artículo de la Revista Hábitat de Lidema.

En la región de la Amazonía, ubicada al Norte de la provincia Velasco y al Sudoeste de Ichilo, el 87% de la vegetación se encuentra altamente degradada o transformada. En la Chiquitanía que comprende las provincias Chiquitos, Velasco, Guarayos, Ñuflo de Chávez, Ángel Sandoval, Germán Busch, Andrés Ibáñez, Warnes, Sara e Ichilo, el 83,6% de la vegetación ha sido altamente degradada o transformada, al igual que el 67,3% de la vegetación al Sudoeste de Guarayos.

En las provincias Ángel Sandoval y Germán Busch, que conforman la región del Pantanal, un 76,1% de la vegetación está degradada. Lo mismo ocurre con el 38% del paisaje vegetal del Chaco; con el 24% del paisaje regional Boliviano-Tucumano que cubre los valles cruceños; y con el 24% del paisaje regional Yungas, también localizado en estos valles.

Potosí

Potosí enfrenta serios problemas ambientales causados principalmente por grandes empresas mineras como San Cristóbal que afecta a las fuentes de agua subterránea en el Sudoeste potosino, sector más árido del país, y el proyecto San Bartolomé que deteriora de la estructura física del Cerro Rico, declarado Patrimonio de la Humanidad, describió la coordinadora departamental de Lidema en Potosí Lourdes Tapia.

“La actividad minera tanto de las empresas grandes y medianas, los ingenios, las cooperativas, además de los pasivos ambientales, provocan fuertes impactos en los recursos naturales, porque generan drenaje ácido de rocas, lo cual es muy peligroso”, señaló Tapia en un artículo de la Revista Hábitat.

“Los diques que acumulan los residuos de los ingenios son importantes fuentes de aguas ácidas y tienen su efecto sobre las aguas superficiales y subterráneas, que a su vez ocasionan el deterioro de los suelos. A eso se suma el transporte, la trituración primaria, la molienda, y en general el manipuleo de minerales que produce grandes cantidades de polvo contaminado que alcanza importantes distancias”, explicó Tapia.

La COMIBOL apenas realizó acciones de mitigación en cuatro diques de colas, mientras que el de San Miguel, uno de los más peligrosos por encontrarse dentro de la ciudad de Potosí, aún sigue sin solución pese a la presión ejercida por el Comité Cívico Potosino y la Sociedad Potosina de Ecología (SOPE), miembro de Lidema.

En el caso de los ingenios mineros, si bien hay avances en el dique de colas San Antonio, que ha reducido la contaminación del río Pilcomayo en la cuenca alta, aún existen ingenios que echan sus aguas al río y que generan polvo y ruidos.

“La gestión ambiental departamental en el tema minero se ve limitada por la carencia de recursos económicos y humanos, además de las limitaciones de las autoridades departamentales en cuanto a competencias frente a instancias nacionales, lo cual es preocupante porque las autoridades deberían ser las primeras en precautelar el ambiente”, alertó Tapia.

La activista de Lidema dijo que “es muy difícil hacer cumplir la normativa ambiental” a las grandes empresas que tienen influencia política y poder económico para asegurarse el apoyo de la sociedad civil y de los trabajadores. “Más difícil es el control y fiscalización a las cooperativas que no implementan medidas de mitigación ambiental, porque constituyen un sector social muy fuerte a nivel departamental y nacional”, recalcó.

Oruro

La actividad minera es la principal causante de la salinización de aguas de río y suelos en el departamento de Oruro, fundamentalmente en la cuenca del río Desaguadero,aseguró la coordinadora departamental Lidema en Oruro Norma Mollo.

En 1982, el proyecto Kori Kollo de la empresa Inti Raymi comenzó a explotar oro y plata en los yacimientos de la región de Chuquiña, provincia Saucarí, y en el cerro de Llallagua (La Joya – provincia Cercado) del departamento de Oruro. En 1982 y 1992 se extraían óxidos a través del proceso de lixiviación con cianuro de sodio. Posteriormente, entre 1993 y 2004, EMIRSA ingresó a la etapa de sulfuros, abriendo un tajo de 256 metros de profundidad.

La actividad minera a cielo abierto utiliza cianuro para la extracción de oro y plata. Los diques de colas, depósitos de minerales de baja ley y las lagunas de evaporación e infiltración podrían causar serios problemas. Por ejemplo, la laguna Kori Kollo, por sus filtraciones con metales pesados y de alto nivel de salinidad, podría contaminar no solo suelos y capas subterráneas de agua, sino al propio río Desaguadero por su proximidad. De hecho, una precipitación intensa puede unir este lago con el río Desaguadero, alertó Mollo.

Otra operación minera en la cuenca Desaguadero es el proyecto Kori Chaca, también de Inti Raymi, que inició operaciones en 2005. “Las plataformas de lixiviación de esta mina están a sólo un kilómetro de la zona sud de la ciudad de Oruro; la formación de lagunas de evaporación e infiltración que tienen aguas de mala calidad no cuenta con un control efectivo. En 2008 hubo infiltración de las aguas, presumiéndose que éstas llegaron al lago Uru Uru. En serranías del sector se han identificado al menos tres vertientes de agua dulce y cualquier error en el control del proyecto puede generar una catástrofe ambiental”, dijo Mollo.

Según la normativa ambiental minera, no se pueden realizar operaciones mineras nuevas dentro el radio urbano, pero la disposición fue incumplida por el proyecto Kori Chaca de Inti Raymi. Esa situación representa un problema muy serio para Oruro por la manipulación de cianuro, el uso intensivo de agua dulce, el desvío del río Desaguadero para acumular agua y el tajo abierto que en adelante podría ser un lago de aguas altamente contaminadas.

Existen varias minas que descargan sus aguas directamente al lago Uru Uru, contaminando el agua y llenando el lago con sedimentos, dijo la Coordinadora Departamental de Lidema en Oruro.

Entre los problemas naturales está el aspecto climático por la alta evapotranspiración y baja precipitación pluvial. Mollo explicó que “la región pierde humedad por evaporación directa junto con la pérdida de agua por transpiración de la vegetación, sumándose la escasez de lluvia y el carácter de la cuenca, que no tiene salida”.