Hace pocos días el gobierno anuncio un “orgullo” boliviano por que el embajador Pablo Solón logro que Naciones Unidas apruebe la Resolución declarando “al agua potable como un derecho humano que es esencial para el goce pleno de la vida”.

Todos estamos de acuerdo en que el aire que respiramos y el agua que tomamos son vitales para la vida, y es un derecho humano que ahora esta consagrado por las Naciones Unidas; todo ello es bueno, pero también es bueno que las conductas y acciones de los políticos deben ubicarse en el tiempo y el espacio donde se manejan, para evitar incoherencias.

Nuestro embajador parece no haberse percatado del diferendo que mantenemos con Chile respecto al uso hasta hoy “ilegal” de las aguas bolivianas del manantial Silala que se originan en el departamento de Potosí, y con la Resolución del alto organismo mundial esta poniendo en jaque a las organizaciones de Defensa de las aguas del Silala, el Comité de Defensa del Patrimonio Nacional, y otros que venían esmerándose en loables afanes patrióticos reclamando el derecho boliviano sobre las aguas en cuestión.

Como proponentes de la Resolución nos parece coherente cumplir con el llamado del alto organismo mundial de “suministrar agua potable, segura y saneamiento para todos”, entendemos que se refiere a todos los seres humanos de este planeta, y de ser así resulta un “jaque mate” a los afanes patrióticos nombrados; salvo que el inteligente embajador Solón presente una enmienda a las Naciones Unidas aclarando de que los Chilenos no son terrícolas, pues serian advenedizos de otros planetas o galaxias, por tanto no están protegidos por este derecho humano. Así la perspicacia del embajador salvaría este “pequeño desliz” diplomático.

Nosotros enfatizamos de que nuestros embajadores y el manejo de la diplomacia debería estar en manos serias y mas responsables, para que no estemos pisándonos el poncho una y otra vez; por ahora esperemos el desenlace del entuerto o fugaz orgullo.