La Habana, (PL).- Durante las últimas semanas, mientras el fantasma del pesimismo recorre Europa y regresa a Estados Unidos, informes de organismos internacionales y de la banca mundial hablan de un escenario marcadamente optimista para América Latina.

Sin embargo, a pesar de esos favorables augurios, Latinoamérica junto al Caribe aun conforman las regiones más desiguales del mundo, según el primer Informe sobre Desarrollo Humano 2010 presentado en San José, Costa Rica, por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD). De acuerdo con el estudio, 10 de los 15 países con más diferencias en la distribución de los ingresos pertenecen a esa región, mientras su coeficiente de desigualdad es de 65 por ciento contra el 36 por ciento de Asia Menor y 18 de África. Si bien en los últimos años se avanzó en políticas sociales como la educación, el ingreso económico y el crecimiento, ese mal reconocido en el texto como una herencia histórica podría frenar esa tendencia en los próximos años. El informe destacó la importancia de elevar el nivel educativo para el combate a la desigualdad y añade que el gasto social del Estado en salud, nutrición e infraestructura, contribuyó también de forma significativa a reducirla. La desigualdad se mide con el coeficiente de Gini que varia de cero a uno, siendo el cero la igualdad absoluta y, el uno la mayor disparidad posible. En Latinoamérica los dos países con el índice más bajo son Uruguay y Costa Rica, con 0,45 y 0,47 respectivamente. En el otro extremo se ubican Haití y Bolivia que trepan hasta el 0,59 y 0,6. Para combatir ese modelo económico y social -sugiere el PNUD- se necesitan políticas específicas, que van desde el análisis de los mecanismos que provocan la reproducción de la desigualdad hasta los hogares para descubrir las restricciones que enfrentan. Ese flagelo afecta especialmente a las mujeres, los indígenas y afrodescendientes, según el informe regional de esa agencia de la ONU. Por ejemplo, las féminas reciben un menor salario que los hombres por igual trabajo, tienen mayor presencia en la economía informal y acarrean una doble carga laboral. Ellas sufren más por la falta de políticas públicas que favorezcan su inserción en el mercado laboral, en particular por la ausencia de programas para el cuidado de los hijos. En el caso de los indígenas y afrodescendientes la situación también es alarmante, pues representan el 33 por ciento de la población latinoamericana, o sea unos 170 millones de personas, que en promedio viven en peores condiciones que los de origen europeo. Datos aportados por el informe significan que más de la tercera parte de la población indígena ocupada de la región vive de la agricultura, proporción que se eleva hasta el 75 por ciento en Honduras y Paraguay. Como promedio, señalan las estadísticas, el doble de la población indígena y afrodescendiente vive con menos de un dólar por día respecto a la población con ascendencia europea. Para el PNUD la situación del continente es delicada, pues aun en los países con mejores resultados, la desigualdad es persistente y elevada, especialmente para estos grupos. En Centroamérica la desigualdad se ha reducido desde los años 90, mientras que en Suramérica “no fue hasta la mitad de la década siguiente que presentó una disminución importante, aunque (…) continúan siendo de los más altos del mundo en desigualdad”, precisó el informe. Al referirse al acceso a servicios de infraestructura, el PNUD planteó que “existen casos como los de Chile y Costa Rica, donde la diferencia entre el 20 por ciento de la población con mayores ingresos y el 20 por ciento de la población con menores ingresos es baja”. Pero -agregó- persisten casos como los de Perú, Bolivia y Guatemala, que presentan una baja cobertura de estos servicios y grandes brechas entre los dos grupos. El subsecretario general de la ONU, Heraldo Muñoz, al comentar el documento del PNUD advirtió que la diferencia en la distribución de los ingresos es una amenaza al desarrollo de Latinoamérica, pese a su crecimiento económico en los últimos años. “No basta el crecimiento económico, que siempre es importante. Tiene que haber políticas específicas que apoyen a los más pobres para que tengan acceso a los beneficios que todos los ciudadanos deben tener”, afirmó Muñoz.

Buenos augurios en medio de la crisis

En la recién XXXIX Cumbre de Presidentes del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), realizada en San Juan, Argentina, se conoció que por primera vez en cinco siglos, 10 países de la región redujeron no solo la pobreza entre 10 y 15 puntos porcentuales, sino también la desigualdad. La secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, destacó que el continente vive una recuperación muy importante, que permite estimar un crecimiento de 5,2 por ciento para este año. Tal desempeño se producirá liderado por Brasil (con 7,6 por ciento), Uruguay, Paraguay y Argentina, los tres con un incremento del siete por ciento. La cifra para 2010, que supone un aumento del 3,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) por habitante, consolida la recuperación iniciada en la segunda mitad de 2009 tras el desplome financiero. En este escenario, la CEPAL propugna mantener políticas públicas que apunten a la protección de los sectores vulnerables, perseverar en el control de los equilibrios macroeconómicos, impulsar la inversión en infraestructura y en capacidad productiva y fortalecer el vínculo entre crecimiento económico e igualdad, para “crecer igualando”. Bárcena aseguró que ese ascenso tendrá como base la solidez económica de los gobiernos latinoamericanos y un inédito activismo de los países de Suramérica, con políticas fiscales expansivas, estrategias monetarias responsables y acciones agresivas para promover el empleo y transformar el ingreso. En su opinión esas acciones han permitido enfrentar la crisis económica global con mínimos costos sociales, como las efectivas políticas de empleo emprendidas por varios países, que hacen posible crecer y disminuir las desigualdades. Durante el encuentro, la CEPAL presentó una propuesta que calificó de audaz y progresista, denominada La hora de la igualdad, la cual aboga por la titularidad de derechos para todos los ciudadanos desde su nacimiento, de manera que no dependa de los ingresos de cada quien la posibilidad de gozar de salud, educación y protección social.

* La autora es periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.