Washington, Madrid, Moscú, Londres y Brasilia (PL).- La temperatura media global para el mes de junio superó las estadísticas registradas hasta la fecha en unos 0,6 grados Celsius. En Rusia el verano fue una catástrofe nacional sin precedentes en el último siglo. La principal causa del aumento del nivel del mar no es el descongelamiento de los glaciales en la Antártida o Greoenlandia sino el deshielo de las montañas.

El sexto mes del año registró en los termómetros un promedio de 16,2 grados, en comparación con la media de unos 15,5 para el siglo XX. La primera mitad de 2010 ocupa el segundo lugar como la más calurosa desde que se realizan las mediciones, sólo superada por igual temporada de 2007, detallan los especialistas de la Nacional Oceanic and Atmosfheric Administration (NOAA), institución estadounidense que publica cada mes el análisis de la situación climatológica en la Tierra y que acumula estadísticas desde 1880.

Diversos lugares del planeta, entre ellos Perú, el centro y este de Estados Unidos, así como el este y oeste de Asia figuran entre los sitios con más altas temperaturas en este período. Sin embargo, en otros sitios como España, Escandinavia y el sur de China se reportan las temperaturas más bajas.

Los termómetros subieron cerca de los 40 grados centígrados el 18 de julio, el día más caluroso del año en España, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que decretó alerta naranja para Gran Canaria. AEMET establece cuatro tipos de alertas identificadas por colores y que establecen los niveles de peligro: verde (sin riesgo), amarillo (riesgo), naranja (riesgo importante) y rojo (riesgo extremo).

El proceso de una ola de calor “comienza cuando el aire cálido en capas altas provoca estabilidad (el aire no se mueve de abajo hacia arriba ni al revés), dando lugar a que las capas de aire que están junto al suelo se calienten “, explicó el portavoz de AEMET Ángel Rivera.

El especialista afirmó que existe un componente psicológico importante, el cual acrecienta esa percepción desagradable porque “la gente pasa mucho calor por el día, duerme mal por la noche y al despertarse la sensación de cansancio se acrecentó con el consiguiente malestar físico y anímico”.

El código amarillo por las altas temperaturas fue decretado en 18 provincias, entre ellas otras islas canarias como Hierro, La Gomera, La Palma y Tenerife; además de Madrid, Córdoba, Granada, Jaén, Sevilla, Zaragoza, Fuerteventura, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Toledo, Badajoz y Cáceres.

Por otro lado, la temporada de calor en Rusia convirtió al verano en una catástrofe nacional sin precedentes, al menos en los últimos 100 años, por la cifra de incendios y la magnitud de los destrozos. A las preocupaciones por los récords de temperaturas y la contaminación ambiental se sumó el pánico y la desazón que causó la vertiginosa expansión de los focos incendiarios en las regiones centrales de la Federación rusa. Según datos preliminares, los muertos ascienden por ahora a 28 y se estima que más de dos mil personas en la zona central de Rusia quedaron sin techo.

El ministerio de Situaciones de Emergencia informó este sábado el agravamiento de la situación con los incendios en los Urales, la región del Volga y en el distrito central. Unas 14 provincias o regiones fueron declaradas en situación extraordinaria dado que el fuego amenaza a más de 200 poblaciones en las zonas del desastre.

Socorristas de la defensa civil han evacuado en las últimas horas a miles de pobladores de Samara, Voronezh, Riazan, Vladimir, Mordovia, Lipets y Tatarstán. En la ciudad de Toliatti, Samara, centenares de personas se trasladaron a sitios más seguros para protegerse del fuego y del humo. Unas 500 familias en Nizhny Novgorod perdieron sus viviendas, al igual que los cientos de damnificados reportados en Voronezh.

Calentamiento del mar

NOAA reportó que en la superficie de los océanos se estimaron unos 0,54 grados superiores a la media del pasado siglo, con un intenso calor en el Atlántico. El incremento de la temperatura en zonas costeras es responsable del blanqueamiento y otras enfermedades que amenazan a los corales brasileños.

El investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad Federal de Bahía Ruy Kikuchi apuntó que el blanqueamiento (pérdida de la coloración por muerte o desaparición de las algas) de los corales costeros está relacionado con el calentamiento de los océanos, registrado en la década de 1990 del siglo pasado.

En una conferencia en la sexagésima segunda reunión anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), Kikuchi aclaró que el blanqueamiento no es provocado sólo por la alteración térmica de las aguas y no significa la extinción del coral en todos los casos, pero sí los debilita.

De acuerdo con un reporte de la estatal Agencia Brasil desde Natal, capital del estado de Río Grande do Norte, donde se efectúa el encuentro, Kikuchi refirió que algunas especies de corales retomaron su coloración tras la normalización de la temperatura marina.

El investigador del grupo Recifes Globais e Mudancas Globais recordó que en 2005 el surgimiento de una necrosis en corales en Abrolhos, un archipiélago volcánico perteneciente al estado de Bahía, disparó las alarmas de los científicos sobre las consecuencias del calentamiento global sobre los arrecifes coralinos. Kikuchi adelantó que aún investigan si la bacteria detectada como la responsable de esa necrosis prolifera con el aumento de la temperatura de las aguas marinas.

La cantidad de fitoplacton decayó en un siglo en ocho de 10 regiones del mundo, como consecuencia del aumento de la temperatura global, publicó la revista Nature en su edición más reciente.

Desde el pasado siglo XX, sus niveles bajaron un promedio anual del uno por ciento, según los resultados de una investigación que se basó en 450 mil datos de mediciones efectuadas entre 1899 y el 2008.

El fitoplacton resulta de gran importancia en los mares porque influye en todos los niveles de la cadena alimenticia y produce aproximadamente la mitad de la materia orgánica de la Tierra y parte del oxígeno en la atmósfera. Por eso, su falta daña los procesos climáticos y afecta el ciclo de carbono.

Investigadores de la Universidad Dalhousie en Halifax, Canadá, y del Instituto Potsdam de Investigaciones del Clima, en Alemania, indicaron que el contenido de fitoplacton se redujo principalmente en regiones subtropicales y tropicales debido a un incremento de la temperatura del agua.

El fitoplacton es un conjunto de organismos autótrofos del plancton que tienen capacidad fotosintética, cuya disminución se produce por una mayor estratificación de la columna de agua que impide una correcta distribución de los nutrientes de las capas inferiores a las superiores.

Sube el nivel del mar

El coordinador general del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de la Criosfera de Brasil Jefferson Cardia Simoes afirmó que el deshielo de las montañas es el principal responsable del aumento del nivel del mar, contradiciendo así el criterio generalizado de que la elevación del nivel del mar ocurre por el descongelamiento de los glaciales en la Antártida o Greoenlandia.

En la sexagésima segunda reunión anual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) en Natal, capital del estado de Río Grande do Norte, el glaciólogo brasileño explicó que el deshielo en las regiones polares ocurre a un ritmo menor por causa del calentamiento global, mientras en las cimas de las montañas el escenario es inverso, el hielo está desapareciendo rápidamente. Es esa agua la que temprano o tarde va a llegar al mar.

“En el manto de hielo de la Antártida, el deshielo es muy pobre (menos del uno por ciento de ese continente) y está ocurriendo en las periferias de las regiones polares. Es en las montañas donde ocurre la mayor parte del deshielo, tanto en zonas templadas como en tropicales”, señaló Simoes, coordinador general del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de la Criosfera (parte de la Tierra donde el agua se encuentra en estado sólido).

Según la Agencia Brasil, estudios divulgados en la reunión anual de la SBPC prevén un cuadro catastrófico al vaticinar el deshielo total de la masa congelada del planeta, lo que elevaría en 70 metros el nivel mar. El glaciólogo calificó esas aseveraciones de exageradas y casi imposibles de producirse en el corto plazo, pero si sostuvo que “gradualmente vamos a ver eventos abruptos del clima como inundaciones y heladas en lugares donde nunca antes habían ocurrido y también al aumento del nivel del mar. Pero eso es gradual, no es para mañana”.

Los habitantes de pequeños estados insulares están convencidos de que en un tiempo no demasiado lejano podrían desaparecer bajo el agua. Los gobernantes de esas naciones saben que no están en condiciones de encarar solos el problema.

En 1990 se creó la Alianza de Pequeños Estados Insulares en desarrollo (AOSIS en inglés) y en 1992 la Cumbre de la Tierra celebrada en Ríos de Janeiro, Brasil, reconoció por primera vez a nivel mundial las amenazas del cambio climático para sus habitantes. La creación en 2005 de la Estrategia de Mauricio, para especificar y dar seguimiento a los planes nacionales y regionales de mitigación, dio un espaldarazo al esfuerzo de estas naciones.

El Protocolo de Kyoto establecido en 1997, vigente a partir de 2005 y que expira en 2012 establece una reducción del 5,2 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, respecto a los niveles de 1990. Estados Unidos es la nación más contaminadora del planeta, pero no ratificó su cumplimiento, mientras que el resto de los principales responsables del recalentamiento del clima global no ha conseguido avanzar en la materialización de sus compromisos.

Para las autoridades de naciones insulares es inadmisible aceptar que la temperatura suba siquiera dos grados, pues el incremento de los niveles del mar arrasaría con todos o una buena parte de sus países. Por ello claman por tomar medidas que permitan un incremento inferior a 1,5 grados, en medio de la incertidumbre de no saber si ya se ha traspasado el umbral que lleve a la Tierra a un recalentamiento muy alto.

Algunas de las pequeñas ínsulas del planeta no han tenido que esperar a los grandes incrementos de la temperatura para sufrir catástrofes. Alrededor de muchas de esas islas, imponentes barreras coralinas están muriendo debido a la alta temperatura de las aguas y la salud de esos pequeños animales es vital para el equilibrio biológico.

También han disminuido las reservas de peces y ocurren con mayor severidad eventos de sequía o lluvias torrenciales. Aumenta la frecuencia de destructoras tormentas. En los últimos años en zonas como el Caribe y la Cuenca Atlántica hay tendencia a la formación de huracanes muy violentos en lapsos temporales cortos.

* Con información de Marta Gómez Ferral y Odalys Buscarón Ochoa, periodistas de la redacción de Prensa Latina.