(PL y Agencias).- La Organización de Naciones Unidas (ONU) advirtió en Panamá sobre la situación de desigualdad entre ricos y pobres América Latina y recomendó políticas de apoyo a los menos favorecidos. El subsecretario general de la ONU Heraldo Muñoz manifestó a la prensa que si bien en la región se aprecia un crecimiento económico en los últimos años, persisten diferencias que atentan contra la cohesión social.

El también director regional del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) reconoció que en 12 de 17 países analizados disminuyó la desigualdad. Sin embargo, advirtió que las estrategias económicas orientadas únicamente al crecimiento deben estar acompañadas de iniciativas para reducir la exclusión.

Bolivia, Haití, Ecuador y Brasil son, en ese orden, los países con más desigualdades de Latinoamérica, mientras que Uruguay, Costa Rica, Venezuela y Argentina son los más igualitarios, informó el diario ABC de España, citando al informe regional de Desarrollo Humano del PNUD, que recuerda que América Latina es la región del mundo en la que hay más disparidades sociales, pese a no ser la más pobre.

Si se divide a Latinoamérica por subregiones, no hay grandes diferencias, aunque el Cono sur es la región menos desigual, y la andina la más dispar. Un elemento común en toda Latinoamérica es que las mayores víctimas de la desigualdad son las mujeres, asícomo los indígenas y afrodescendientes.

Según el informe, entre los grupos pobres, los indígenas y afrodescendientes doblan en promedio a los euro-descendientes, y las mujeres son siempre mayoría entre los trabajadores informales, además de recibir un menor salario y trabajar más horas.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) considera que ha llegado la hora de la igualdad en la región. En su Trigésimo tercer período de sesiones, efectuado en Brasilia el 30 mayo y el primero de junio pasados, exhibió el lema: “Brechas por cerrar, caminos por abrir”, como síntesis de la situación en Latinoamérica y el Caribe.

A fines del año pasado, la organización pronosticaba que la economía de la región, tras contraerse el 1,8 en el 2009, crecería el 4,1 por ciento en el 2010, como efecto de avances en la mayor parte de sus países.

Su secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, explicó durante la presentación de aquel informe que lo peor de la crisis había quedado atrás, a lo que añadió que “los motores del crecimiento ya se encendieron nuevamente, pero no se sabe cuánto nos durará el combustible”.

El pasado 21 de julio, sin embargo, la CEPAL aumentó su pronóstico de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para este año, según el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2009-2010, al 5,2 por ciento, para un incremento del 3,7 en relación con el 2009. El organismo considera que ello consolida la recuperación iniciada en la segunda mitad de 2009, aunque auguró un repunte de sólo el 3,8 por ciento para el 2011, debido a las incertidumbres en la economía internacional.

Esta última cifra equivaldrá a un aumento del 2,6 por ciento del PIB per cápita y, aunque los resultados serán muy heterogéneos por países, serán mayores los del Mercado Común del Sur y los de otros favorecidos por sus políticas públicas.

La desaceleración para el 2011 se espera considerablemente expandida, con mayores efectos sobre América del Sur, cuya tasa de crecimiento caerá del 5,9 previsto para el 2010 al 4,3 para el año próximo.

Esta región arrastra, adicionalmente, el viejo lastre de la desigualdad, debido a una pobreza que se elevó en el 1,1 por ciento durante el 2009 y a una indigencia incrementada en el 0,8, ambas en relación con el 2008.

De acuerdo con su Panorama social de América Latina 2009, las personas en situación de pobreza pasaron de 180 a 189 millones en el 2009 (34,1 por ciento del total de la población) y la indigencia aumentó de 71 a 76 millones, equivalente al 13,7 por ciento de sus habitantes.

Los nueve millones de pobres incrementados el año pasado equivalen a casi un cuarto de la población que había salido de ese estado entre el 2002 y el 2008, cifrada en 41 millones de personas.

Mas, el director del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo el día 22 de este mes en México, que la crisis económica de 2008 ha sumido en la pobreza a otros 10 millones latinoamericanos y a 60 millones de personas en todo el mundo.

La CEPAL, por su parte, le pronostica mejorías a la región debidas al mayor crecimiento económico, la expansión del gasto social, el bono demográfico y las mejoras distributivas, condiciones en las que también influyen transformaciones políticas.

No obstante, sólo entre el tres y el cinco por ciento de su población concentra más de la mitad del ingreso nacional, sin que le importe realmente el contenido democrático de sus países, como reconocen organismos regionales.

Según demuestran estudios científicos y sociales, los avances augurados para América Latina tendrían que basarse en la paz con equidad, la preservación climática y la improbable evitación de una guerra demencial.

Al respecto, la CEPAL reconoció el 30 de mayo en Brasilia la necesidad de “avanzar hacia una mayor igualdad” en el acceso a campos como la educación, la salud, el empleo, la vivienda, los servicios básicos, la calidad ambiental y la seguridad social en democracia.

Bárcena, en su introducción al documento central, reconoce la necesidad de un mayor efecto redistributivo.

“Garantizar umbrales de bienestar”, añade, “es parte de esta agenda de la igualdad en la que se incluye una institucionalidad laboral que proteja la seguridad del trabajo”.

En su opinión, el pilar de la agenda de la igualdad se basa en políticas económicas con visión de largo plazo en los ámbitos productivo, laboral, territorial y social. Considera también que en el horizonte estratégico de largo plazo, igualdad, crecimiento económico y sostenibilidad ambiental deben ir de la mano.

No deja de lado el cambio climático, un factor que determina marcadamente el futuro de todos y que significa solidaridad con las generaciones venideras, que vivirán en un escenario más incierto y con mayor escasez de recursos naturales.

Internacionalmente, aboga por la celebración de acuerdos para mitigar el cambio climático, de modo que se respete el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, para que “no sean los pobres ni los países pobres quienes terminen asumiendo los mayores costos”.

Reclama “un futuro más igualitario en cuanto a oportunidades y derechos, más dinámico y menos vulnerable en cuanto a su economía”, y en el cual “el círculo vicioso del subdesarrollo se transforme en un círculo virtuoso del desarrollo”.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en un discurso central del evento que la independencia alcanzada por la región “nos ha dado soberanía para decidir nuestro propio destino”.

Precisó también que si Latinoamérica y el Caribe tienen problemas de drogas, de miseria y desarrollo, “somos los latinoamericanos y caribeños quienes tenemos que resolverlos”.

“Somos el primer continente desnuclearizado”, dijo, y exhortó a que el objetivo sea producir más alimentos, empleo, salario, cultura y calidad de vida para que la región se transforme en un continente cuyo pueblo viva con dignidad y respeto.

Lula reconoció que los desafíos futuros de Latinoamérica y el Caribe son inmensos y consideró que “ha llegado la hora de la igualdad”, en el sentido de luchar por ella.

No basta con que crezca la economía, opinan analistas, si no va aparejada de redistribución justa de las riquezas, de políticas sociales adecuadas y de la paz en el mundo, para que no se frustre esta esperanza, en lo inmediato.

* Con información de Ernesto Montero Acuña, editor de temas globales de Prensa Latina.