El problema principal en el Ministerio de Culturas no es el asesor anti-evista y anti-indígena de la Ministra. Es la Ministra misma. La señora Zulma Yugar adolece de una insalvable limitación ideológica que le impide asumir un genuino rol revolucionario en este proceso. Su presencia folclorizante es una traba reaccionaria a la profundización de la mirada intercultural y descolonizadora de la revolución democrática, indígena y cultural que protagonizamos los bolivianos; y debe por tanto renunciar a su cargo como Ministra de Culturas.

Un anónimo propalado con persistencia en los últimos días, atribuido a una supuesta organización denominada Fortaleza Cultural Boliviana (“colectivo FCB”), plagada de imprecisiones y no pocas exageraciones respecto a la gestión de la Ministra de Culturas, Zulma Yugar Párraga, ha dado lugar a que funcionarios jerárquicos en el entorno de dicha Ministra vengan endilgándome ser el autor de dicho anónimo en mi calidad de ex jefe de la Unidad de Comunicación del Ministerio de Culturas, más allá de aclarar, estos jerarcas, las graves acusaciones vertidas en dicho anónimo.

Toda información, comentario o punto de vista que emito sobre cualquier tema de mi interés o incumbencia, acusando o defendiéndome como periodista y ciudadano, los emito a través del correo de mi servicio informativo Datos & Análisis, con mi respectiva firma; y no necesito apelar a anónimos para expresar abierta y libremente lo que siento, pienso y conozco, tal cual lo hago ahora a tiempo de aclarar los contenidos de la información propalada por el susodicho “colectivo FCB”.

En primer término, si los compañeros de “Fortaleza Cultural Boliviana” pretenden representar con la política del anonimato a presuntos “familiares y amigos de funcionarios del Ministerio de Cultura” (sic) que estarían siendo sometidos a abusos en la actual gestión, deberían saber que el Estado Plurinacional de Bolivia tiene un Ministerio de Culturas y no de “Cultura”.

No me compete referirme a las denuncias sobre las actividades extra laborales del señor Vladimir Pérez, asesor de la Ministra, como integrante de una popular banda de rock; y en caso de que hubiese alguna irregularidad o incompatibilidad por conflicto de intereses en el desempeño de dicho funcionario, corresponde a la señora Yugar absolver ese aspecto.

En lo que sí debo pronunciarme sin ambages —al haber sido incorrectamente aludido en dicho anónimo (mi nombre es Wilson, no “Nelson” como bien observó la maestra Elizabeth Schwimmer) en mi condición de servidor público—, es en relación a las circunstancias de mi alejamiento del cargo como Jefe de la Unidad de Comunicación, episodio que habría preferido olvidar ya que en la actualidad me hallo inmerso en un compromiso laboral con la Agencia de Desarrollo de las Macrorregiones y Zonas Fronterizas (Ademaf).

Verdades a medias

Me veo pues obligado a precisar lo contenido en el siguiente párrafo del texto anónimo:

“Rasputín Pérez forzó la renuncia del conocido periodista cochabambino Nelson García Mérida que era jefe de la Unidad de Comunicación del Ministerio de Cultura (sic), con una serie de sañudas presiones que ejercía usando a la Ministra. García venía realizando una excelente labor difundiendo los perfiles descolonizadores de la revolución indígena en Bolivia pero “Vladi” Pérez también saboteó esa gestión dejando sin presupuesto al periodista y en la Unidad de Comunicación se comenta que el problema entre Vladimir Pérez y Nelson García Mérida surgió porque el periodista se negó a firmar un contrato con la empresa de producción audiovisual de

Pérez a través de un palo blanco, además que se negó a firmar un contrato de consultoría a favor del cineasta racista y anti-evista Martín Boulocq, quien dirige los videoclips del grupo “Octavia”. Ante las presiones del Rasputín, finalmente el periodista cochabambino presentó su dimisión a fines de mayo y desde entonces la imagen del Ministerio de Cultura (sic) está cada vez más por los suelos”.

Aquí hay muchas verdades a medias y más de una mentira. Empiezo desmintiendo las últimas: no es verdad que el señor Vladimir Pérez me presionó para que firmase supuestos contratos a favor de su empresa de producción audiovisual (de la cual evidentemente me habló en algún momento sin ninguna pretensión visible), ni tampoco me presionó para que favoreciera al señor Martín Boulocq bajo ninguna circunstancia; pues no estaba entre mis atribuciones firmar ningún contrato, más allá de requerir determinadas adquisiciones de bienes y servicios como parte del funcionamiento de mi Unidad enmarcado en el POA (Plan Operativo Anual) aprobado.

Trabajando bajo censura

Lo que sí resulta absolutamente cierto es que el asesor general de la Ministra, Vladimir Pérez, provocó mi renuncia ejerciendo un inusitado rol de censor de mi trabajo informativo como responsable comunicacional. Desde el momento en que asumí el cargo por invitación de Zulma Yugar el 1 de abril del 2010, hasta el día de mi renuncia que se produjo el 2 de junio, el señor Pérez se dedicó a interferir constantemente en mi labor específica, censurando mis textos y obligándome a detener la edición e inclusive la impresión de varios informes y boletines “por órdenes de la señora Ministra”.

La gota que rebasó el cáliz tuvo que ver con un homenaje póstumo que escribí en memoria del fallecido viceministro de Interculturalidad Miguel Peña Guaji, a cuyo deceso me referí como “una muerte intercultural” dado que el hermano Trinitario Mojeño y tres de los suyos (además de dos meritorios trabajadores del Ministerio) ofrendaron emblemáticamente sus vidas después de entregar un templo restaurado en la comunidad indígena de Yaco, en pleno altiplano aymara.

A la medianoche del primero de junio, Vladimir Pérez me hizo buscar exigiéndome que retire esa frase de mi texto porque, según este señor Pérez, dicha expresión “no venía al caso”; siendo que el boletín ya se hallaba en proceso de impresión. También me reclamó el asesor por qué no existía una sólo foto de la Ministra en aquel desafortunado boletín. A fin de no ser vapuleado por la señora Yugar (como ya estaba acostumbrada a hacerlo por motivos afines), tuve que detener la impresión y solicitar al prensista corrija el texto en la placa negativa. Y así fue; pero lamentablemente “una muerte intercultural” se había “colado” en un casi imperceptible pie de foto agregado por uno de los redactores de la Unidad; así que cuando entregué el boletín impreso con esa frase póstuma en un pie de foto, se armó un escándalo en mi contra promovido por el asesor de la Ministra y uno de sus inmediatos operadores, Martín Ramos (Director de Planificación apadrinado por Pérez), en medio del cual tuve que renunciar.

Hundiendo a Gualdo

Otro objetivo avieso que estuvo implícito en las constantes interferencias ejercitadas por Vladimir Pérez sobre el desempeño de la Unidad a mi cargo (“por órdenes de la señora Ministra” repetía machaconamente como blandiendo un martillo para hundir a Gualdo), fue el desmantelamiento del equipo humano con el cual habíamos logrado mejorar el sistema informativo del Ministerio de Culturas partiendo casi de cero.

La Unidad de Comunicación del Ministerio de Culturas se constituye en uno de los mejores equipos técnicos dentro el Poder Ejecutivo, a pesar de la obsolescencia exasperante de sus máquinas y equipos, y a pesar de que el personal compuesto por laboriosos jóvenes profesionales es uno de los peores pagados en el rubro.

Con este equipo humano pude generar productos informativos de elevada calidad como un periódico dedicado a la Cumbre Mundial del Cambio Climático celebrado en Tiquipaya, boletines diarios electrónicos que alimentaban las redacciones de los medios de comunicación dentro y fuera del país, boletines semanales impresos con los cuales la misma Ministra se mandaba la parte en las reuniones del Gabinete Presidencial cada miércoles (una vez vencidas las censuras de su asesor), además de otros productos para apoyar las labores de difusión y promoción de las actividades artísticas en el Palacio Chico, como ocurrió durante la “Larga Noche de los Museos”. Se regularizó el sistema de monitoreo sacrificando a una funcionaria de la Unidad que debía presentarse en su fuente laboral todas las mañanas a las 7 a.m.; y comenzamos a introducir mejoras estéticas y de contenido en el sitio web del Ministerio.

Con el equipo del área audiovisual pudimos abrir espacios privilegiados en el programa indigenal del colega Horacio Martínez en canal 7, y además de proveer diariamente de microprogramas a BoliviaTV en los marcos de un convenio aún vigente, avanzábamos en convenios similares con canales privados amigos para difundir una serie de documentales reforzando las acciones de los viceministerios de Descolonización, Interculturalidad y Turismo. Realizamos coberturas a varias fiestas originarias como la de Satototora en Laja, promovimos un acto memorable con la entrega de la Catalogación Patrimonial de los Sicuris de Jutilaya en el Palacio Chico, desplazamos cámaras a los pueblos Mojeño y Mosetén; y a partir de un sistema de trabajo que nos tenía encerrados hasta quemar las pestañas estuvimos en condiciones de apoyar inclusive a otros ministerios en sus labores de difusión, como el caso de algún material elaborado por mi equipo para el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, en un trabajo interministerial que intentamos consolidar mediante un convenio propuesto por la ministra Nemesia Achacollo bajo los principios de la interculturalidad y la descolonización en torno a nuestra sabia cultura campesina.

El personal a mi cargo estuvo motivado al punto de la hiperactividad a partir de un proyecto para convertir esta Unidad de Comunicación en un emporio Editorial de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), a través de un perfil que elaboré a solicitud del técnico de Planificación Hernán Ferrufino —coordinador del Ministerio para el Alba—, en la perspectiva de obtener un financiamiento de un millón de dólares con apoyo del gobierno de Venezuela. (Ofrezco a quien lo requiera aquel proyecto comunicacional enviado al Alba, y otros materiales citados en este informe, si lo solicitan al correo de Datos & Análisis: llactacracia@yahoo.com).

En contracorriente a esa gran motivación para fortalecer estratégicamente la Unidad de Comunicación en base a su personal ya calificado y en proceso de permanente capacitación (con el horizonte a la vuelta de la esquina de constituirnos en la Editorial del Alba), el asesor de la ministra Yugar me exigía vulnerar los derechos laborales de mi equipo reduciendo ítems y llegó al extremo, en concomitancia con Martín Ramos, de reducir el presupuesto de esta Unidad en casi un 70%: de un millón de bolivianos con que se funcionó en la gestión pasada, a sólo Bs. 325.000 para mi gestión. Pérez me exigía restringir la impresión semanal de boletines, de 500 ejemplares emitidos para su distribución institucional y entre el personal del Ministerio (dentro una política de motivación de recursos humanos), a sólo 30 ejemplares que, decía, “son suficientes para que la Ministra entregue al Presidente y a los otros ministros en las reuniones del Gabinete”. Curiosamente, Zulma Yugar opinaba exactamente lo mismo.

Mientras soportaba aquellas irracionales y arbitrarias presiones con que el señor Pérez buscaba detener y revertir el fortalecimiento estratégico de la Unidad de Comunicación del Ministerio de Culturas, comenzó a sonar en mi cabeza el famoso estribillo de esa bonita canción del grupo Octavia: Si está vivo, hay que ahogarlo | si está arriba, hay que hundirlo | si está al lado, hay que empujarlo”

Pero me dolía más, hasta la desazón, la indolencia con que la ministra Yugar aplaudía y fomentaba las acciones de su asesor permitiéndole interferir torpemente en un trabajo altamente especializado como el que desempeño desde hace más de 20 años.

Una Ministra prepotente

El 10 de mayo pasado, la Cancillería convocó a una conferencia de prensa para el lanzamiento del pabellón boliviano en la Feria Universal de Shangai, acto amenizado por la Embajada de la República Popular de China con una presentación de la danza del Dragón que incluía un espectacular “gong” a cargo de un acrobático danzante chino. También se presentó un pequeño elenco de la diablada Urus. El boletín electrónico que elaboré incluía un habitual reporte fotográfico (algo inusual en los boletines gubernamentales que innové para aprovechar la belleza de imágenes que genera el campo cultural). Abrí la nota con una fotografía de la danza china y en el fondo la testera oficial del canciller Choquehuanca, con el propósito de connotar la universalidad intercultural de nuestro Estado Plurinacional. Ubiqué en segundo lugar, al pie de la nota, la muy familiar imagen de la diablada de Oruro. Cuando le subí una copia impresa a la Ministra me llevé el peor chasco de mi vida. La señora Yugar, casi a punto de agredirme físicamente en presencia de su asesor y de una técnica de mi Unidad, despotricó a voz en cuello reclamándome por qué había puesto en primer plano la fotografía de la danza china del Dragón, en vez de la diablada Urus. “¡Qué hace ese chino ahí!” me imprecó furiosa y sin aceptar mis argumentos conceptuales. Conté hasta diez y tuve que hacer mutis por el foro como un falderito con el rabo entre las piernas, mientras a mis espaldas la señora Yugar estrujaba mi boletín entre sus puños haciendo un ademán de tirarlo al tacho y le decía a su asesor con una histeria incontenible: “¡Cómo es posible que ponga después de una danza china a la diablada de Oruro!”. Después de aquel incidente, que no fue el primero ni el único con ese tono y por motivos similares, opté por limitar mis ingresos al despacho de la Ministra, delegando la entrega de los boletines a una periodista de mi equipo.

En una de las muchas tensas reuniones de trabajo que sostuve con la ministra Yugar, traté de persuadirle que me permita realizar mi trabajo con la autonomía necesaria para proyectar sin interferencia alguna la visión revolucionaria que postula nuestro Gobierno respecto al carácter intercultural y descolonizador del naciente Estado Plurinacional, que para eso había sido creado el Ministerio de Culturas. Me respondió que mi trabajo debía limitarse a “fortalecer” su imagen personal, que yo me debía a ella y que el presidente Evo Morales tenía sus propios comunicadores para proyectar la imagen del Estado como tal. Le repliqué que mi especialidad no era de relacionista público sino de estratega en comunicación, que nunca en mi vida profesional había trabajado sometido a tanto control y censura, ni siquiera en periódicos tan serios como Los Tiempos, donde como investigador y jefe de redacción tuve la mayor libertad de informar según mis propios criterios. “Pero yo no soy Los Tiempos”, me acalló. También osé recordarle que no era primera vez que trabajaba para un Ministerio, y que durante mi función como editor del periódico Sol de Pando tuve toda la confianza del ministro Juan Ramón Quintana para elaborar mis materiales sin ninguna censura, habida cuenta que existiendo una línea doctrinal clara respecto a la revolución que acontece en Bolivia, cada cual sabe lo que tiene que hacer. “Entonces vete a trabajar con Quintana, en el Gabinete hemos decidido que ese señor va a volver al Gobierno”, vociferó con una furia de “china supay” soberbia en su mirada. Me quedé sin palabras.

Cuando acepté colaborar con la señora Yugar, más allá de toda consideración personal, lo hice alentado por la oportunidad de poner en práctica todo aquel arsenal ideológico que muchos bolivianos hemos desarrollado en nuestra lucha por la democracia y la defensa de los principios de la dignidad indígena, de la dignidad de los más pobres entre los pobres de nuestro país, en una revolución que ante todo es libertaria y cultural. No lo habría hecho si Zulma Yugar no hubiese lanzado aquella señal prometedora cuando le frustró el negocio a Pablo Groux, el ex Ministro de las Tarimas, rechazando la realización del concurso Miss Universo en Bolivia. Resultó sin embargo que esa decisión de la Ministra obedecía, más que a una cuestión principista, a un cálculo pragmático por falta de fondos en el Ministerio de Culturas.

Me incorporé a ese trabajo, en todo caso, consciente de que tenía que manejar mi relación con la señora Yugar manteniendo la más prudente distancia, funcionalmente, revolucionariamente, con objetividad administrativa, sin llunk’eríos, desprovisto de todo afecto personal o subjetivo, pues todavía está en la memoria de muchos compañeros míos en Cochabamba la forma en que esta señora mató nuestra agrupación civil, el Foro Cultural, impidiendo con su abrupta ruptura nuestra participación en el proceso autonómico cochabambino así como en las elecciones de diciembre y abril, entrando al juego sucio de un estrecho colaborador del prófugo Manfred Reyes Villa —Freddy Camacho Calisaya—, quien también fue asesor personal de Zulma Yugar (redactándole sus cartas públicas) en los días finales del Foro Cultural. Y que no diga que el Foro Cultural murió por fallas humanas; fueron fallas suyas.

Zulma Yugar debe renunciar

En descargo del señor Vladimir Pérez, sostengo que el problema principal en el Ministerio de Culturas no es el asesor anti-evista y anti-indígena de la Ministra. Es la Ministra misma. La señora Zulma Yugar adolece de una insalvable limitación ideológica que le impide asumir un genuino rol revolucionario en este proceso.

¡Qué diferente su estilo de gestión comparándola con otras dignatarias que representan al género femenino en el Gabinete del presidente Evo Morales!

Ministras de gran idoneidad y capacidad de gestión como doña Nemesia Achacollo, Nilda Copa, Antonia Rodríguez o la doctora Nila Heredia mantienen una relación horizontal y comunitaria con su personal dependiente, practicando la sabia humildad de nuestro pueblo trabajador. Ellas fueron fogueadas en la resistencia militante a las dictaduras y al neoliberalismo. En cambio la señora Yugar ha erigido para sí misma una inaccesible torre de cristal en el Palacio Chico, al cual ingresa pavoneándose como pisando alfombras rojas y maltratando irrespetuosamente a sus colaboradores, incluso a los más estrechos. No se podía esperar otra cosa de quien adquirió fama y fortuna durante las dictaduras de Barrientos y Banzer, jamás hizo nada para combatir a García Meza, y gozó de jugosas prebendas durante los regímenes racistas y neoliberales de Paz Zamora, Sánchez de Lozada y Tuto Quiroga.

Su tendencia a rodearse de personajes de sinuosos antecedentes políticos durante su actual gestión como Ministra de Culturas, es signo de su limitación ideológica colonizada y folclórica, incompatible con el actual proceso revolucionario indigenal. Antes de Vladimir Pérez, tenía como asesora a una ciudadana serbia que editaba artículos furiosamente racistas y anti-evistas en la revista cruceña “Datos” (publicación vinculada a la Unión Juvenil Cruceñista), a la que tuvo que destituir por un pedido expreso de Oscar Coca, el Ministro de la Presidencia.

Carece de una estrategia ministerial ligada estrictamente a nuestro proceso revolucionario. Su única “estrategia” posible —a la cual se subordina todo lo demás— es “reforzar” su imagen personal en una lógica de mero marketing artístico, puro maquillaje, simple manipulación mediática. Ahí es donde terminé sobrando.

Cuando acepté colaborarla, me anunciaba que una de las tareas fundamentales de su gestión sería “implementar” una “reingeniería administrativa” para romper los lastres colonizantes y tarimeros de la gestión pasada. Le tomé la palabra y propuse redefinir la relación entre las áreas de Promoción y Comunicación fusionándolas en una sola unidad subordinada a los intereses de la revolución indígena y campesina. No quiso. Para Zulma Yugar, Promoción sigue siendo prioritariamente el armado de tarimas y organizar “mega-shows” folclóricos en los estadios, y Comunicación debe limitarse a apoyar esa rutina de derroche diseñando banners y pasacalles.

Mi gestión al mando de la Unidad de Comunicación se vio sujeta a esa camisa de fuerza impuesta por las limitaciones ideológicas de la Ministra. Intentó imponerme una agenda de trabajo restringida a difundir firmas de convenios que nunca se cumplen, actos de homenaje a su persona o visitas protocolares en su despacho, y que le escriba sus discursos.

Mi línea iba por fortalecer la gestión ministerial desarrollando una acción comunicativa de impacto nacional sobre los temas más sensibles y urgentes de esta gestión, a saber:

Cumplir las recomendaciones de la Unesco, hasta hoy incumplidas por el Ministerio de Culturas, para sensibilizar a la población sobre las consecuencias ambientales y de destrucción patrimonial del Cerro Rico de Potosí, para lo cual la Unidad de Comunicación estaba dispuesta a producir todos los materiales de difusión y promoción de acuerdo a un plan ya diseñado. La Ministra detuvo este plan y se enfrascó en una campaña de figuración personal provocando un conflicto de competencias con el Ministerio de Minería y polarizando a las instituciones potosinas, en un tema en el cual el Ministerio de Culturas sólo debía limitarse a concientizar a la población sobre la necesidad de preservar no sólo el Cerro sino todo el entorno patrimonial de la ciudad de Potosí, sin necesidad de protagonismo alguno. Esa campaña concientizadora sigue detenida y el Cerro Rico se hunde cada día que pasa. No entiendo a qué pleito judicial quiso llegar con el tema del Cerro Rico, pues durante una reunión sostenida con representantes del Comité Cívico Potosinista, apareció como su “asesora legal” la conocida abogada litigante Teresa Montaño, involucrada en el caso de Santos Ramírez.

Organizar, desde la unidad fusionada de Promoción y Comunicación, un Seminario Taller para abrir un gran diálogo nacional respecto al problema de la supuesta “apropiación” del acervo folclórico boliviano por parte de los pueblos quechuas y aymaras en ciudades peruanas fronterizas con Bolivia. Yugar se niega a organizar ese debate nacional mediante seminarios y talleres con concurrencia de toda la sociedad civil, ya que sus unidades de Promoción y Comunicación, desarticuladas como están entre sí, son incapaces de organizar un evento de tal naturaleza. Opta por la tendencia judicializadora, xonófova y chauvinista respecto a ese tema, y figurar mediáticamente en torno a él.

Difundir los contenidos de un proyecto de Ley del Patrimonio Cultural que cuenta con financiamiento español, dada la urgencia de superar, en el nuevo escenario constitucional, la obsolescencia de la Ley del Monumento de 1928 que rige sobre las políticas de preservación patrimonial. Pese a que había obtenido los insumos necesarios para iniciar esa campaña de difusión entrevistando al Arq. Freddy Riveros Rueda, Director interino de Patrimonio, Yugar me pidió detener dicha campaña debido a que ese tema no estaba en su libreta de apuntes personales donde suele anotar sus banales prioridades informativas.

Estos caminos bifurcados, que se fueron reiterando en otros temas como el de la intervención a la Unar (sobre el cual Vladimir Pérez, “por órdenes de la Ministra”, me prohibió la emisión de un boletín porque había entrevistado a un experto del Viceministerio de Descolonización, Galo Italaco, y no a los expertos preferidos de Zulma Yugar), etcétera, me llevaron a renunciar irremediablemente.

El resultado de esta mirada egocéntrica y mediocre de la gestión cultural en nuestro Gobierno es que el Ministerio de Culturas está perdiendo aceleradamente su capacidad operativa. Es un Ministerio que se está cayendo por la inercia de la vacuidad ideológica y la frivolidad política de la Ministra y sus entornos, al extremo de una inestabilidad administrativa galopante. La mayoría de unidades técnicas y operativas, sino todas, carecen de manuales de funciones y muchas jefaturas claves, como la de Recursos Humanos, sufrieron cambios en sus mandos reiteradamente. Y lo más triste, nadie quiere acompañar a la Ministra en sus actividades oficiales fuera del Palacio Chico, salvo su grupo de seguridad, por temor a recibir maltratos y gestos prepotentes de su parte.

Me he visto obligado a extenderme en esta aclaración, movido por las circunstancias, ya que un asunto tan delicado para la fortaleza emblemática e ideológica del Estado Plurinacional de Bolivia no puede ser motivo de anónimos ni denuncias imprecisas. He tomado la palabra asumiendo un deber como militante de la Sociedad Civil y soldado del proceso revolucionario que encabeza el presidente Evo Morales, y al hacerlo ejerzo mi derecho de exigir la renuncia de Zulma Yugar al Ministerio de Culturas, pues considero que su presencia en dicho cargo es una traba reaccionaria a este proceso.