Un debate entre brasileños sobre quien era mejor, Serra o el continuismo de Lula, suscitó el tema de la acusación de Serra a Evo Morales de cómplice (conivente) del tráfico de drogas.

El tráfico de drogas entre Bolivia y Brasil existe desde los mediados de los 50, porque muchos brasileños consumen cocaína. Por lo que los aborígenes y mestizos en Bolivia producen coca para su consumo, el de la clase media en el norte de Argentina e cada vez más para la producción de cocaína, sumamente rentable. De donde cantidades de nuevos ricos y las construcciones de edificios, principalmente en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. La respuesta es clara, la tonelada de quinua está en los USD 3.000, la de soya por los USD 250 y la de cocaína en New York en 60 millones. En el Brasil está más barata. El mercado mundial de la cocaína es de USD 72 mil millones.

¿La culpa la tiene Freud que remplazó el opium por cocaína? No, sino los criminales en el mundo entero que se dedican a producir cocaína y traficarla, un negocio que da más dinero que la venta de armas o después de ésta. El Brasil, se sitúa entre los seis países en producción de armas y exportación, especialmente al Medio Oriente, la mayoría armas convencionales. Pocas de tecnología sofisticada. Vendieron o venden a Iraq, Libya para su invasión a Chad, a Bolivia. También vendieron 1.000 aviones jet de combate a un costo de USD 10 millones cada uno a Italia, equipados con misiles. El promedio de ventas anuales es de unos USD 1 mil millones (se estima USD 600 mil año el ingreso de Bolivia por cocaína).

Algunos países venden armas otros producen coca. Infelices los que mueren a raíz de las armas y de la coca-cocaína. Pero dichosos los que ganan mucho dinero. Ahí están, los que manejan el Comando Vermelho, el Primeiro Comando da Capital o Partido del Crimen y otros grupos producto de que solo “Pobre, Preto e Prostituta” terminan en las cárceles brasileñas, donde pocos son los políticos y empresarios que negocian hasta con los desayunos escolares, generalmente relacionados con los políticos que les hacen ganar licitaciones o policías enredados con el narcotráfico o los negocios turbios de delincuentes comunes.

Los que acusan a Evo Morales, acusan a Lula de fomentar la corrupción, como si ella fuera exclusiva al Partido de los Trabajadores; varios opositores la aprovechan para que el gobierno logre aprobación de leyes que le interesa. Que Evo Morales comete errores, sin discusión. Pero la mayoría del pueblo boliviano lo considera como uno de ellos, porque se encuentra menos marginada y le deja producir coca, sin la cual no hubiera sobrevivido después del DS 21060. Al final Morales es producto del fracaso de la Revolución de 1952 y de las exageraciones del Consensus de Washington, como Lula del capitalismo salvaje paulista de los 50, 60 y 70, que necesitó de la protección de dictaduras militares. ¿Serra podrá ser una alternativa? En Bolivia la oposición aún no la tiene.