(Prensa Latina).- Cada vez predomina más en el cine estadounidense, sobre todo en los thriller de lenguaje de adultos, violencia y sexo, el reflejo de que lo determinante es el triunfo sobre los demás y no que prevalezca la justicia. El lema de que “el crimen no paga” extendido antes como moraleja en libros policiacos o en filmes de igual naturaleza, ha desaparecido para ceder el espacio al éxito a toda costa como conclusión explícita o no.

Es el reflejo de una sociedad en la que se expande el predominio de la fuerza sobre la razón y la conquista sobre el derecho, sobre la base elemental de que el fin justifica los medios.

Así se siembra en la conciencia social una conducta en correspondencia con la denominada “estrategia de impunidad total” denunciada por el jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas rusas, general Leonid Ivashov, en la columna titulada La sorpresa nuclear de Obama.

Es la lógica del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (Project for the New American Century o PNAC), del grupo ideológico y político republicano creado en Washington en la primavera de 1997 para promocionar “el liderazgo mundial de Estados Unidos”, bajo la administración de George W.Bush entre 2001 y 2009.

Aquel programa propone, según Wikipedia, “la dominación suprema, militar y económica, de la Tierra, el espacio y el ciberespacio por parte de Estados Unidos, así como el establecimiento de la intervención en los problemas mundiales (Pax Americana)”.

“El nombre de la PNAC procede de la expresión “el nuevo siglo americano”, basándose en la idea de que el siglo XX ha sido “el siglo americano”, y que la situación anterior “debe prolongarse durante el siglo XXI.”

Lo que está en línea con lo publicado el primero de julio por Rick Rozoff, quien identificó a Estados Unidos en el sitio Web Global Research como “un país que aspira a seguir siendo el único Estado en la historia que ejerce la dominación militar de espectro completo en la tierra, en el aire, en los mares y en el espacio.”

Se consolidaría como el país “que mantiene y extiende bases militares y tropas, grupos de batalla de portaaviones y bombarderos estratégicos sobre y en casi cada latitud y longitud” y “que lo hace con un presupuesto de guerra récord posterior a la Segunda Guerra Mundial de 708.000 millones de dólares para el próximo año.”

Así, la proyección del triunfo a toda costa se traduce en lo militar, como refleja el general ruso Ivashov, citado por Rozoff y comentado por Fidel Castro en diversas ocasiones.

“No se puede descubrir en la historia de EE.UU. durante el siglo pasado -dice- un solo ejemplo de servicio sacrificatorio de las elites estadounidenses para la humanidad o para los pueblos de otros países. ¿Sería realista esperar que la llegada de un presidente afro-estadounidense a la Casa Blanca cambie la filosofía política del país, orientada tradicionalmente a lograr la dominación global?”

Las guerras hoy día son una confrontación de Estados Unidos contra el mundo, bien por medios bélicos tradicionales -incluidos los nucleares o los de nuevo diseño- o por otros más sutiles, si se exceptúan los conflictos locales, generalmente muy relacionados también con la política y los intereses estadounidenses en el mundo.

Según el Instituto del Tercer Mundo, radicado en Montevideo, Uruguay, los Estados Unidos desde 1990 estuvieron (más) vinculados a los llamados conflictos asimétricos contra grupos o movimientos políticos, sociales o religiosos demonizados, que defendían generalmente intereses de sus naciones, etnias, pueblos o aspiraciones relacionadas con la justicia social.

Luego del conflicto Este-Oeste, la gran potencia del Norte, sus aliados y las clases afines se propusieron asumir el control global y eliminar o reducir los restos de socialismo que se les opusieran.

George W. Bush padre había proclamado en febrero de 1991, al recibir a sus soldados provenientes de la Guerra del Golfo, la instauración del nuevo orden mundial y la Iniciativa para las Américas, génesis de lo que luego se trató de implantar como Área de Libre Comercio para las Américas.

Era un reflejo de la vieja aspiración estadounidense, que en ese momento aprovechaba la crisis y desaparición del llamado socialismo real y de la Unión Soviética como potencia de contención.

A partir de la desaparición de la URSS comenzó a desvanecerse la distinción entre la guerra y la paz globales y se tornaron menos definibles los frentes de batalla, excepto en algunos casos pendientes por razones políticas, económicas o geoestratégicas.

Hoy se reimpulsa, sin embargo, la lógica confrontativa de Estados Unidos, a la cabeza del mundo industrializado, que se centra en dominar aún más las fuentes de energía, agua, biodiversidad y fuerza de trabajo barata.

Apela en creciente medida al gran poderío bélico en su “estrategia de impunidad total”, como la califica el general Ivashov, contra toda gran potencia o país que le moleste en sus objetivos geoestratégicos, tal es el caso de Irán, como antes lo fue Iraq por pretextos similares.

Se trata del casus belli, expresión latina traducida como “motivo de guerra”, en referencia a las circunstancias que suponen “causa o pretexto para iniciar acciones bélicas”, un término que surge en el contexto del Derecho internacional de finales del siglo XIX, debido a la doctrina política del ius in bello o Derecho de guerra.

En los últimos años, los estrategas del Pentágono han coincidido en que el ex presidente iraquí Saddam Hussein fue el último que “tuvo el mal tino de presentar una guerra simétrica a la superpotencia militar, durante la Guerra del Golfo de 1991”, aunque no parecen esperar que Irán no lo haga.

Ahora, para situar bajo control a las fuerzas políticas adversas; a nacionalistas y representantes de culturas milenarias, y sobre todo, a defensores de los recursos naturales de sus países, se añaden otras prácticas al arsenal de recursos, sin excluir el uso del gran poderío militar.

Así, Estados Unidos ha intensificado la privatización de algunas operaciones militares, mediante una modalidad denominada “outsourcing”, y que consiste en la contratación de mercenarios.

El referido Instituto del Tercer Mundo reflejaba años atrás que Estados Unidos califica a otros estados, según sus conveniencias e intereses, como rufianes o criminales y les niega la soberanía conferida por el derecho internacional.

En virtud de ello se muestran las guerras (en determinados casos) como dirigidas contra abstracciones, del modo que sucedió con la declarada contra el terrorismo por el presidente George W Bush, al atacar a Iraq y Afganistán, que no habían atentado contra el Nueva York Trade Center o el Pentágono.

Al situarse por encima del relacionamiento igualitario entre los estados del planeta, como hace con sus listas de países terroristas o “descarriados”, anula a Naciones Unidas y consagra a la Unión Americana como definidora del orden mundial.

Su base es la imposición de la supremacía a toda costa y por todos los medios a su disposición, ahora en complejas condiciones de crisis económica, sin salida visible, como no sea el estancamiento por años de su crecimiento económico.

En el artículo del general Ivashov comentado por Fidel Castro en sus reflexiones y en el programa la Mesa Redonda, se considera que “el concepto del Ataque Global Inmediato tiene el propósito de asegurar el monopolio de EE.UU. en el campo militar y ampliar la brecha entre ese país y el resto del mundo”.

A lo que añade: “En combinación con el despliegue de defensa de misiles que supuestamente debería mantener a EE.UU. inmune contra ataques de represalias de Rusia y China, la iniciativa de Ataque Global Inmediato va a convertir a Washington en un dictador global de la era moderna.”

Ello situaría al mundo ante un futuro sin independencia, soberanía ni paz, hasta para la mayoría de los propios pobladores de Estados Unidos, bombardeados hoy por la cultura del triunfo sobre los otros, aunque sea por medios criminales.

Su base es la lógica simplista de una sociedad en la cual el concepto de perdedor está directamente relacionado con la no posesión de riqueza y fortuna.

Ser ganador consiste en poseer medios fastuosos que sitúen al individuo por encima de lo demás, en un mundo cuya población crece a velocidad vertiginosa y cuyos recursos y posibilidades físicas se encuentran limitados, sobre todo por la distribución inequitativa.

Estados Unidos acelera la carrera suicida del desarrollo y aplicación creciente de medios bélicos, lo que la impulsa también en otros países, armas que luego serán superadas y sustituidas por otras hasta cuando el planeta y la humanidad no lo soporten más.

En sentido contrario, el criterio humanista sería desarrollar, como alternativa posible, una existencia pacífica y justa para la humanidad y para la salvación del planeta, porque la vida no es un thriller, si bien adquiere ahora carácter de terror global.

* Editor de temas globales.