Lustrosos, ofreciendo una imagen que desmiente historias sobre las terroríficas cárceles cubanas, arribó a Barajas el primer grupo de mercenarios cubanos acogidos por el Estado español. Poco tiempo llevaban cuando comenzaron a revelarse comportamientos. Unos clamaban por la presencia de un miembro de la embajada estadounidense. Pobres diablos… deseosos de hacer la genuflexión ante el representante del amo para que los despachen rumbo a Estados Unidos.

Alojados en un hotel, muy lejos del centro de Madrid, que supondrían suntuoso, pronto surgieron las críticas: Que si era un poco incómodo, que por suerte sólo estarían 3 días en ese lugar, que si sólo había un baño en la habitación… ¡Llegar al idílico mundo y recibir semejante bazofia! Ellos requieren lujo, boato, que son, en la democracia de los millonarios, exclusividad de la Gran burguesía. Alguno aspira a trabajar en España… con 60 años de edad. Es posible que consiga, por caridad, lo que se les niega a tantos africanos forzados a emigrar por culpa del Sistema que él defiende.

De momento el régimen de Juan Carlos I se hará cargo de sus tratamientos médicos (quienes lo precisen, porque alguno luce gordito), necesidades sanitarias y educación. Y lo aceptan por inconsecuentes. La clase obrera consciente, no da la bienvenida a mercenarios defensores del capitalismo privatizador, criminal y explotador.

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