Desde el prehispánico Chuquiabo, 1548, 1781, 1809… también 1899 y 1952, y el 2003 y 2006 sobresalen entre los muchos hitos conmemorativos de esta tierra signada como “tumba de tiranos”. Pero hay muy poco acerca del horizonte a mediano y largo plazo en una historia que da para mucho futuro.

Varias fechas memorables tiene Chuquiabo/La Paz desde aquel remoto asentamiento precolombino que los españoles comenzaron a trajinar diez años antes de la fundación del pueblo nuevo, hasta que en octubre del 1548 éste quedó depositado sobre el centro ceremonial de unas 400 chozas de ayllus aymaras y quechuas, originarios de la etnia pacaje y de mitimaes-colonizadores trasladados desde el Cusco y el lago Titicaca.

Tras la fundación del pueblo nuevo de Nuestra Señora de La Paz, otro acontecimiento, a casi 250 años de la colonización hispana, fue la sublevación que en 1781 encabezó Julián Apaza —“Tupac Katari”— desde su natal Ayo Ayo, singularmente respaldado por su esposa, Bartolina Sisa, y su hermana Gregoria Apaza, en el contexto de una insurrección general de indios que comenzó en Chayanta con los Katari y se extendió hasta el Cuzco con José Gabriel Condorcanqui, “Túpac Amaru”.

Casi 120 años después, también en territorio pacaje, desde Sica Sica y Ayo Ayo precisamente, una nueva rebelión indígena, esta vez contra el estado re-colonial heredero de la independencia usurpada a las montoneras de guerrilleros mestizos y combatientes nativos, inició en 1899 el célebre Pablo “el Willca” Zárate, en alianza con antigua nación sora, entre Caracollo, Paria y Pazña, Oruro y jefes de Chayanta y Sacaca, Potosí, y de Tapacarí, Cochabamba, aprovechando el soliviantamiento político aymara que fomentaron los liberales paceños en pugna decimonónica con los conservadores de Sucre.

(La rebelión del Zárate “Willka” fue sin embargo uno de los centenares de levantamientos indios registrados desde los tiempos de Melgarejo hasta el preludio de la revolución nacionalista, ya en siglo XX, contra la apropiación de las tierras comunales por parte de la élite blancoide mestiza: el alzamiento de 1899, por ejemplo, rebrotó en 1921 entre los ayllus de Jesús de Machaca, en el altiplano sur-lacustre).

Tres décadas después, el 9 y 10 de abril de 1952, La Paz registró un nuevo suceso de su historia política: el fin de un régimen oligárquico de medio siglo y el comienzo de otro de sucesivas reformas sociales, dictaduras militares y restablecimientos democráticos, que consolidó la inserción de Bolivia en un modelo de capitalismo de Estado, el cual desde el 18 de octubre del 2003 (fuga del antepenúltimo de los presidentes neoliberales) se intenta disolver al influjo de un gobierno izquierdista que desde el 22 de enero del 2006 procura, con problemas de corrupción, ineficiencia y perspectiva, como inveteradamente otros, la reinstitucionalización del país a través de un estado plurinacional y autonómico, amparado por una nueva Constitución.

Ninguna como el 16 de julio

De entre todas las efemérides cívicas además de la Fundación de la ciudad, los paceños se inclinan en mayor grado por las fiestas julianas.

Sobre todo, por la víspera: la noche del 15 de julio y el desfile de teas que tradicionalmente encabezan el alcalde de la ciudad y el prefecto (ahora gobernador), acompañados del presidente de turno, las instituciones y el pueblo en verbena, en recuerdo de la revolución con la que Murillo y los otros próceres mestizos destituyeron a la gobernación y la jefatura de la iglesia locales, se declararon en oposición a la Junta española que discrepaba de su rey, instauraron una propia Junta Tuitiva con participación india y proclamaron con sagacidad un gobierno independiente, aunque en nombre del mismo rey, para legitimar su movimiento (Klein, 1997).

Se trata de la celebración mayor de los paceños; la conmemoración que pone al olvido otras gestas insurgentes (la del cacique Victoriano Titicocha y el escribano Juan Manuel Cáceres durante otro cerco a La Paz en 1811, la resistencia en Inquisivi y Yungas de José Miguel Lanza, Lira, Chinchilla, el tambor Vargas; la del cura Muñecas en Larecaja, etc. en la guerra independentista) y hasta el nacimiento de la ciudad (y del Departamento: ¿quien recuerda que la creación data del 23 de enero de 1826?) y proezas libertarias diferentes en otros periodos de la vida del municipio y la región.

¿Sólo fervor y civismo?

Pero a 462 años de su fundación oficial, a 201 de su insurgencia anticolonial y a casi seis de su existencia en la trayectoria del estado plurinacional, La Paz no sólo es civismo, la tea encendida que nadie la podrá apagar, desfiles, proclamas y muchas promesas.

Tampoco estadísticas, pese a que el departamento se acerca a los 2.8 millones de paceñas y paceños, supone el 30 % del electorado nacional, y sus estimaciones demográficas sitúan a El Alto con 950 mil habitantes; a Caranavi con 41 mil, a Viacha con 18 mil y a Achocalla con 12 mil pobladores, entre las ciudades intermedias, y a las provincias Ingavi, Aroma y Omasuyos con 114 mil, 110 mil y 97 mil personas, respectivamente, o que el Producto Interno Bruto nominal alcance a 928 dólares per cápita y que haya 86 municipios con cerca de 500 cantones.

En muchos sentidos, La Paz es también —especialmente como región— la insuficiencia de planificación global y estratégica para el desarrollo, según diversos informes, algunos de ellos coincidentes como los del PNUD-Bolivia a pesar de la diferencia de años entre publicaciones.

El reporte Desarrollo Humano en las Montañas. Informe sobre la ciudad de La Paz (1995), advertía hace 16 años que si bien la crisis económica de los 80’ había desacelerado su desarrollo, se topaba con dificultades para identificar nuevas sendas de crecimiento departamental.

Por entonces, resultaba evidente que muchos proyectos —sobre todo el benemérito agroindustrial del Bala, cerca de San Buenaventura, sobre el río Beni— habían resultado casi deliberadamente postergados no sólo por intereses de los gobiernos favorables a la oligarquía cruceña (los ambientalistas tampoco quieren saber del mismo), sino por la falta de visión amazónica y agrícola tropical de la dirigencia local, centralista, empeñada más en medrar de la ex Cordepaz, alcaldías, prefecturas y corregimientos dependientes de la Presidencia incluso hasta después que fuera reinstaurada la democracia municipal en 1985.

Discordias y concordias

Aparte de las rupturas sensibles entre fuerzas parecidas, los recientes comicios municipales han permitido trazar y actualizar desde diferentes ópticas la perspectiva regional y metropolitana. Así, enfoques generales de las dos principales fuerzas políticas: el MAS, con César Cocarico, y el MSM, que postuló a Simón Yampara, esbozaron una planificación en ciernes y corroboraron ciertas carencias.

Una de éstas es la tendencia a la metropolización, que es apenas aludida por Yampara y resulta cuestionada por la actual gobernación de Cocarico (ver recuadro sobre ambas visiones).

Otra es la integración con regiones aledañas de Perú y Chile (Tarapacá y Tacna) con miras a la conformación de una Macrorregión sur que incluya el denominado “altiplano marítimo” y conexiones con la Amazonia boliviano-brasileña, proyecto alentado por Naciones Unidas, la Corporación Andina de Fomento y la Integración de Infraestructuras Regionales Sudamericanas (IIRSA).

El último específico sobre La Paz (PNUD, 2003 elaborado en tiempos de la insinuada exportación de GNL a Chile) planteó el redescubrimiento del territorio ante problemas últimos como la decadencia de la centralidad económica y aún política (“la perplejidad de saber que ya no se es lo que alguna vez se fue”) a fin de establecer nuevas visiones o vocaciones productivas que refuercen sus fortalezas humanas, empresariales, financieras y de relativa infraestructura.

Pero hoy los tiempos son otros, de mayor perspectiva de La Paz como uno de los bastiones del nuevo estado plurinacional aunque subsisten viejos retrasos: si bien es la mayor ciudad del sur peruano, el norte chileno y el oeste boliviano, como región no tiene un IDH mejor que, por ejemplo las que conforman Iquique, Tacna o Arica

Los dos enfoques electoralmente mayoritarios, sin embargo, aparecen como complementarios si se siguen las ideas de reciprocidad propugnadas por los rivales de coyuntura, a pesar de la reciedumbre entre sus líderes y la angurria de muchos de sus militantes.

Aparecen. Porque según las recientes discrepancias en torno a la absurda decisión de dividir a los paceños en unos convocados a la conmemoración del MAS y otros que asistirán a los tradicionalmente encabezados por el alcalde paceño —heredero histórico de Alonso de Mendoza, Pedro Domingo Murillo y otros personajes cuyos desvelos fueron el antiguo y actual Chuquiabo y su hinterland— se está abriendo una grieta sociopolítica que amenaza con quebrar, al menos en lo oficial, la nítida lucha de los paceños de diversos orígenes contra las tiranías y dictaduras de distinta índole aquí, en ésta que ha probado ser muchas veces tumba de tiranos●

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Demografía en el Area Metropolitana-LP

La Paz 839 mil habitantes

El Alto 864 mil

Viacha 75 mil

Pucarani 29 mil

Laja 16 mil

Achocalla 16 mil

Palca 16 mil

Mecapaca 11.000

Total: 1.8 sobre 2.8 millones de habitantes

(Proyección INE al 2008. Fuente: GMLP)