La extensa teoría marxista, entendida como la forma de comprensión de las condiciones de existencia de la vida en sociedad, de su ordenamiento jurídico ideológico en el plano superestructural como de su mantenimiento económico y productivo en el plano estructural, así como su constante interrelación e internegación, ha dejado acentuada la existencia concreta de una diferencia entre lo que el mismo Marx denomina relaciones de propiedad y relaciones de producción.

Estas categorías de análisis, a pesar de estar diferenciadas por Marx, han aparecido en la historia mezcladas, lo que representa uno de los principales errores teórico-prácticos de muchos grupos trotskistas y marxistas revolucionarios en todo el mundo, luego de la degeneración burocrática de la Unión Soviética y de la segunda guerra mundial. Este error se extiende hasta hoy en día, no solo en la caracterización político-económica de los movimientos y revoluciones de postguerra, sino que se manifiesta, además, como un atraso frente a la necesidad de relanzar la teoría de la revolución socialista.

Con la intensión de incentivar elementos para el análisis y el debate fecundamente imperioso al respecto de la comprensión de la teoría marxista y sus consecuencias prácticas, debemos de comenzar por remarcar lo que en su origen debe de entenderse por relaciones de propiedad, relaciones de producción y su diferencia.

Para el marxismo las relaciones de propiedad son parte de lo jurídico ideológico, lo que quiere decir que se constituyen o existen en el plano superestructural a través de ordenamientos legales, leyes jurídicas, tan ideológicamente pulidas, que se instauran en el imaginario colectivo de importantes sectores de la composición social, a través de las instituciones políticas del Estado.

Por su parte, las relaciones de producción son constituyentes y a la vez consecuencias, productoras de y reproducidas por lo que conocemos como estructura económica social. Lo que quiere decir que, a pesar de que los medios de producción, las fábricas, empresas, y todo tipo de propiedad privada haya sido expropiada y estatizada, y así haya quedado estipulado en y a través de las instituciones políticas del Estado, lo económico, las relaciones de producción en última instancia, solo en última instancia, en cuanto producción y reproducción de la vida determinan el carácter de un Estado, ya que se debe de considerar, en la esfera de la producción, que a pesar de lo que se diga sobre las relaciones de propiedad, si existe extracción de plusvalor o excedente del producto inmediato al trabajo de uno por otros, aunque ese “otros u otro” sea un Estado llamado “Estado obrero”, estamos frente a una distorsión de los planteamientos de la teoría marxista y, por tanto, no necesariamente frente a un Estado que realmente se le pueda dar el nombre de Estado obrero.

Este error de comprensión de la teoría marxista por parte de algunas corrientes y grupos trotskistas como la LIT (Liga Internacional de Trabajadores) reivindicadora de la teoría morenista – corriente teórica impulsada por Nahuel Moreno – así como por otras organizaciones marxistas revolucionarias a nivel mundial, ha suscitado en lo inevitable, de una interpretación errónea a nivel teórico una caracterización de revoluciones incorrecta, como por ejemplo ha pasado con el caso de Cuba, China y otras revoluciones sucedidas luego de la segunda guerra mundial. Así, las caracterizaciones equivocadas conllevan igualmente a la imposibilidad de construcción de una línea política que piense y relance una teoría de la organización y una teoría de la revolución.

Como ejemplo de lo mencionado habrá que agregar al análisis una de las consecuencias más nefastas para los grupos trotskistas y otros partidos de izquierda revolucionaria, producto de los mencionados errores teórico – prácticos presentes durante casi la totalidad del siglo XX y acompañándonos hoy día, esta, representa, sin duda, el problema y el entorpecimiento de haber desdibujado y perdido de vista al sujeto político y social para la revolución socialista, la clase obrera trabajadora y caer en el “sustituismo”. Este “sustituismo” se presenta a escala mundial, con el análisis de Cuba y de la Revolución China principalmente, cuyo sujeto de la revolución en ambas no fue el proletariado.

Sin embargo, eran llamadas revoluciones socialistas dotadas de argumentaciones teóricas reduccionistas realizadas por grupos trotskistas que recargaron su caracterización solo en las condiciones objetivas, estallidos sociales ante embates imperialistas, las crisis económicas capitalistas y su tentadora oportunidad para lograr junto con ellas una crisis política, pero perdieron de vista la disposición de elementos subjetivos de la clase obrera, que hacían de esta, aún bajo condiciones objetivas que podían abrir paso hacia la revolución socialista, una “clase en sí” y no una “clase para sí” que se colocara al frente del proceso revolucionario.

Este retroceso atroz de reemplazamiento de la clase obrera por otros grupos oprimidos, nos recorre aún, en lo que respecta a la elaboración teórica como en cuanto a tareas propagandísticas y agitativas, al haber desfigurado como campo de intervención privilegiado a la clase obrera. Tal situación se refleja con muchísima más dureza en los grupos trotskistas latinoamericanos donde la tradición de lucha no ha pasado necesariamente por la clase obrera, sino que ha tenido siempre una marcada tendencia populista y una, hasta el momento inevitable, dirección pequeñoburguesa, por la diversidad de grupos oprimidos y explotados presentes en esta región, situación que ha desembocado en la derrota de los movimientos revolucionarios o rebeliones latinoamericanas.

Este fenómeno del “sustituismo” presente en la cosmovisión de muchos grupos marxistas revolucionarios parece alejarse cada vez más de la tesis original de Marx, la correspondencia entre clase obrera y revolución socialista, anotando que al ser el proletariado la clase creadora y productora es la clase dirigente del proceso revolucionario y que todos los demás grupos oprimidos y explotados solo pueden logar su emancipación total siendo aliados estratégicos de la clase obrera y luchando junto con ella por la revolución socialista.

* Prensa Socialista N.102-socialismo-o-barbarie.org