Así como es difícil mostrar desacuerdo ante conceptos abstractos como “igualdad”, “derechos humanos”, “justicia”, tampoco se puede decir que se está en contra de lo que se conoce como interculturalidad, a no ser que uno sea seguidor de ideas neonazis. Como pasa con los anteriores conceptos, el término “interculturalidad” no es bueno ni malo en sí mismo. De acuerdo a los planteamientos políticos, adquiere una u otra connotación.

El régimen de la propiedad social de los medios de producción, es decir la futura sociedad socialista, no podrá menos que practicar la interculturalidad de la manera más extendida posible dejando en el pasado las prácticas etnocidas o aculturacionistas de la barbarie capitalista. Sin embargo, cuando los teóricos indigenistas nos plantean la posibilidad de practicar la interculturalidad en medio de un mundo –y un país- donde la opresión nacional, las prácticas racistas son efectos de condiciones sociales –propiedad privada de los medios de producción-, el concepto se convierte de una “sana intención” en un planteamiento francamente reaccionario porque está suponiendo la convivencia armónica y la colaboración entre explotados y explotadores, o mejor, la aceptación pacífica y el sostenimiento, por parte de los primeros, del régimen de opresión de sus verdugos.

Los teóricos de la posmodernidad que han dado fin a las teorías universales, creen necesario construir una sociedad más “plural”, es decir más “amplia” y “tolerante”, en el que las diferencias no sean cuestiones que nos separen, sino que sean parte de una sociedad inclusiva. Sin decirlo explícitamente, el proyecto de ley “Siñani-Pérez” agota sus posibilidades de interculturalizar en la instauración de una educación trilingüe. Los fervientes teóricos de la descolonización acaban sosteniendo que su finalidad estratégica en este ámbito se reduce a que los habitantes de este país hablemos lengua originaria, castellano e inglés. Llamar “descolonización” al simple hecho de establecer ciudadanos plurilingües es un verdadero despropósito.

En realidad, el plurilingüismo es un fenómeno bastante complejo como para querer superarlo sólo por medio de disposiciones legales en materia educativa. ¿Cómo se puede explicar el hecho de que para algunos niños el bilingüismo sea provechoso para el desarrollo de sus funciones psíquicas superiores y para otros niños, en cambio, sea fuente de muchas taras? Todo maestro ha atravesado la experiencia en la que muchos de sus alumnos pasan por diversas dificultades para aprender correctamente la sintaxis, gramática, semántica y ortografía de la lengua española producto de las “interferencias”, “obstaculizaciones” y “confusiones”, que realiza su idioma originario.

Sin embargo, la poliglotía no es dañina en todos los casos, el psicólogo marxista Vigotsky apuntaba que en otros contextos el aprendizaje de una segunda lengua juega un papel esencial en el aprendizaje de ambas lenguas y en el desarrollo de los procesos psicológicos superiores. ¿De qué depende entonces uno u otro resultado? El plurilingüismo, dice Vigotsky (Sobre el plurilingüismo en la edad infantil, p.381), es un fenómeno dinámico que debe tener en cuenta, además del desarrollo psicosocial del niño, la relación con las condiciones concretas en medio de las cuales transcurre el desarrollo del niño y de las leyes que lo rigen modificándose en cada momento de su edad.

Quien investigue las consecuencias del plurilingüismo en el desarrollo de los niños, debe tener en cuenta, prosigue Vigotsky, “…la necesidad de que la investigación tenga un carácter específico y se tenga en cuenta la totalidad de los factores sociales del desarrollo intelectual del niño, otra es la necesidad de introducir la perspectiva genética con el fin de estudiar la multiplicidad de los cambios cualitativos que tienen lugar en el proceso de desarrollo infantil”. (Ibíd: 389-390) No se debe olvidar que el lenguaje influye en el conjunto de los factores del desarrollo humano; el desarrollo intelectual, el desarrollo del carácter, de la personalidad, de las emociones e incluso en la lateralidad y por supuesto, en el desarrollo social. Por lo tanto, establecer que la enseñanza plurilingüe basta para “descolonizar” es una vulgar impostura.

En nuestros análisis hemos visto que toda medida pedagógica tiene límites en las condiciones históricas y sociales. Un gobierno, como el del MAS, incapaz de plantearse la necesidad de transformar estructuralmente el régimen capitalista, termina planteando medidas educativas estrechas, que no solucionan el problema de fondo. La imposición del monolingüismo en la Bolivia semicolonial fue una medida fundamentalmente política en consonancia con la opresión económica y cultural de las nacionalidades indígenas. Por lo tanto, su verdadera superación sólo puede darse en el marco de instaurar un régimen social donde no haya cabida para la discriminación de unas naciones o unas clases sobre otras, entretanto prosiga esta situación, la opresión cultural y una de sus expresiones, la desvalorización de las lenguas originarias, queda incólume.

* Profesor de filosofía y dirigente de la Union Revolucionaria de Maestros (URMA) del POR.