La clase obrera viene a ser la clase más avanzada y progresista de la sociedad contemporánea; la principal fuerza motriz del proceso histórico de transición del capitalismo al socialismo y al comunismo Es la clase responsable de ir eliminando gradualmente las diferencias sustanciales entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y manual, del paso de todos los trabajadores a las posiciones político-ideológicas de la Clase Obrera[1]. Es la clase consciente de lo que es y para lo que es.

Que equivocado estaba Filemón Escobar, cuando intentaba estructurar partido a través de las organizaciones sindicales, una desviación ideológica porfiada e imperdonable en la perspectiva de la “toma del poder”. Y que equivocado estará Don Evo Morales Ayma, si en base a ello, brinda cobertura a los sectores sin tomar en cuenta que: “la razón de la existencia de las Organizaciones Sindicales; será siempre, la de precautelar las fuentes de trabajo y los sueldos y salarios en un Estado Burgués”. Además, “su estructura por naturaleza, tendrá un contenido pluri-ideológico y pluri-partidario”. Y que tras 25 años de neoliberalismo, es fácil deducir que los sindicatos tengan discurso antineoliberal pero conducta neoliberal, por simple asimilación.

En la actual coyuntura, lamentablemente, no existe un Movimiento Obrero Organizado con convicción y un Programa para Avanzar en alianza con sus similares campesinos en la estrategia histórica de los explotados. Porque los obreros con consciencia revolucionaria, no se ahogan en demandas circunstanciales del sector al que representan, sino que, impulsan y guían a las masas hacia sus objetivos estratégicos, sin cálculo de tiempo ni de los riesgos de por medio. Para ello, previamente han tenido que identificar con precisión al enemigo de clase, y haber estructurado una correlación de fuerzas en base a principios mínimos. Además, tienen que haberse dotado de un Órgano Conductor de masas (Movimiento, Partido o Frente político), de un Programa Revolucionario identificado con la Problemática de los Pobres y los Trabajadores, y una claridad ideológica para la Toma del Poder; sea por la vía del enfrentamiento o por el voto en las urnas. Lo demás es charlatanería perjudicial de los Revolucionarios de Salón.

“Mientras no tengáis fuerza para disolver el parlamento burgués y cualquier otra institución reaccionaria, estáis obligados a actuar en el seno de dichas instituciones precisamente porque hay todavía obreros idiotizados por el clero y por la vida en los rincones más perdidos del campo. De lo contrario corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes”[2], sostenía con sobrada razón V.I. Lenin. Actualmente, ¿estaremos con un parlamento burgués?, ¿las instancias de decisión política institucional, estarán tramando medidas en contra de los pobres y de los trabajadores?. ¡No!, con todos los defectos habidos y por haber, su contenido de clase merece una conducción y orientación precisa para no equivocar el desemboque.

La Revolución del “9 de Abril de 1952”, fue un hecho histórico incuestionable, donde las masas se dotaron de un Programa Revolucionario, de armas para el enfrentamiento. Tenían claramente visualizado al enemigo de clase: la rosca minero feudal, y la influencia de una ideología socialista. Una correlación de fuerzas favorable, entre obreros y campesinos fundamentalmente, pero, no tenían el Órgano Conductor de Masas. La izquierda de entonces se aplazó inexplicablemente, el PIR y el POR; al haber escapado a la responsabilidad histórica en la Toma del Poder, y lo dejaron en manos del partido que no estaba en la perspectiva histórica de los explotados, el MNR; liderado por clase media intelectual. Este partido, si hizo lo que hizo, lo hizo bajo la presión de obreros y campesinos armados que le habían dado el Poder al nefasto Víctor Paz Estenssoro.

La revolución Histórica de 1952, sufrió desviaciones gracias a la falta de claridad ideológica de sus dirigentes obreros y campesinos. Y es precisamente, Don Juan Lechín Oquendo, máximo Ejecutivo de la Federación de Mineros, FSTMB, y posteriormente de la COB, quien en una supuesta lealtad con las reivindicaciones de los mineros postuló mejoras salariales superadas por la oferta del gobierno de Paz Estenssoro, al extremo de hacerla quebrar a la minería recientemente “nacionalizada”, y en contraste decidieron desnacionalizar los hidrocarburos para bien de las transnacionales. Lechín posteriormente fue vicepresidente con su supuesto rival en el segundo periodo de gobierno de Paz Estenssoro, cabeza del ala derecha del MNR.

El proceso revolucionario fue distorsionando en su perspectiva histórica. La distribución de tierras a los campesinos sin asistencia técnica ni económica, se convitió en simple propiedad privada, “regalo” del MNR. Paz Estenssoro, inclinado a los golpes de estado y a la dictadura oligárquica- militar, para gobernar erigió un control político sin precedentes y un descalabro económico de igual magnitud.

Derrotado la rosca minero feudal, el MNR se quedó con el poder. El POR, partido irresponsable históricamente, desde fuera del gobierno con poses extremas ligo intereses con la derecha, y el PIR terminó en la mismísima derecha. Desde entonces, de manera desperdigada, los militantes del POR y el PIR han sido fieles serviles de la clase contra quienes decían combatir, cautivando a las masas con un discurso penetrante que no es de ellos.

“No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía de los obreros aristócratas u obreros aburguesados”[3]. Los Revolucionarios de Salón, hasta ahora no han aprendido a identificar al enemigo de clase, ni han sabido ubicarlo para declararle la “batalla”, pero sin reparo alguno, éstos y la derecha coinciden, no quieren al actual gobierno, cuyo contenido de clase es claro, ni al Proceso de Cambios que hiere letalmente a la oligarquía y las transnacionales.

En tiempos resientes, para refrescar la memoria de los Revolucionarios de Salón; la “guerra del Agua” en Cochabamba, en abril del 2000, fue la estocada inicial y letal al “capitalismo moderno”. Un hecho similar consagrado con “La Guerra del Gas” en la sede de gobierno; con muchos heridos y muertos, lo cual desembocó en la caída y huida del último gobierno neoliberal, el de Gonzalo Sánchez de Lozada. Esos Movimientos Sociales de Octubre del 2003, mediática y despectivamente lo denominaron “Octubre Negro”, cuando en justicia fue un “Octubre Histórico”.

Sin conducción política, sin subalternizar demandas a una estrategia política, sacaron del gobierno al vendepatrias del Estado Neoliberal, Gonzalo Sánchez de Lozada; cuyas políticas de subasta del patrimonio nacional, repercutieron en los estómagos de hambre y miseria de los pobres, que en esos momentos eran la gran mayoría movilizada. Para mal del caso, los sindicatos pasaron desapercibidos del momento histórico. Estos podrán contarlo, pero en los hechos estuvieron minimizados. Lo cual debería ser motivo de reflexión y enmienda urgente, si se quiere ser consecuente con lo que es la Clase Obrera en su perspectiva histórica.

Las masas asimilaron la coyuntura, como algo insoportable, social y humanamente. Al saber que la fuente de los ingresos para el Estado, estaba condenado sólo a la cuestión impositiva y a las dádivas sobre hidrocarburos (18% para el Estado y 82% para las transnacionales), impuestazos y gasolinazos. Sin posibilidad de “nuevas y mejores fuentes de trabajo” ofertadas por el MNR. Por el contrario, depauperación de los sueldos y salarios, y un crecimiento de la economía informal con recesión económica.

Estando dadas las condiciones objetivas, no apareció el POR ni los Revolucionarios de Salón: Trotskistas y seudo izquierdistas de sectas similares; para cumplir con las condiciones subjetivas para conducir a las masas a la “toma del poder e instaurar la dictadura del proletariado, expropiando la propiedad privada sin indemnización para una sociedad sin clases ni Estado”. Un eslogan repetido de una y otra manera, por más de 60 años, sin que hayan avanzado un milímetro como partido, por el contrario, éstos se han convertido en el semillero de serviles a la oligarquía nacional digitada por el tentáculo de las transnacionales. Así, no se puede ser antiimperialista ni por asomo. Si no, tras de 60 años, tendríamos un ejército de esclarecidos “revolucionario”, a la vista de todos, que no los hay.

La gran debilidad del gobierno queda expresada en la falta de estructuración del MAS como Órgano Conductor de Masas. No reparar esta falencia a la vista de todos, es simplemente guiarse por el camino de la rutina, la improvisación y la política empírica. Porque, todo Proceso de Cambios no se da por arte de magia, lo sabemos todos, como que un parto natural no lo es sin dolor. Y lo doloroso en nuestro país no a pasado, porque el sedante llamado partido no existe. Entre tanto, la derecha goza de un entramado histórico en las instancias del aparato productivo y administrativo del Estado. Los ratones cuidando el queso.

Los Movimientos Sociales asumieron su responsabilidad en la dimensión que se los exigió la Historia. La Asamblea Constituyente hizo lo que tenía que hacer para la creación de un nuevo tipo de Estado, gran desafío, que tiende a ser eclipsado, esta vez no sólo por sus antagónicos de siempre, la derecha fascista e irresponsable; sino por los trotkistas y los revolucionarios de salón, pero también por los propios sectores que supuestamente son “sustento” del actual gobierno, pero no del Proceso de Cambios. Y todo como una consecuencia de la falta real de un Instrumento Político debidamente ideologizado y estructurado, con una convicción tal, que refleje la capacidad de renuncia y el sacrificio por los objetivos estratégicos y propios de los explotados.

No hay peor cosa que tener al enemigo en las propias entrañas. Porque ello desvirtúa cualquier proceso de cambios. De darse esa posibilidad, estaríamos en vísperas de un enemigo fuerte del gobierno y del Proceso de Cambios, y un aliado fuerte de la derecha guiado por el tentáculo del imperio Norteamericano. Todos en la estrategia de provocar la división del país. Esta posibilidad no se la destruye solamente con la cuestión legal y formal, sino más bien con un Órgano Conductor de Masas, un Programa y una diáfana Política de Alianzas.

Volveremos sobre el tema. Y gracias por aliento que recibimos para continuar escribiendo estos modestos ensayos.

Víctor Flores Álvarez

Sucre-11-Julio-2010

[1] Diccionario Político, Traducido del rudo por O.Razinkov, Editorial Progreso, 1983, Pág.63.64.

[2] V.I. Lenin: “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, Editorial Progreso, 196, Pág.45.

[3] V.I. Lenin: “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, Editorial Progreso, 196, Pág.39.