La Habana, (PL).- Nada más peligroso hay que tirar piedras al vecino cuando se tiene tejado de vidrio y por estos días las noticias que me llegan del Norte lo confirman. Al menos, cuatro ejemplos recientes ocurridos en Estados Unidos, sobre la tan llevada y traída “libertad de expresión” podrían poner en dudas la aplicación de este principio en ese país, cuyo gobierno se precia de señalar con el dedo a otros en semejante materia.

La periodista de CNN Octavia Nasr, especializada en temas de Oriente Medio, es la más reciente víctima. Sus comentarios en la red social Twitter sobre el fallecido ayatola Mohamed Husein Fadlala, causaron que fuese despedida la víspera.

Nasr había expresado su admiración por Fadlala con un mensaje en el que manifestaba su tristeza por el deceso del clérigo, “uno de los gigantes de Hizbulá que respeto mucho”. Razón suficiente para que una de las directivas de la cadena, Parisa Khosravi, “conversara” con ella.

Khosravi no hizo más que notificarle la decisión de que “se vaya de la compañía”, según la referencia aparecida a una nota interna de CNN publicada este jueves en el diario The New York Times. Una frase tan simple como “Nasr se fue de su oficina de Atlanta el miércoles” puso fin al contrato de la profesional, cuya experiencia en las lides del periodismo es de más de 25 años.

De acuerdo con el perfil la reportera, esta aparecía como analista en los programas de la cadena de televisión, donde tenía un segmento en el programa semanal llamado Mideast Voices, pero además en sus blogs ofrecía “una mirada sobre la región raramente analizada en la televisión” norteamericana.

CNN consideró que la defensa en Twitter de Fadlala, líder de la rama chiíta del islam fallecido el domingo a los 74 años en el Líbano y conocido por su sentimiento antiestadounidense “comprometió la credibilidad” de Nasr.

A Helen Thomas, la decana de los periodistas de la Casa Blanca, le sucedió otro tanto. Sólo que se vio urgida a apresurar su retiro, por haber pronunciado criterios a favor del retiro israelí de las tierras palestinas.

Tras 49 años ininterrumpidos cubriendo a los presidentes de turno en Washington, Thomas anunció su “jubilación” en junio después de una controversia que empezó el 27 de mayo a través del canal de imágenes de Internet Youtube.

Pero ahora al comandante de las fuerzas del Pentágono en Afganistán le costó el puesto, “hablar demás” para la revista Rolling Stone, al punto que el presidente Barack Obama lo llamó a capítulo a Washington a finales de junio.

Aunque Obama había anunciado que no tomaría medidas extremas contra el general Stanley McChrystal, lo que siguió de inmediato al encuentro entre ambos fue la carta de “dimisión” del implicado.

Y ahora es Michael Steele, el presidente del Comité Nacional Republicano, quien anda metido en aprietos por decir que lo de Afganistán es “una causa perdida” y manifestar que lo McChrystal, palabras más o menos, fue un pasaje simpático. Sus correligionarios lo conminaron a retractarse y, aún más, a renunciar.

Así es la llamada “libertad de expresión”. A veces —muy frecuentemente— las palabras cuestan.