(Agencias).- Más de 41 mil familias sufren por la sequía intensa, sobre todo en el chaco de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz. La falta de agua dañó 24.764 hectáreas de cultivos de maíz, girasol, frijol, maní, papa y tomate, y podría matar a más de seis mil cabezas de ganado bovino.

Sudamérica sufrió entre 2008 y lo que va de 2010 un total de 55 even­tos extremos: 33 inundaciones, ocho aludes, siete sequías y cinco tormentas extremas que provocaron la muerte de 1.152personas yafectaron a más de 7millones de individuos, estima el Centro para la Investigación sobre la Epide­miología de los Desastres (CRED por su sigla en inglés).

La exten­sa sequía que castigó severamente la región sudamericana en este período afectó principalmente a la producción de alimentos, provocó una caída en el nivel de aguas del Río Paraná e incluso redujo en el volumen del Lago Titicaca. Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia fueron los países más afectados en 2009.

El costo de los desastres naturales ocurridos en América del sur en 2009 supera los 10 mil millones de dólares, por encima del promedio de los años anteriores, señala el informe Tendencias en ambiente y desarrollo en América del Sur, del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) de Montevideo.

Del total de la superficie de tierras de Bolivia (109 millones de hectáreas), cerca de la mitad están cubiertas de bosques, y un tercio es considerado semi desértico o árido. Apenas ocho millones de hectáreas podrían ser clasificadas como de potencial uso agropecuario. En los últimos años, la superficie efectivamente cultivada por año fue de 1,4 millones de hectáreas, de las cuales unas 800 mil se destinan al cultivo de la soya. (World Bank, 2007).

En Bolivia se deforestan anualmente un promedio de 300 mil hectáreas de bosque por la expansión de monocultivos de soya, coca y caña de azúcar, entre otros, según el informe “La Otra Frontera: Usos alternativos de recursos naturales en Bolivia”, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El Viceministerio de Ciencia y Tecnología estima que el 41 por ciento del territorio boliviano (439.432 kilómetros cuadrados) ha sido afectado por la desertización, como consecuencia del cambio climático, el incremento poblacional, el sobrepastoreo y la tala indiscriminada de bosques.

Entre 1954 y 1996, la superficie de suelos erosionados aumentó 86 por ciento, de 236.833 kilómetros cuadrados a 437.494 kilómetros. En la actualidad, el 77 por ciento de la población nacional vive en áreas erosionadas. El gobierno boliviano alertó que este problema pone en riesgo la seguridad alimentaria.

La ministra de Desarrollo Rural Nemesia Achacollo confesó a la agencia Prensa Latina que la situación es muy delicada, y obliga a municipios y a gobiernos departamentales a realizar el máximo esfuerzo para enfrentar la emergencia climática.

Al menos 17 municipios de los departamentos de Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca padecen una intensa sequía desde 2009. En el municipio cruceño de Cabezas se estima una pérdida económica de cerca de 35 millones de bolivianos por los daños en 15 mil hectáreas de cultivos y el riesgo de pérdida de 225 mil cabezas de ganado.

La crítica escasez de agua en el municipio chuquisaqueño de Macharetí afectó a 22 comunidades dedicadas a la agricultura y a la ganadería, informó a Enlared-Onda Local la ex presidenta del concejo Gali Durán Soruco.

El Presidente Evo Morales entregó a la Corporación de las Fuerzas Armadas para el Desarrollo Nacional (COFADENA) seis taladros chinos para perforar pozos de hasta 600 metros de profundidad en zonas cruceñas afectadas. También dispuso tres camiones cisterna, tres camiones todoterreno y equipos de análisis y laboratorios geofísicos.

Por otro lado, el Centro de Operaciones de Emergencia de la gobernación de Beni informó que más de tres municipios están afectados por el déficit de agua. Extraoficialmente se sabe que los municipios de San Borja y Puerto Siles ya estarían padeciendo por la sequía.

La sequía en el chaco podría traer consigo enfermedades como las infecciones diarreicas agudas, especialmente la salmonelosis, problemas de la piel, conjuntivitis y tétanos, entre otras. El responsable nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud René Lennis explicó a Enlared-Onda Local que son recurrentes las enfermedades diarreicas agudas, debido al consumo de agua contaminada.

Por otro lado, el nivel de los ríos de la cuenca amazónica del país, principalmente de Beni y parte de Pando, está bajando a tal punto que se hacen innavegables. La baja de los caudales es mayor de lo acostumbrado, dijo el director del Servicio Nacional de Hidrografía Naval (SNHN) capitán Jorge Espinosa.

El último reporte hasta el 25 de junio muestra que los niveles de agua en los ríos de la cuenca amazónica se encuentran por debajo de los promedios normales para esta época del año. “Se está sufriendo una sequía en todo el sector de la cuenca debido a los factores climáticos y a los efectos secundarios del fenómeno de El Niño”, indicó Espinosa.

Muchos ríos de la cuenca fueron declarados en alerta verde, lo que significa ningún riesgo de inundación. El problema ahora es hasta dónde descenderán; en varios ríos se habla de una alerta verde crítica. El río Beni está en alerta verde en los municipios de Rurrenabaque y Riberalta; con tendencia a seguir descendiendo. Los mismo pasa con el río Ibare, en el tramo de Trinidad, en las estaciones Almacén y Loma Suárez.

En San Borja, Reyes y otras zonas del departamento de Beni, los ríos ya no son navegables. En Pando la situación es similar. El río Madre de Dios, en las estaciones de Puerto Heath y Lino Echeverría, en el municipio de El Sena, el nivel del agua está varios metros por debajo del barranco, con tendencia a bajar. Lo mismo pasa con el Orthon, a la altura de Puerto Rico, y el Abuná en la zona de Rapirran; el promedio de altura del caudal es de seis metros por debajo del nivel del barranco.

En Chapare, Cochabamba, también el río Ichilo, en Puerto Villarroel, está en alerta verde en todos sus tramos, con tendencia a bajar aún más: “Está con siete metros bajo el nivel barranco, lo cual es nivel bastante crítico”, alertó Espinoza.

El peligro de la desertificación

La desertificación es la pérdida de la productividad biológica de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, por lo que es considerada como una de las amenazas más graves para la humanidad.

La comunidad internacional ha reconocido desde hace tiempo que la desertificación constituye un problema económico, social y ambiental mayúsculo, que concierne a numerosos países en todas las regiones del mundo. Esta problemática fue un importante motivo de preocupación en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) que se celebró en Río de Janeiro en 1992.

Dicha Conferencia pidió a la Asamblea General que estableciera un Comité Intergubernamental de Negociación (CIND) para preparar una Convención de Lucha Contra la Desertificación, particularmente en África. En diciembre de 1992, la Asamblea General convino en ello adoptando la Resolución 47/188.

Bolivia se adhirió a la Convención de Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD en inglés) en 1994 y fue el segundo país en América Latina en ratificar su participación con la promulgación de la Ley 1688 el 27 de marzo de 1997.

En la celebración del Día Mundial de Combate contra la Desertificación, el 17 junio de 2010, el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon convocó a reforzar el combate contra la desertificación y la degradación de la tierra, y advirtió que los efectos de la sequía pueden provocar conflictos armados.

El facilitador de la Primera Conferencia Científica de la Convención de la ONU de la Lucha contra la Desertificación (CNULCD) William Dar acuñó el término “Tormenta Perfecta” para describir el desenlace inminente de los pobres que luchan por sobrevivir y que no serán capaces de responder a la combinación de las crisis globales alimentaria, energética, económica y de población, junto con la de la sequía, las altas temperaturas y tormentas asociadas con el cambio climático.

En ese escenario, dijo que se está muy lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el 2015, adoptados en una Cumbre de la ONU en el 2000. “No hay respuesta adecuada a la reducción del hambre a la mitad para esa fecha, cuando habrá un incremento del 10 por ciento de tierras áridas y sólo para lograr la seguridad alimentaria se requiere de grandes inversiones aún ausentes”, sentenció.

Según Ban Ki-moon, el avance de la sequía, el hambre y la pobreza crean tensiones sociales que alimentan la migración involuntaria, quiebran las comunidades y provocan inestabilidad política y conflictos armados.

Actualmente 1.700 millones de personas viven en áreas afectadas por la desertización y el 41 por ciento de la superficie del planeta es altamente vulnerable a la desertificación y tierras áridas, reveló el director general del Centro de Investigación para la Agricultura en Zonas Secas (ICARDA) doctor Mahmoud Solh.

Esta semana, el reconocido investigador y profesor de microbiología de la Universidad Nacional Australiana en Canberra Frank Fenner alertó que la humanidad está muy cerca de desaparecer debido a la superpoblación, al deterioro ambiental y al cambio climático.

El científico aseveró que la especie no logrará sobrevivir a la explosión demográfica que se avecina (unos siete mil millones de personas para el próximo año), así como al mal uso de los recursos naturales. De igual forma, advirtió sobre el negativo impacto de la actividad humana sobre el planeta y los cambios que proliferan debido al calentamiento global.

Habrá “más guerras por alimentos” y “sufriremos la misma suerte que el pueblo de la isla de Pascua”, explicó el especialista en un artículo divulgado en el diario The Australian. Se estima que los pobladores de este remoto lugar ubicado en medio del océano Pacífico, desaparecieron hacia el siglo XVIII-XIX debido a una crisis de sobrepoblación y la escasez de alimentos.

* Con datos de Prensa Latina y Enlared.