En el matutino Cambio, en la edición del pasado martes 22, aparece una caricatura que me parece insoportablemente racista, y no puede ser que, en vísperas de la promulgación por nuestro gobierno de una ley anti-racismo, nada menos que su periódico oficial permita la publicación de una caricatura de ese tipo.

El evidente racismo del caricaturista —que dice llamarse Rodolfo Ninavia— se manifiesta en primer lugar en los rasgos con que caracteriza a los pueblos indígenas de Tierras Bajas (la etiqueta dice CIDOB), y en segundo lugar en el hecho de que los supone manejados a control remoto. (por el tío Sam)

Es la misma visión colonial que nuestro gobierno quiere superar: los indios salvajes (en taparrabos), fofos, ineptos, y que no pueden funcionar por sí mismos. Amigos de Cambio: ¿cómo pueden dar cabida en su medio a semejante caricaturista y a semejante resabio de la visión colonial?

En el fondo de esta visión racista se encuentra la convicción de que los indígenas no son quién para discrepar —Pizarro dixit—, y si aparecen discrepando no es porque ellos mismos tengan una concepción diferente sino porque son manejados —en la caricatura bajo la burda parábola del control remoto— por un agente enemigo del proceso de cambio, en este caso por USAID.

Y la grosería de la caricatura llega a su extremo cuando a ese control remoto le pone el nombre de CEJIS, precisamente la institución más odiada por las élites oligárquicas cruceñas y benianas —ellas sí apoyadas por USAID— y que fue víctima de asaltos y todo tipo de agresiones por los enemigos del cambio (agresiones que el caricaturista en cuestión seguro que nunca ha recibido ni recibirá).

Pero aquí se junta otro fantasma generalizado y que el caricaturista, sin mayor conocimiento de la realidad, hace suyo: el fantasma de que las ONGs son un peligro. Es algo equivalente a pensar que la sociedad civil es un peligro. La sociedad civil, señor caricaturista Ninavia, es inmensamente plural y diversa; y las ONGs, como parte de la sociedad civil, son igualmente plurales y diversas; hay ONGs que han apoyado decididamente el modelo neoliberal y que ahora apoyan visceralmente a la oposición —desde la derecha y también desde una ultraizquierda oportunista— y hay ONGs que al apoyar convencidamente a las organizaciones sociales —sobre todo a las indígenas— han contribuido de manera significativa a este proceso de cambio; y por supuesto hay también ONGs —la mayoría— que sólo se apoyan a sí mismas.

Y evidentemente el CEJIS está entre las segundas, ¿no le parece sugerente que del CEJIS provengan nada menos que el ex Viceministro de Tierras Alejandro Almaraz y el actual Ministro de Autonomías Carlos Romero? Entérese, Don Rodolfo.

Finalmente, ya más allá de la caricatura, el hecho nos da ocasión para recalcar que las discrepancias —o contradicciones, como analiza sesudamente Raúl Prada en el Dipló— no deben ser objeto de maldición o anatema, al estilo vaticano, sino de debate abierto, respetuoso y sincero —lo que incluye la autocrítica—, para lo cual un estado participativo tiene que crear los necesarios espacios.

Y si un grupo, en este caso la CIDOB, presenta demandas exageradas o pide lo imposible, lo constructivo es demostrar su error con argumentos, no responderle con insultos. No importa que este proceso avance lentamente; lo que de verdad importa es que nunca deje de ser democrático y participativo.