Bolivia tiene dinero y sus ciudadanos continúan pobres. No falta dinero al Estado, los bancos, las AFP`s y Fundaciones.

Los bancos otorgan pocos créditos, lo que repercute en las bajísimas tasas de interés pagadas a los ahorristas. Mientras crecieron los Fondos Financieros Privados S.A. que se iniciaron como ONG´s, captando recursos a fondo perdido o a intereses muy bajos para otorgar créditos a los microproductores, ahora abandonados por el Banco Procredit Los Andes, porque su Claus Zeitinger ya es multinacional con lo aprendido en Bolivia de Pilar Ramirez y Pilar Velasco. Los bancos cumplen con su responsabilidad social ante sus accionistas que ganan mucho dinero desde 2006 y el desarrollo del país no interesa como en los 60, cuando la inteligente iniciativa de un René Ballivián Calderón los asoció en el Banco Industrial S.A., desvirtuado una vez comenzaron a ganar más que con los créditos de sus bancos.

Faltan grandes proyectos estatales de inversión, salvo Jindal que no marcha. Necesitamos iniciativas como la del ingeniero Johnny Delgado con la Minera San Cristóbal, iniciado en 1998 y recién entrada en funcionamiento el 2007. Convenció a inversores extranjeros de primera. Vale lo mismo para otro destacado ingeniero, Jaime Villalobos con San Bartolomé, su extraordinario aprovechamiento de cinco siglos de explotación del cerro de Potosí gracias a una tecnología de avanzada que requirió otra decena de años para que funcione. Mientras que otros ingenieros aprovechaban de la “inside information” que tuvieron trabajando en YPFB, p.e., para la entrega del pozo San Alberto a Petrobras o los políticos como Santos Ramirez que la prostraron.

Las AFP´s que se transformaron en el sostén de la Ley de Pensiones de 1996, en vez de patrocinar proyectos de inversión en la minería, hidrocarburos, agroindustria, etc. También de un déficit fiscal que imperó hasta el 2005, por el que sus aportantes recibieron intereses del 15% año, después 8% y durante los últimos años menos. Demostrando siempre que el Estado es quien mejor paga, para que sus administradores privados pavoneen excelentes resultados y los favorecidos con la capitalización individualizada hayan ganado rebien, como para temer que sus dineros caigan en manos de la administración pública.

Las Fundaciones cada vez más ricas por vender sus inversiones exitosas con dinero inicial recibido en nombre de los pobres o prestándolo a los mismos intereses que la banca comercial privada, exigiendo las mismas garantías y demostraciones de flujos de los prestatarios, siendo pocos los que pueden convertirse en sujetos de crédito. Salvo que tomen créditos del BDP que en sus pocos años va a una mora creciente, la que no preocupa en vista de que sus montos, comparativamente con los de las otras instituciones prestamistas, no son significativos ni tampoco les hace mella.

Definitivamente, Bolivia está llena de dinero y la mayoría de sus ciudadanos continúan pobres.