Se celebró ayer por primera vez el advenimiento del año nuevo Andino Amazónico como festividad oficial del Estado boliviano. El gobierno del MAS subió de rango a esta tradición ancestral y decretó feriado nacional para que todo el país se sume a la fiesta de los pueblos indígena originario campesinos. Curiosamente, el autodenominado “primer presidente indígena de Bolivia” recibió el nuevo año asediado por una inédita marcha de aymaras, quechuas y guaranís.

En cumplimiento de la Constitución Política del Estado Plurinacional que manda recuperar los valores y las tradiciones culturales de los pueblos indígenas originarios campesinos, el gobierno de Morales decretó feriado nacional este lunes 21 junio, para recibir al nuevo año Andino Amazónico en la fiesta del solsticio de invierno.

Se trata de la fiesta más importante del mundo aymara por el advenimiento del nuevo año, el reencuentro del Sol con la Tierra y el inicio de un nuevo ciclo agrícola. Este año los aymaras festejaron la llegada del año 5.518 de la civilización tiwanacota en el sitio arqueológico de Tiwanacu, a 70 kilómetros de La Paz, en la Isla del Sol y en la Horca del Inca situada en la localidad paceña de Copacabana.

Los indígenas guaraníes también practicaron rituales en la Yasitata Guasu o fiesta del Lucero del Alba en el fuerte de Samaipata de Santa Cruz. Además, se programaron actos en Inkallajta en Cochabamba; Pampa Aullagas en Oruro; Puno y Tacna en Perú; Arica, Iquique y Santiago en Chile; Jujuy, Salta, Córdova, Buenos Aires y La Plata en Argentina; en Quito y en muchos otros sitios sagrados del Kollasuyu – Tawantinsuyu – Abaya-Yala.

En honor al solsticio de invierno, el Consejo Nacional de Amautas Indígenas del Tawantinsuyu (CAIT) se propuso instaurar el INTIJUYPIPACHA en la localidad de Warakho, a 17 kilómetros de la Ceja de El Alto, supuesto “cordón umbilical de Tiwanacu, Samaypata, Machu Picchu, Lago Sagrado del Titicaca, Isla del Sol y Copacabana, donde se fundieron varias culturas, desde el polo sur hasta el polo norte, con todas las galaxias, desde donde emanarán energías positivas de amor, vida, paz, armonía, libertad, a cada hermano y hermana creyente”.

La Alcaldía de la ciudad de La Paz mandó a pintar enormes murales en Alto Santiago de Munaypata que muestran la Puerta del Sol, monolitos y muchos otros íconos de la cultura Tiwanacota. Los macrodistritos Hampaturi, Sur, Mallasa, Centro, Cotahuma, Zongo y Max Paredes recibieron el año nuevo aymara con música autóctona, danzas y ofrendas a la Pachamama.

Los vecinos de La Paz esperaron los primeros rayos del sol en el Templete de Miraflores, en el Mirador Jacha Kollo, en el cerro Huayllatapampa, en el nevado Huayna Potosí y en el mirador Jacha Apacheta, mientras que la Subalcaldía Mallasa organizó un ritual en el Valle de la Luna.

El 20 de junio en la noche, mucha gente dejó reposar recipientes de cerámica o cristal con agua y flores blancas, invocando deseos positivos. El 21 de junio a las 6 de la mañana, bebieron el agua “serenada” y se lavaron el rostro, los ojos y la corona de la cabeza con vista al este, por donde sale el sol Willka-Inti.

Todos los creyentes encendieron los braseros a las 6:45 y alistaron incienso, mirra y flores; a las 7:00 solicitaron energías positivas a las fuerzas cósmicas, con la vista hacia el este y con los brazos y las palmas abiertas; y una vez que salió el sol todos se felicitaron con un abrazo.

Las ceremonias tradicionales como la k’oa comenzaron a trascender los barrios populares y las villas de las laderas de La Paz. Este año también se encendieron braseros en barrios de clase media como Alto Obrajes, Achumani, Cota Cota y Chasquipampa. La población urbana católica que asiste a misa ahora también sigue los consejos de amautas y de otras autoridades espirituales que saben cómo aprovechar las “fuerzas cósmicas telúricas”.

Los rituales indígenas y las tradiciones culturales precolombinas atraen a cada vez más espectadores y merecen gran cobertura mediática desde que fueron reconocidas como bases constitutivas del nuevo Estado Plurinacional, y desde que se usan como símbolos del “proceso de cambio” liderado por Evo Morales.

Gané las elecciones “para que finalmente las costumbres ancestrales sean reconocidas”, dijo el Presidente el domingo, durante la posesión de mallkus y mamatallas indígenas de La Paz, en un ritual celebrado en plena Plaza Murillo, “donde antes (los indígenas) no teníamos pisada”. Al día siguiente, Morales esperó los primeros rayos del sol en Tiwanacu, acompañado por amautas, diplomáticos y miles de devotos que creen en la Pachamama y en el Tata Inti.

Los indígenas ya no creen a Evo

La manipulación del simbolismo cultural permitió al Presidente Morales ocultar las enormes contradicciones de clase y mantener la unidad de sus bases sociales durante sus primeros cuatro años de gobierno. Al comenzar su segundo mandato, ni siquiera sus antiguos aliados de la Confederación de Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), de Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) y del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) creen en el desgastado “discurso identitario”.

Las principales organizaciones indígenas del país se sienten relegadas y hasta traicionadas por Evo Morales y están profundamente decepcionadas del “gobierno indígena” que les había ofrecido más de 30 representantes de circunscripciones especiales indígenas en el Legislativo; pero finalmente negoció con la derecha apenas siete escaños indígenas en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

El “gobierno del cambio” prometió superar la democracia liberal combinándola con los valores de la democracia comunitaria, y dijo que reconocería la elección de representantes indígenas según sus normas, usos y costumbres. Hoy los indígenas continúan sometidos por las reglas de la democracia liberal, siguen eligiendo representantes mediante el voto, y deben conformarse con una autonomía de papel conquistada en un referéndum tradicional.

En teoría, se convirtieron en “autonomías indígenas” los municipios de Charazani y Jesús de Machaca en La Paz; Salinas de Garci Mendoza; Pampa Aullagas en Oruro; Charagua en Santa Cruz; Huacaya en Chuquisaca; Tarabuco y Mojocoya en Chuquisaca; Totora, Chipaya y Curahuara de Carangas en Oruro, y Chayanta en Potosí.

Sin embargo, para ser autonomías “reales”, estos municipios deben primero aprobar sus estatutos autonómicos y luego someterlos al control constitucional, lo que no ocurrirá hasta dentro de un año. Mientras tanto, estos municipios indígenas autónomos “transitorios” continuarán regidos por la Ley de Municipalidades.

El gobierno de Morales supuestamente iba a garantizar, respetar y proteger el derecho indígena a la libre determinación y al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos, acorde a su cosmovisión propia; y también las competencias exclusivas de las autonomías indígena originario reconocidas en el Artículo 304 de la CPE: el ejercicio pleno de sus instituciones democráticas y la definición y gestión de formas propias de desarrollo económico, social, político, organizativo y cultural.

La CIDOB propuso constituir territorios autónomos en base a las TCO, que podrían ser la base de un nuevo ordenamiento territorial del país; el ministro Romero les recomendó que no “confundan el reconocimiento de la institucionalidad gubernativa en una jurisdicción territorial con la reconstitución territorial originaria mediante un proceso de consolidación de propiedades colectivas por la vía agraria”.

Los indígenas que soñaban con la autodeterminación ahora deben pedir permiso para crear territorios autónomos circunscritos a los límites departamentales y condicionados por la actual estructura organizativa del país. Además, el régimen autonómico indígena debe atenerse a lo que digan gobernaciones y municipios,

Por si fuera poco, ahora ni siquiera está garantizada la “consulta previa” a los pueblos indígenas cada vez que se prevean en sus territorios medidas legislativas, administrativas o proyectos de explotación de recursos naturales que puedan afectarles, un derecho indígena y un mecanismo de ejercicio de la democracia directa y participativa reconocido por la CPE.

La CPE establece que los pueblos indígenas tienen derecho a vivir en un medio ambiente sano, con manejo y aprovechamiento adecuado de los ecosistemas (Art. 30); y que la conservación del hábitat y el paisaje; la preservación de áreas protegidas, y la gestión y administración de los recursos naturales renovables, conforme a sus principios, normas y prácticas culturales, tecnológicas, espaciales e históricas, son competencias exclusivas de las autonomías indígenas (Art. 304).

La CPE reconoce que las autonomías indígenas comparten competencias en el control y regulación de actividades inherentes al desarrollo de su institucionalidad, cultura, medio ambiente y patrimonio natural, y ejercen competencias concurrentes en el control y monitoreo socioambiental de actividades hidrocarburíferas y mineras.

Con ese respaldo constitucional, la APG ha pedido al gobierno que suspenda la explotación de hidrocarburos en la principal zona productora de Bolivia. El gobierno de Morales les ha advertido que a partir de ahora, en las consultas para la explotación de recursos naturales, la última palabra la tendrá el Estado.

El gobierno del MAS no sólo ha traicionado a los pueblos indígenas del norte y sur amazónico, con la complicidad de los movimientos sociales oficialistas del CONALCAM. Mucho más que eso, la casta de burócratas incubada desde 2006 por el retorcido “proceso de cambio” re posicionó el viejo Estado burgués y ahora despliega la peor arremetida anti indígena de los últimos años.

Sobran los motivos y las justificaciones de la primera marcha indígena desde Trinidad hasta la sede de gobierno para repudiar la doble moral del “primer gobierno indígena”. Pero el Vicepresidente Alvaro García Linera, el ministro Romero y otras autoridades del Ejecutivo “no encuentran razones que justifiquen la movilización” y hasta dudan de su legitimidad.

El gobierno se niega a reconocer que la política económica neo desarrollista vulnera los derechos de los pueblos indígenas y de la Madre Tierra. Culpa a las malvadas ONGs del imperialismo norteamericano que manipulan a los indígenas y les obligan a marchar contra su voluntad, subestimando el raciocinio y la capacidad organizativa de un movimiento social con 25 años de historia.

USAID se infiltró en las organizaciones sociales y ahora financia la movilización indígena para crear un clima de conflicto y desestabilizar al gobierno: Todo el conflicto se reduce a eso, asegura el Ejecutivo, y con esa lógica despliega desde el 9 de junio de 2010 una temeraria campaña de desprestigio de organizaciones no gubernamentales dedicadas a investigar y monitorear conflictos relativos al medio ambiente y a los derechos indígenas.

El gobierno inició la guerra sucia infamando y calumniando al Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade) y a uno de sus miembros, el periodista y escritor Pablo Cingolani. La Cámara de Diputados conformó una comisión para investigar a Cingolani y lo citó a una audiencia para “interrogarlo”.

El segundo blanco de la persecución gubernamental fue el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), acusado de recibir financiamiento de Usaid, igual que el Fobomade. El acusador fue nada menos que Carlos Romero, ex director del CEJIS.

“El ministro de Autonomías es un hombre inconsecuente que discrimina a los pueblos indígenas a quienes asesoraba cuando era titular de esta ONG (…) Nos parece un acto de discriminación racial entender que el movimiento indígena decide y lleva a cabo una movilización sólo porque alguna institución o una agencia de cooperación cualquiera se lo ordena”, criticó el director actual del CEJIS Leonardo Tamburini. (Erbol)

La revelación de los últimos días fue que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID en inglés) no financia ni al Fobomade ni al CEJIS, sino al mismísimo gobierno “antiimperialista” de Evo Morales. El diario La Prensa informó que al menos 22 proyectos del Plan Nacional de Desarrollo (PND) en las áreas de salud, desarrollo integral, crecimiento económico y medio ambiente subsisten con la plata de la agencia norteamericana.