Desde el 10 de junio, Perú se puede jactar “oficialmente” de ser el primer país latinoamericano con capacidad para exportar gas natural en estado líquido (GNL), una exclusividad que por cierto no le durará mucho ya que Brasil y Venezuela le seguirán los pasos muy pronto.

Es bien sabido que los casi 4.000 millones de dólares invertidos en la planta de licuefacción de Pampa Melchorita representan, a la fecha, la mayor inversión en infraestructura realizada en territorio peruano. Lo que merece especial consideración es el hecho de que la gigante inyección de recursos destinada a este megaproyecto consolida la realidad de que el mercado del GNL es cada vez más flexible, cada vez más globalizado y cada vez más competitivo con relación a las innumerables ataduras económicas, políticas, sociales, ambientales y logísticas que acompañan a cualquier proyecto de integración gasífera tradicional (mediante ductos).

Con vientos a favor y tormentas en contra, Perú ha logrado concretar un proyecto con el que Bolivia se ilusionó y desilusionó en medio de desacuerdos, desatinos, errores y ambiciones. En fin, no creo que se justifique entrar en mayores detalles con relación al proyecto Pacific LNG, sería llorar sobre leche derramada.Ahora a Bolivia le toca pensar en el futuro de una manera pragmática para encontrar la forma de mantenerse vigente en materia gasífera, pero no estoy seguro de que esta vez la vigencia regional sea suficiente, creo que una visión globalizada del panorama gasífero a corto, mediano y largo plazo permitiría a las autoridades bolivianas establecer de manera objetiva si la rigidez de los ductos que transportan el gas natural más allá de nuestras fronteras tiene o no condiciones para competir con la flexibilidad demostrada en los despachos de los buques metaneros.En ese sentido, Bolivia se encuentra frente al reto de definir una estrategia que le permita competir abiertamente con el GNL, alternativa que ya está plenamente consolidada en nuestros tradicionales mercados (Argentina y Brasil) y en los potenciales también (Chile y Uruguay). En el caso de Paraguay, insisto en que cuando el terminal de regasificación de Montevideo esté operativo, el GNL regasificado por ENARSA y ANCAP será una opción mucho más viable que el gas boliviano y como dije antes, el gasoducto URUPABOL pasará a llamarse simplemente gasoducto URUPA.Volviendo al tema de definir la estrategia. Si Bolivia, mediante ductos, va a competir como proveedor de gas natural con otros proveedores que entregan el energético en buques metaneros, se deberá tomar muy en cuenta el “factor precio”. Creo que es momento de adelantarse a los hechos y considerar las ventajas y desventajas de las fórmulas que establecen el precio del gas natural que Bolivia exporta con relación a las formulas que establecen los precios del GNL principalmente en esta parte del planeta. Antes del 2019, cuando Bolivia vaya a renegociar el contrato de comercio gasífero más importante que tiene (el GSA con Brasil), Perú, como dije al iniciar este artículo, ya no será el único país de la región capaz exportar GNL, Brasil y Venezuela se habrán sumado a esa iniciativa. Con tres proveedores “locales” de GNL, considerando que los mercados que actualmente demandan gas natural boliviano también cuentan con la infraestructura que les permite regasificar el GNL y apuntan a implementar proyectos a corto plazo que incrementarán considerablemente esa su capacidad de regasificación, me atrevo a pensar que los días en los que un barril de petróleo caro nos dibujaba una sonrisa en el rostro, porque eso significaba también un gas de exportación más caro, están por terminar. El terminal de regasificación mexicano de Manzanillo, destino original del GNL peruano, aún no está listo para recibir los despachos desde Pampa Melchorita, ante tal inconveniente (para los mexicanos) y reafirmando la flexibilidad que caracteriza los despachos de GNL, autoridades del proyecto PERU LNG han anunciado que el primer despacho peruano de GNL se destinaría a España.Dicho eso, no deberíamos sorprendernos de que en breve el GNL peruano se esté regasificando en Argentina. Déjeme decirle que técnicamente no existe ningún obstáculo para que eso suceda, vea un mapa regional y no se deje engañar por el efecto óptico. Un buque metanero zarpando desde el terminal de Pampa Melchorita en Perú tardaría tres días menos en llegar al puerto Argentino de Bahía Blanca comparado con un buque metanero zarpando con el mismo destino desde Trinidad y Tobago (principal origen del GNL que actualmente importa Argentina). Son 3.620 millas náuticas las que se deben recorrer en el primer caso contra 4.516 millas náuticas en el segundo caso.Para concluir, ya que estamos hablando de competir con el GNL, ante un posible escenario en el que Bolivia exporte su gas natural, previamente convertido a líquido, por las costas brasileñas, iniciativa que por cierto me parece adecuada, tal vez sería bueno poner también en la balanza de las iniciativas la posibilidad de exportarlo por las costas peruanas aprovechando el fututo Gasoducto del Sur. Bolivia pudo ser protagonista en “La Invasión del GNL” pero optó por la comodidad de una butaca para sentarse a ver el desarrollo del guión. “La Invasión del GNL” representa una amenaza para el gas boliviano en términos de precio y de flexibilidad logística y esto no es una novedad, como tampoco es una novedad la poca importancia que se le está dando al asunto en Bolivia.* Consultor en temas energéticos y editor de HidrocarburosBolivia.com