El Cambio Climático (CC) en la actualidad es uno de los temas más debatidos y con mayor cobertura mediática en el país, debido a factores como la realización de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra hace un par de meses, los inusuales impactos climáticos experimentados en el país estos años como inundaciones, sequías y el derretimiento de los glaciares y, la cadena desmesurada de eventos naturales en el planeta: sismos, tsunamis e inundaciones.

Una de las hipótesis centrales manejadas en el citado evento mundial sobre CC y en torno a la cual se va generando un efecto sociopolítico aglutinante, identifica al paradigma del desarrollo material lineal como causa estructural del CC y tiene al sistema económico capitalista globalizado como su máxima expresión (aunque no el único), por el carácter fuertemente extractivista de su base económica.

En la realidad socio-ambiental del país es perceptible, y existen estudios que así lo demuestran, que el CC tiene cada vez mayores impactos de carácter económico, ambiental y cultural. Además, pese a que los efectos los sufrimos todos, es en el área rural y en especial entre los pequeños productores donde el impacto es mayor debido a que estos fenómenos afectan directamente sus medios de vida.

Entre los campesinos de tierras altas, se multiplican las plagas en los cultivos, la sequía diezma la producción agrícola y pecuaria, afectando el nivel de ingresos y desequilibrando la seguridad alimentaria de este sector. En cambio en tierras bajas, este mismo sector es afectado en su economía por la aceleración de la frecuencia de las inundaciones estacionarias, por la acentuación de las sequías y por la erosión de suelos, que repercute en la reducción de la capacidad productiva de sus tierras; esta situación perjudica en el cumplimiento de devolución de préstamos bancarios y la seguridad alimentaria de los pequeños productores, hecho que contribuye la migración campo-ciudad.

Entre el sector indígena de tierras bajas, tanto las inundaciones más frecuentes y excesivas, como las sequías estacionarias, afectan no solo la producción agrícola y pecuaria, sino también al bosque de los territorios indígenas, del cual depende en buena medida la economía de la población. Pero las inundaciones también interrumpen los circuitos de desplazamiento y reproducción natural de la fauna silvestre, o el ahogamiento masivos de los mismos (considerando el bajo relieve topográfico de la amazonía), en perjuicio nuevamente de la economía de las familias indígenas. Asimismo el recrudecimiento de las sequías interrumpe las actividades agrícolas y magnifican incendios perversos.

La intensificación de este ciclo natural de eventos climáticos nos plantea con urgencia llevar a la práctica el discurso aglutinante del respeto a la naturaleza, definiendo estrategias de vida que armonicen con dicha naturaleza y para ello urge validar e implementar modelos de desarrollo alternativos a la filosofía de la acumulación ilimitada.

La CPE en su enfoque de economía plural reconoce la economía comunitaria como parte de las

opciones económicas alternativas. Es una opción que aún resta comprenderla en su real dimensión y operacionalizarla en los planes de desarrollo nacional y regional, para que no sea un simple enunciado político a expresar como una posibilidad abstracta; resta traducirlo en políticas concordante con las lógicas productivas de este sector sociocultural en relación con su territorio; falta garantizar políticas dirigidas a erradicar la mercantilización de la tierra, el arrendamiento y otras estrategias sutiles que se valen de agentes externos al territorio, para continuar aprovechándose de los recursos naturales.

Aún está pendiente el diseño de estrategias de mediano plazo para desalentar el empleo de agrotóxicos y las técnicas depredadoras de la actividad agroindustrial, incluidos los menonitas; definir mecanismos efectivos para controlar la pérdida masiva de bosque en zonas con vocación forestal o agroforestal como lo es la Amazonía y ajustar los mecanismos de regulación para evitar que los incendios forestales impacten en la economía comunitaria. Por ejemplo en el Beni la quema de pastizales y tala de bosques para la ampliación de la frontera pecuaria provocan incendios en la selva virgen, de la cual las familias indígenas dependen a diario; esos mismos incendios eliminan el alimento de los animales silvestres y por tanto estos se ven forzados a invadir en condición de plagas los cultivos de dichas familias.

En el caso de tierras bajas, es imprescindible y urgente generar condiciones dirigidas a vitalizar la ética ambiental entre el sector empresarial y agropecuario. Por ejemplo, en la región amazónica, la existencia de territorios indígenas manejados bajo sus propias lógicas de producción, prestan servicio ambiental a las estancias, que de lo contrario sufrirían por ejemplo con mayor rigurosidad las sequías (el bosque atrae lluvia y conserva humedad) o la erosión de los potreros por efecto del viento si estos no fueran frenados por el bosque. En cambio las estancias van en contrasentido, y aquí la necesidad de la ética socio-ambiental, talan bosques par expandir los pastizales, queman pastizales de manera periódica como práctica perversa de manejo, esta misma acción provoca incendios forestales; pero al mismo tiempo se apropian de tierras indígenas, generando conflictos sociales con aquellos que les prestan servicio ambiental, para prolongar este ciclo de expansión pecuaria de fuerte impacto ambiental.

Finalmente, si bien los sectores sociales rurales como los campesinos e indígenas están generando junto al Estado un discurso político a favor de los derechos de la naturaleza, aún falta articular hacia el interior del país un posicionamiento político con agenda propia en torno a esta problemática, de modo que se pueda asumir posición, por ejemplo, respecto a temas como los megaproyectos a implementarse en la amazonía y sus impactos ambientales y socioculturales.

* Sociólogo de CIPCA Beni.