La Habana, (PL).- Guayana, departamento francés de ultramar, está situado al norte de América del Sur entre Brasil y Surinam, países con los cuales comparte los bosques de la amazonía, zona que sufre hoy fuertes alteraciones ecológicas y presiones humanas.

Los bosques del territorio amazónico en general tienen una extensión de más de siete millones de hectáreas y abarcan el 92 por ciento del área, y casi un 90 de los mismos permanecen intactos, convirtiéndolo en una región significativa de biodiversidad, con más de 400 mil especies de flora y fauna.

Sin embargo, aunque especialistas consideran esta área como la mayor probable reserva de selvas prístinas del mundo, algunas actividades humanas degradan gravemente los bosques, acciones que de aumentar, podrían poner en peligro la riqueza ecológica de la región.

La minería resulta en la actualidad la gran amenaza de la amazonía guayanesa. La destructiva explotación aurífera, practicada desde hace más de un siglo, tiene lugar principalmente en el interior, en los espacios más ricos en biodiversidad y en especies endémicas.

La mano del hombre influye negativamente en esta esfera con el lavado de oro en los cauces de los ríos, así como el uso del mercurio por parte de las grandes empresas mineras, que provocan la contaminación de varios torrentes, entre ellos, el Oyapock, Approuague, Mahury, Sinnamary, Mana y Maroni.

El envenenamiento de estos fluviales provoca trastornos en la salud de la urbe y la desaparición de poblaciones de peces, muy importantes en la economía local.

Por su parte, la cubierta vegetal se ve cada vez mas comprometida debido a que la explotación industrial ha suplantado a la artesanal, aumentando vertiginosamente las superficies afectadas de bosques.

En la franja costera se han destinado 700 mil hectáreas de florestas para el aprovechamiento maderero, el cual no ha tenido un desarrollo tan amplio como en otros países amazónicos, principalmente porque ésta nación, limítrofe al norte y el este con el océano Atlántico, es muy dependiente de su clima ecuatorial lluvioso, cálido y muy húmedo todo el año.

Otro aspecto que contribuye a frenar la explotación maderera es la falta de una red de carreteras transitables, lo cual explica la riqueza en bosques de Guayana Francesa. El país cuenta con apenas tres carreteras que suman un total de mil 817 kilómetros, de ellos sólo tiene asfaltados 817.

Más larga es la red fluvial, con tres mil 300 kilómetros de vías navegables en piragua, vía de comunicación con el interior de la nación.

Las políticas oficiales también favorecen la preservación de esos ecosistemas al autorizar la exportación solo de un tercio de la producción de madera.

La Amazonía, extensa región natural, fue habitada por el ser humano desde tiempos inmemorables. Cuando los colonizadores europeos llegaron a América en el siglo XVI, se estima que vivían decenas de millones de indígenas en esta zona.

La ocupación moderna de la Amazonía comenzó alrededor de 1540, pero hasta el final de la segunda guerra mundial, la presencia del hombre en el ambiente amazónico apenas había traído algún cambio en la vegetación natural.

Con el tiempo, las nuevas políticas de los países amazónicos para desarrollar la agricultura y el asentamiento de inmigrantes dieron paso a un nuevo período de desarrollo en estas áreas.

En Guayana en particular, el estado francés ha tenido como política de promoción agrícola el subsidio de actividades de deforestación de pequeñas superficies de bosques para destinarlas a actividades agropecuarias. Cifras de los últimos años muestran áreas deforestadas con un progresivo aumento, principalmente con destino a la cosecha de arroz. Otras producciones son el plátano, maíz, caña de azúcar, piña tropical, mandioca, tabaco, café, boniato y cacao, dedicados casi en su totalidad a la exportación.

La llegada de inmigrantes a la Amazonía a partir de la década de los 80, en busca de establecimientos de haciendas agropecuarias y el proceso de selección de especies comercialmente valiosas, son actividades que aumentaron el ritmo de la deforestación.

Sin embargo, aunque la deforestación se estableció en estas áreas en esa etapa, continúa hoy la presión para continuar con los cambios de uso del suelo, un crecimiento poblacional en los países en desarrollo de la zona amazónica, así como planos para continuar construyendo carreteras que crucen la región.

La falta de agricultura sostenible en estas selvas, también llamadas pluvisilvas por las abundantes precipitaciones que reciben, ha obligado a muchos campesinos a dejar sus actividades y dedicarse a la minería, repercutiendo en la formación de nuevas áreas de desarrollo espontáneo y de deforestación.

Otros efectos significantes son los incendios en la biomasa y las alteraciones en el balance de carbono dentro de la cuenca, resultante de las alteraciones en la productividad neta del ecosistema asociado con el establecimiento de nueva y distinta cobertura de vegetación y seguido de la deforestación.

Estudios revelan que la Amazonía contiene casi la mitad del bosque tropical nativo del globo terráqueo y una gran parte de sabana tropical, de ahí su importancia en el metabolismo del sistema mundial.

La tala selectiva de árboles ha cambiado la estructura y la composición de áreas de esta región tan importante por su biodiversidad, transformaciones que pueden conducir a una pérdida irreversible.

La atmósfera tropical es responsable por el 70 por ciento del potencial de oxidación global y la Amazonía, con su vasta área catalogada como la selva tropical más extensa del mundo, puede tener implicaciones climáticas, ecológicas y ambientales no solo como región sino para el continente y para el planeta Tierra en general.

De ahí que los científicos insten cada día más a ser capaces de entender el funcionamiento del sistema amazónico como una entidad integrada y a trazar políticas de desarrollo regional para evitar la tendencia de explotación forestal, a un uso sostenido de los bosques de la Amazonía, basado en un sólido entendimiento del medio ambiente.

Extracción de petróleo, nueva amenaza para Belice

La exploración petrolífera en las aguas de Belice engrosa hoy el listado de amenazas para la Barrera de Coral, ya en peligro por el turismo, cambio climático, tráfico marítimo y la pesca indiscriminada.

Esas prácticas han generado la preocupación y el rechazo de los medios beliceños y organizaciones ecologistas, que unidas en la recién formada coalición Green Reef (Arrecife Verde), exigen al gobierno detener el otorgamiento de concesiones a las empresas extranjeras.

Con ese fin, los grupos nacionales Healthy Reef, la Asociación de Organizaciones Administradoras de Áreas Protegidas, el Instituto de Derecho y Política Ambiental, Ciudadanos Organizados por la Libertad y la fundación mundial Oceana diseñan un plan efectivo contra tales labores en los litorales del país.

Charlas por los medios de comunicación, reuniones públicas y el asesoramiento de expertos en el tema son algunas de las acciones que realiza la alianza para llamar la atención sobre los efectos negativos de la extracción submarina de crudo.

Green Reef advierte que los estudios sísmicos y la perforación de pozos en alta mar ponen en riesgo a la población, seguridad alimentaria, ecología y economía nacional, altamente dependiente del turismo y la pesca.

La preocupación de los activistas surge tras la publicación en febrero último de un mapa que muestra la repartición de cerca de 13 mil kilómetros cuadrados de suelo y mar beliceños entre 17 firmas foráneas para explorar zonas con un fuerte potencial de carburante.

Siete de esas compañías tienen licencias para trabajar en las aguas territoriales, en áreas de parques nacionales y reservas de vida silvestre.

La inquietud se elevó por el desastre ocurrido en el Golfo de México, donde millones de barriles de crudo escaparon a la superficie luego de la explosión y posterior hundimiento el 22 de abril de la plataforma estadounidense Deepwater Horizon.

Ante las presiones del Green Reef, el primer ministro, Dean Barrow, indicó que se deberán analizar todos los aspectos y balancear entre obtener mayores recursos para el desarrollo del país y los peligros que implica la extracción del carburante costa afuera.

“Si los riesgos son altos, el gobierno tendría que contemplar una moratoria en el otorgamiento de más concesiones”, precisó el gobernante, quien días atrás había declarado que no suspendería la perforación de pozos petroleros en el océano.

Barrera coralina, maravillas y desafíos

Belice atesora la segunda cadena de arrecifes más grande del planeta, con casi 350 kilómetros de extensión y morada de 430 especies únicas como el tiburón coralino y el tiburón limón, además de un centenar de variedades de corales multicolores y esponjas gigantes.

Ese ecosistema se extiende frente a las costas del poblado de San Pedro, en la Isla de Ambergris Cay, y cuenta con algunos de los sitios más codiciados en el mundo para el buceo, las islas Turneffe y el Blue Hole, un enorme agujero con estalactitas de hasta seis metros de altura y dos de diámetro.

Este último lugar fue una antigua caverna que con el derretimiento de los glaciares, posterior ascenso de las aguas y el derrumbe de su cúpula durante la última glaciación quedó bajo el nivel del mar y se transformó en la actual abertura de 145 metros de profundidad.

En 1996, el sistema de reservas de la barrera coralina de Belice alcanzó la categoría de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por su excepcional belleza natural, procesos ecológicos y por contener importantes hábitats para la conservación de la diversidad biológica.

Sin embargo, más del 40 por ciento del arrecife está afectado por el llamado blanqueamiento de coral, que provoca la despigmentación de esas estructuras, el desprendimiento masivo de las algas y su consecuente extinción.

Esa enfermedad se origina por el calentamiento global y del océano, los cada vez más intensos huracanes que azotan la región del Caribe, prácticas de turismo no sustentable y la contaminación marina.

Por tales razones, la UNESCO decidió incluir la Barrera de Belice en 2009 en la lista de patrimonios de la Humanidad en peligro, condición que obliga al gobierno a proteger el sitio para las generaciones futuras.

Recientemente, se inició en esa área un proyecto que busca reducir los impactos nocivos de la naturaleza y el hombre y salvar las especies de la extinción. Mediante ese programa, se trasladarán a invernaderos los corales resistentes a temperaturas elevadas, al blanqueo y los que viven en zonas poco profundas, para luego trasplantarlos en sitios donde antes existieron grandes arrecifes.

Sí la iniciativa da frutos, entonces esta joya marina recuperará su total esplendor y continuará siendo la principal atracción de Belice. Pero los resultados de esa experiencia y de otras tantas iniciativas de desarrollo sostenible podrían quedar anulados sí el gobierno persiste en impulsar la obtención de petróleo en el lugar más vulnerable y maravilloso del país.

* Periodistas de Prensa Latina de la Redacción Centroamérica y Caribe.