Ha empezado a circular en diferentes medios un manifiesto sobre la investigación, la Universidad, el pensamiento crítico y la situación político-cultural de nuestro país (España). ¿De quién ha surgido iniciativa? ¿Han recogido firmas de apoyo? ¿Qué finalidad persiguen con su escrito?

R. La iniciativa surge como respuesta a un clima de incertidumbre y de malestar en el ámbito de la ciencia y la universidad, expresado por gentes diversas, de distintos centros del CSIC y de la Universidad. El manifiesto se ha consensuado con las personas que aparecen como participantes en el acto, Federico Mayor Zaragoza, Paco Fernández Buey, Jorge Riechmann, o Julio Aróstegui de la Universidad, junto a Jesús Ávila, Reyes Mate o Bernardo Herradón, del CSIC. El manifiesto se ha colgado en Petitiononline y puede firmarse en la siguiente URL: http://www.PetitionOnline.com/ADEC2010/petition.html

Nuestra finalidad es, como lo dice su título, reivindicar el pensamiento crítico y nuestra capacidad y responsabilidad para participar y opinar sobre los acontecimientos económicos, sociales, políticos o judiciales en nuestro país en todos los foros y espacios públicos en los que desarrollamos nuestra actividad.

P. Señalan ustedes en su escrito que “ante los acontecimientos económicos, políticos y sociales de nuestro país en las últimas semanas, han aflorado voces que ponen en cuestión el papel de los intelectuales en la vida pública española”. ¿A qué voces se refieren? ¿Qué papel del intelectual se está poniendo en cuestión en su opinión?

R. Las voces son bastantes visibles y sonoras, en particular, la campaña de acoso y desprestigio del Rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, por haber autorizado un acto de reivindicación de la memoria histórica y en defensa del juez Garzón. Esta campaña, liderada por Esperanza Aguirre y su cohorte, que incluso han exigido la dimisión del Rector, se ha reflejado y suscitado dudas sobre la oportunidad de autorizar este tipo de actos incluso entre personas que apoyaron la campaña de Berzosa. Un indicador claro de ese “miedo escénico”, de ese miedo a significarse y adoptar posiciones críticas en lugares públicos. Cuando estos argumentos se combinan con las exigencias del poder judicial a ser respetado y no cuestionado mientras instruye procedimientos de urgencia ajenos a toda lógica judicial, histórica o social, la alarma suena alta y clara y surge la necesidad de alzar la voz reivindicando esos espacios públicos.

P. Hablan ustedes en su escrito de pensamiento crítico. ¿En qué noción de pensamiento crítico están pensando? ¿Por qué se intenta modelar el comportamiento de la ciudadanía en contra de los valores más positivos de nuestra aún deficiente democracia?

R. La generación de conocimiento y la capacidad de crítica son misiones esenciales de la Universidad, y así constaba en el preámbulo de la LRU y ahora de la LOMLOU. El pensamiento crítico, en el sentido de pensamiento dispuesto a enfrentarse a la validación empírica y social, es también misión y objetivo esencial de la ciencia. Por eso, en tanto producimos conocimiento y pensamiento pero estamos dispuestos a discutirlo y validarlo, los universitarios y científicos debemos, por fuerza, ser gente crítica, con lo que trabajamos y producimos y, como no, con el medio donde vivimos. Pero eso equivale en la actualidad a “sospechoso”, “incómodo”, o “conflictivo”, palabras que definen a quienes “se salen de la foto” y por tanto “no son fiables”. Palabras que, desgraciadamente, definen a quienes no contestan con las respuestas previstas en cada caso, sino que opinan y se significan según se lo dicte su parecer o su conciencia. De esto hablamos cuando decimos que se intenta modelar, limitar, domesticar, los valores más positivos de la democracia.

P. Son ustedes mujeres y hombres de ciencia. ¿Cómo entienden la responsabilidad social de los científicos? ¿No es frecuente que la actividad investigadora permanezca encerrada en sus torres de marfil sin apenas contacto con la ciudadanía y sus mayores preocupaciones?

R. Reivindicar el pensamiento crítico incluye asumir la responsabilidad de nuestro trabajo. Y a mayor poder de cambiar el mundo, mayor responsabilidad tenemos quienes generamos ese conocimiento. Una idea antagónica a la decimonónica cantinela de la neutralidad de la ciencia. Las torres de marfil se rompieron hace tiempo y lo que hoy tenemos son espacios donde la mayoría de los científicos y universitarios nos hemos instalado en esa pretendida neutralidad, y donde nos dedicamos principalmente a comparar cuán largas son nuestras listas de publicaciones, en vez de pensar en para qué sirven y a quién interesa este trabajo. Y el problema que describía antes, ese peligro de “no salir en la foto” atenaza también al mundo de la ciencia. Hay miedo al poder, a significarse frente al poder, sea este el catedrático, el jefe, el ministro o los responsables de la entidad que nos evalúa. Nadie protesta ni se rebela, hecho incomprensible si hablamos de mentes abiertas, críticas, lo que debería ser de verdad un científico. Las críticas se circunscriben a la charla de café o al bar, pero no salen de los estrechos límites en los cuales están prisioneros.

P. En su opinión, ¿qué pueden aportar las comunidades científicas en el actual debate de ideas, en la actual y difícil coyuntura económica y social?

R. Como integrantes de esta comunidad científica, nuestra condición intelectual y ética nos exige, y creemos que nos legitima, para estar presentes en los debates públicos, en particular en la Universidad y en los centros públicos de investigación, aportando conciencia crítica a los procesos sociales y políticos, venciendo al miedo con la palabra. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad porque en ellos se dirimen principios y valores fundamentales para la convivencia y el futuro de nuestro país. Hacemos ciencia y la difundimos al servicio del nuevo conocimiento y del desarrollo de la toda la sociedad. Y desde esas premisas, y mirando más allá del microscopio, afirmamos nuestra voluntad de actuar también como conciencia crítica ante el discurso dominante y como vigilantes de las tentaciones involucionistas que afectan al desarrollo de la ciencia, pero también a los derechos democráticos, al pluralismo ideológico efectivo y al imperio de la justicia frente a toda corrupción o discriminación del diferente o marginado.

P. Han convocado un acto público en Madrid el próximo 9 de junio. ¿Dónde se celebrará el encuentro? ¿Quiénes participarán como ponentes?

R. El Acto se celebrará en el Salón de Actos del CSIC, Serrano 117, 28006 Madrid, el miércoles 9 de junio a las 18:30 h. Francisco Fernández Buey, Federico Mayor Zaragoza, Jorge Riechmann, Julio Aróstegui, Jesús Ávila, Reyes Mate y Bernardo Herradón intervendrán en el acto.