(CUBARTE).- Responder a las dos interrogantes que dan título a este artículo es realmente importante para todos los que tengan la necesidad de almacenar información en formatos digitales. Lo que “nace digital” tiene muchas más altas probabilidades de perderse para siempre, si no se toman las medidas adecuadas para su preservación, entre las cuales no resulta desacertado incluir la copia en soporte de papel.

Desde los inicios de era digital, el almacenaje de la información ha transitado por diferentes formatos y continúa evolucionando indeteniblemente. Hace apenas unos días se expedía el certificado de defunción al disco flexible de 3.5 pulgadas de diámetro, el floppy que alcanzó la mayor popularidad desde la aparición de este tipo de disco para almacenar datos, cuya evolución se inició a partir de unos gigantescos ejemplares de 8 pulgadas de diámetro y muy poca capacidad de almacenamiento, por lo que muy pronto dieron paso a los floppy de 5.25 pulgadas, segundo escalón en la historia de este tipo de disco, cuyo final ya se avizora cuando dejen de fabricarse próximamente los discos de 3.5 pulgadas.

Traigo a la palestra este ejemplo, pues considero que es realmente aleccionador. Todo el que guardó información importante en discos flexibles de 8 y 5.25 pulgadas enfrenta hoy la difícil situación que representa tener acceso a un equipo lector capaz de leer estos formatos. No crean que resulta fácil, lo cual he podido constatar a través de conversaciones con especialistas de varias bibliotecas que se muestran sumamente preocupados, y con toda razón, acerca de la inminente imposibilidad de leer los datos grabados en discos de los dos formatos más antiguos de los floppy, algo que muy pronto también puede y de hecho va a suceder con los discos de 3.5 pulgadas.

En la Biblioteca Nacional de Brasil, se preservan con especial cuidado los lectores o “torres” capaces de leer estos tres formatos. Acopian partes, piezas mecánicas y componentes electrónicos que permitan mantener estos equipos en funcionamiento el tiempo suficiente para poder realizar la ardua y compleja tarea denominada “migración de formatos”.

Migración de formatos en constante evolución

Comenzamos este artículo con el tema de los discos flexibles, porque el anuncio de la muerte del floppy está fresca en la mente de muchos lectores… utilizándola como recurso para atraerlos hacia el tema central: la preservación a largo plazo de la información digitalizada.

Cada vez que un formato de almacenamiento digital entra en fase de obsolescencia, todos los datos que se guardan en dispositivos de esa tecnología específica entran en zona de peligro. Si no se realiza en forma coherente y permanente el proceso de migración de formatos hacia los más actuales, el riesgo de tener guardada información en formatos que eventualmente no será posible reproducir es altísimo.

Por citar un ejemplo, cuando hace poco más de un cuarto de siglo surgió el CD, Compact Disc, se le atribuyeron al mismo propiedades de fiabilidad y durabilidad la cual la dura realidad cotidiana se ha encargado de desmentir. El título de este artículo lo dice todo: ¿Se puede confiar en los discos compactos para preservar información? A lo cual respondo: lo mismo que acaba de ocurrir con los floppy, irremediablemente va a pasar con los CD.

De hecho la capacidad de almacenaje de los CD, que se quedó paralizada alrededor de los 700 mega bytes, va a requerir de mucha mayor transferencia de datos hacia los nuevos formatos que, como el BlueRay, alcanzan capacidades que resultan realmente asombrosas.

Para preservar a largo plazo los materiales grabados en discos compactos CD y en DVD, los expertos recomiendan, en primer lugar una minuciosa selección de los discos en los que se va a grabar la información. En un seminario sobre preservación de la información digital auspiciado por la UNESCO se estableció un consenso acerca de las tremendas diferencias de calidad observada en la fabricación de los discos compactos CD, así como en los DVD.

Esta enorme dispersión en la calidad del disco virgen tiene un corolario muy importante. Los discos destinados a la preservación a largo plazo son obviamente los más costosos, y a esto hay que añadir el costo, también significativo, de las instalaciones para el almacenaje de estos discos.

No se hace nada con adquirir los mejores discos en blanco, reproducir la información en varias copias con el propósito de elevar las probabilidades de preservación si después no se almacenan en las condiciones óptimas de temperatura, humedad relativa e iluminación.

Los mejores discos CD y DVD pueden perecer en apenas unos segundos por mala manipulación; tal es el caso de los rayones en la superficie que observamos o pueden morir lentamente durante su almacenaje en condiciones inapropiadas. Entre otros fenómenos pueden ser víctimas de ataque biológicos, tal y como ha ocurrido en países tropicales donde los hongos han crecido sobre la superficie de los CD y DVD, modificando el índice de refracción de los mismos y por lo tanto haciendo imposible su lectura.

Los discos duros o rígidos y las memorias flash tampoco están exentos de los problemas inherentes a la preservación a largo plazo de la información digital, pero eso será tema de un próximo artículo.

Por ahora, lo importante es que estemos realmente alertas en cuanto a la preservación de materiales grabados en CD y DVD que pueden tener valor patrimonial, y de los cuales no existen copias en otros soportes. Cuando se trata de documentos de texto, que pueden contener fotografías, no resulta ocioso imprimir en soporte de papel de la mejor calidad posible lo que resulte más valioso, y pasar a soporte de película cinematográfica de 16, 35 e incluso 70 milímetros los materiales audiovisuales.

La historia lo ratifica. Podemos leer documentos en soporte de papel con cientos de años de existencia, incluso después de haber sufrido periodos de almacenaje en condiciones no ideales. Igualmente podemos ver y oír películas grabadas sobre soporte de tri-acetato – la llamada película de seguridad – que debidamente almacenada no se “avinagra” muy rápidamente, y dura casi un siglo en buenas condiciones. Casi lo mismo puede afirmarse acerca de las cintas magnéticas, especialmente las destinadas a la grabación de sonido en el formato de ¼ de pulgada, cuya vida útil, bien almacenada pasa de los 60 años.

Pero, los remito al encabezamiento del artículo… ¿Podremos decir lo mismo de los materiales nacidos digitalmente, no preservados mediante copias múltiples y migración de formatos, en especial aquellos grabados en discos compactos CD y en DVD?

Alerto que la respuesta a esta interrogante es lamentablemente negativa. Es vital ir dando los pasos apropiados para la preservación del patrimonio digital a través de la aplicación las tecnologías apropiadas. Enfatizar en las medidas de conservación adecuadas para prolongar la vida útil de la ardua labor contenida en estos formatos tan frágiles y de muy difícil y compleja recuperación en caso de producirse daños a los mismos, porque remitiéndome nuevamente a lo expuesto en el seminario de preservación digital, “salvar unos y ceros grabados en un soporte digital” es y será siempre un reto muchísimo mayor que la restauración de documentos grabados sobre soporte de papel.

Datos para la historia

La primera prueba de un disco compacto fue impresa durante 1981 en Hannover, Alemania, por la planta de la firma Polydor. Este primer CD de la historia contenía una grabación de la Sinfonía Alpina de Richard Strauss interpretada por la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Herbert von Karajan. Esto nos indica que la tecnología del CD, en su formato de 700 mega bytes actual data de hace ya casi 30 años.

El disco compacto esta hecho de un plástico llamado policarbonato, y tiene un espesor normalizado en 1.2 milímetros. Una finísima capa de aluminio, y muy raramente de oro, se aplica a la superficie para hacerla reflectante, protegiéndola después con una película de laca. La información se graba en pequeñas indentaciones, codificadas en una pista en espiral que es moldeada sobre la superficie de la capa de policarbonato. Debido a este método de almacenamiento empleado el disco compacto CD es sumamente frágil en cuanto a rayaduras de la superficie, mala manipulación y almacenaje en condiciones de altas temperaturas y humedad relativa.