El discurso que subyace a la disputa entre el gobierno central y los gobiernos departamentales es el de amor al terruño. Unos y otros justifican sus acciones argumentando su pertenencia y sus raíces. Y por supuesto cada quien expone su sangre con mayor rango de información genética vinculada a la tierra de origen, como una condición de derecho.

Ahora se discute la ley corta. Pero desde el año dos mil, se discute en realidad quién administra qué y quién controla esta administración, y con este argumento solapado en amores y orígenes, los personajes del escenario político continúan en campaña a costa nuestra.

Mientras ello ocurre, el centralismo se campea en las provincias como siempre ocurrió. Nada ha cambiado al andar. Mientras unos y otros se rasgan las vestiduras en aras del progreso, el peregrinaje hasta por unos cuantos litros de combustible y hasta las sacrosantas ciudades autonomistas continúa. A trescientos kilómetros de Santa Cruz hace ya más de una semana que agonizan quince delfines de agua dulce, que han quedado atrapados en el lodo del otrora caudaloso río Pailas, ahora sin agua, gracias a la intervención humana. Con tres metros o más de longitud y casi doscientos kilos de peso se prevé que ya nada se puede hacer por los delfines en agonía y que morirán por asfixia bajo el lodo, quizá esperando una lluvia milagrosa, que todos estamos rogando que ocurra. La prefectura del Departamento de Santa Cruz no organizó despliegue alguno, no como los que acostumbra, en campañas y en referéndums, pero al menos acorde a sus responsabilidades administrativas y en correspondencia a su discurso. Los delfines de agua dulce que habitan estas aguas, según el responsable directo en la prefectura, Erno Martinez, continuarán viviendo este drama fatal ante la ausencia de medidas coercitivas por parte de las autoridades responsables de proteger nuestros cuerpos de agua y cuencas, incluidas las municipales: El mismo funcionario explicó que quienes realizan pesca comercial a lo largo del río grande, sumados a los desvíos, represas y otras intervenciones de ganaderos y agricultores obligan a estos cetáceos-mamíferos a arribar, en busca de alimento, hacia aguas sin el suficiente caudal en las que su destino es perecer.. Mientras el discurso del amor al terruño continúa, además siete lagunas que se alimentaban del río pailas han quedado convertidas en lodo, gracias al desvío de este río provocado por la visión retrograda y economicista del irresponsable “empresario” que no ha sido sancionado por nadie. Las instituciones ambientalistas también brillan por su ausencia. Quizá cuando usted lea esta nota, los delfines de agua dulce habrán perecido sin que nadie en Santa Cruz mueva un dedo por la vida…así estamos con ley corta o sin ella.