Leí “Historia del Sector Azucarero Boliviano” del IBCE. Casi deja totalmente de lado a los verdaderos pioneros en Santa Cruz, excepto al querido Edgar Coronado, ingeniero iniciado como empleado en el primer ingenio azucarero MAQUINIZADO, La Esperanza, lo mínimo que reconoce esa historia. Por él se confirma el pionerismo de La Esperanza conocido de todos, aunque les cueste aceptarlo como tal, porque los que realmente metieron su capital, corrieron el riesgo y concretaron esa epopeya en los 40 no eran de esa tierra adentro.

Pasemos por alto la categoría de industrial de Waldo Bravo Justiniano, si el trapiche de madera del tipo de los que son de tracción animal para fabricar azúcar morena en hormas tiene la equivalencia de tal. Sin duda su protagonismo fue indiscutible en la organización de los cañeros para proveer a La Esperanza. Éste resultó, DEFINITIVAMENTE, de la inversión inicial de los arquitectos Luis y Alberto Iturralde Levy, sobretodo debido al entusiasmo que el ingeniero agrícola Ernesto Aponte suscitó en 1939 a Luis, quien dio el primer paso para invertir en semejante proyecto. Ellos no eran oriundos de Santa Cruz y arriesgaron su “situación (que) en esa época era bastante acomodada” (ver Esperanza y Frustraciones de Luis Iturralde), como la de su hermano Alberto, capitalistas que iniciaron el Hotel Sucre, más lo que obtuvieron en 1941 con la venta de la Ferretería Levy, que devino Zbinden, una textilera, ambas heredadas, el primer edificio residencial en la Av. Villazon, departamentos en la Heriberto Gutiérrez esq. Belisario Salinas, las casas que construyeron en la calle Capitán Ravelo, etc., todo vendido en La Paz, para concretar la gran odisea del primer ingenio azucarero boliviano. Llamado atendido por otros capitalistas (HANSA, COBANA), del que surgió La Esperanza en tierras compradas a Bravo, siempre abundantes en Santa Cruz.

Por el lado de los recursos del erario público y bien después, el ingenio Guabirá nació de divisas oficiales de 1954, con las que el MNR podría haber instalado más nueve; el objetivo: matar a La Esperanza por privado, aunque un desarrollo agrícola industrial de un capitalismo de estado también estaba contemplado en el Plan Bohan de la época de Peñaranda, agradecimiento de los Estados Unidos por el precio del estaño debajo del mercado internacional que Bolivia suministró en la guerra contra el nazismo.

La Esperanza fue asesinada en 1964 no por falta de capitales. Los había, además hicieron un aporte adicional propio con la venta de 2.500 hectáreas de su propiedad El Porvenir. Molían casi tanta caña como Guabirá en ese momento, 500 ton diarias y llegarían a 750 con la maquinaria fabricada en Baton Rouge, USA, de USD 110.00 de esa época (hoy 800.000), la que en 1962 ya estaba en Cochabamba. El final se debió a un pernocte del gral. Barrientos en La Bélgica, ingenio que se quedó con las máquinas por USD 15.000, 105.000 de hoy.