¿Caimanes negros? –Yo supuse que estaban en extinción, sin embargo los que veo no son de aquella raza ni de obscuro color, sino especies comunes, cargadas de petróleo por fuera y por dentro. Digo por dentro porque también se tragaron el inmundo aceite de la tierra para morir envenenados, aunque otros agonizan con dolorosos espasmos y expresiones de tortura. ¿Tortugas? –Centenares de miles emiten sus gemidos al extremo de que biólogos y ayudantes y gente de buena voluntad se esmeran por lavarlos y salvarles la vida con disparos de manguera.

¿Focas y otras especies de la activa fauna mamífera? –Empetroladas con el espeso producto. ¿Aves? –Después de tanto esfuerzo por levantar vuelo, ya no pueden abrir las alas porque apenas las mueven. ¿Peces y mariscos? –Flotando sin vida en la superficie del Golfo de México, cubiertos de brea y en impresionantes cantidades donde la muerte se devora a la vida. ¿Los pantanos y cayos de Florida? –Ya llegó la esperada visita de las mareas negras para que la flora costera se vaya tiñendo de obscuro hasta descomponerse. Los seres pequeños que generan vida en todo pantano, tienen los días contados y los microorganismos auguran malos momentos ecológicos con su pronta desaparición.

Una canallada de irresponsables le pone fuego al petróleo en pleno mar, pensando que aquello va a mejorar las cosas y sin meditar, en lo mínimo, que el medioambiente aéreo ya tiene suficiente contaminación como para soportar más humo.

El movimiento de las aguas ha aglutinado buena parte del derrame en núcleos casi sólidos como grandes bolachas que flotan en la superficie oceánica. Eso es lo que se ve.

¿Y los desastres que no se ven (de la superficie para abajo)? –Es de suponer que el petróleo, ampliamente esparcido y propagado con la ayuda de las corrientes, vientos y olas marinas, va a descender también al suelo marino para formar una capa estratigráfica que cubrirá y dará fin a toda la flora maravillosa y bosques finos que guarda el fondo del mar. Tuve la suerte de apreciar aquella flora submarina en diversas filmaciones de alta calidad.

Ahora, gracias a la acción de la referida capa dañina, van a morir los bosques marinos al igual que toda su flora, aunque la fauna ya no tendrá de que alimentarse. Olvidaba algo: –La acidez marina irá en inevitable aumento.

¿Y las autoridades? –Muy bien, gracias. Emotivos discursos en el parlamento, particularmente en el Senado. Se habló que la “restauración” de las cosas (cosa científicamente inaceptable) no debería ser pagada por los contribuyentes sino por los responsables del daño, más otras necedades por el estilo. Parece que la verborrea proviene de la crisis y algo hay que decir para justificar la función burocrática y contentar a sus partidarios. El Presidente de la República está en un atolladero y le cuesta admitir que su espera más parece disipadora y que sus acciones, investigadoras, alargan las cosas y no son buen síntoma de energía, sino de tolerancia con el destructor. Sin embargo, no cuentan las palabras sino la conducta.

¿Y la compañía propietaria, British Petroleum Corp? –Muy bien, gracias. Según la prensa de hoy (24-V-2010), pagará setenta y cinco millones de dólares y aquí no pasó nada. Ese monto saldrá del mismo hueco donde se produjo el derrame. Naturalmente, tal empresa continuará con sus actividades y si vuelve a derramar crudo, pagará otra multilla más, pese a las simples “advertencias” y exigencia de “garantías” de seguridad.

¿Y nuestra racionalidad? –Una cosa es la multa como castigo que impone cualquier gobierno, y cuyos recursos le pertenecen para resarcir su acción (costas al Estado) e incorporar más dinero para sus finalidades ambientales. Es otra cosa, muy diferente, la supuesta restauración de la naturaleza; carga que debe estar a cargo directo de quien causó el daño. Empero, se repite que aquí no pasó nada…

Tengo en mi poder –para quien me lo pida– una lista (no completa) de las empresas que vertieron astronómicas cantidades de petróleo en mares y océanos desde el año 1967. Varias de ellas evadieron sanciones y otras pelean hasta el día de hoy. No faltaron jueces que se apiadaron de las pobrecitas y les redujeron la penalidad (y esto no es invento de nadie)

¿Y el Derecho Internacional? – ¿Derecho Internacional? No sabemos dónde está. La única entidad que podría y debería hacer algo, en el momento presente, es la Organización de las Naciones Unidas. Infelizmente no tiene fuerza coactiva y su destacada e intelectual burocracia del medioambiente –que ni siquiera responde la correspondencia que se le dirige– no sirve para tareas represivas ni punitivas.

¿Y el público norteamericano de ahora? –Por lo que veo y escucho, sufre espeluznante crisis de náusea, pena, horror, lástima, dolor, fuerte indignación, preocupación y otros sentimientos más que se perciben en la población local. Sufre de frustración porque sabe que todos estos daños contra el medioambiente van a volverse a repetir.

Urge la creación de una fuerza internacional del medioambiente marítimo, sin el escape de las soberanías locales. Esta fuerza podría ajustar cuentas, sumariamente, a buques tanqueros, empresas exploradoras y explotadoras de crudo en el mar, buques de transporte comercial y aún embarcaciones privadas, sobre la emisión de cualquier polución acuática.

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