En la novela “1984” de George Orwell, el Gran Hermano es la entidad que gobierna a Oceanía. Sujeto central del argumento de la obra, que aparece a través de las pantallas, representando al “Único Partido” en permanente propaganda y defensa del régimen “totalitario”. En los últimos meses, al igual que el Gran Hermano, Álvaro García Linera (AGL) aparece constantemente en los medios de comunicación personificando al único – supuesto – partido político. Justificando el accionar de un gobierno que se extravío en el proceso de cambio.

El Gran Hermano es una parodia que utiliza Orwell para criticar a los líderes totalitarios que no sólo infunden una política de miedo; en nuestro caso a los no masistas y produce una exacerbada reverencia de sus militantes; sino que, reprime el pensamiento individualmente o contrario a su prédica, calificándolos como traidores de la sociedad, en Orwell, a Bolivia en AGL. Véase la crítica de AGL a los que él denomina izquierdistas radicales, haciendo referencia a los dirigentes trotskistas del magisterio.

El totalitarismo del Gran Hermano conduce al olvido de la historia, al olvido de la memoria corta, mediana y larga (parafraseando a la investigadora Silvia Rivera). De igual manera AGL a través de sus discursos, fundamentalmente de la crítica a la dirigencia del magisterio paceño, pretende borrar la historia anterior al 22 de enero de 2006.

Álvaro García Linera, desacredita iracundamente a la dirigencia trotskista, juzgándoles de “traidores del proceso de cambio, de antipatrias y extremistas que dicen ser de izquierda pero son de la extrema derecha” Estos mismos argumentos repiten los periodistas Consuelo Ponce e Iván Maldonado y sus invitados en el programa “El pueblo es Noticia” transmitida los domingos a través de canal 7 y radio Patria Nueva. Ej. El programa del domingo 16 de mayo.

Álvaro García Linera, y sus fogosos comunicadores sociales deliberadamente olvidan que durante los años más duros del neoliberalismo, cuando se subastaba nuestras empresas estratégicas, el sector más combativo y de resistencia fue justamente el magisterio con su dirigencia URMA de filiación trotskista. Hay que devolver la memoria al pueblo y recordarles que mientras los maestros y maestras resistían en las calles, junto a sus dirigentes trotskistas, el embate neoliberal; ÁGL – en ese momento Qananchiri – se encontraba preso por jugar a guerrillero en un país que no entendía.

Nos preguntamos, cuando Goni privatizaba nuestro país ¿Donde estaban los masistas de izquierda y derecha que hoy ocupan toda la estructura del poder en Bolivia?, ya sabemos que su jefe estaba preso, pero los machacones filo masistas ¿Qué hacían?

En esos años ¿Quiénes salían a las calles – de la Universidad – y se enfrentaban con la policía defendiendo nuestras empresas, nuestros recursos naturales, la educación libre y gratuita? Que yo recuerde, los compañeros de URUS, de filiación trotskista encabezaban la resistencia.

¿Qué institución sindical formaba barricadas para oponerse a la capitalización? Vuelvo la vista atrás y me viene a la memoria el magisterio: ¿Quién estaba en la dirigencia del magisterio? URMA. Es decir, los trotskistas. El magisterio con su dirigencia trotskista fue el sector más combativo en los años de la privatización.

¿Ironía de la historia? Los neoliberales que ayer criticaban a los trotskistas de “dinosaurios” y “antipatrias”; hoy, en función de gobierno buscan desacreditarles utilizando el mismo lenguaje.

Podemos no estar de acuerdo con la radicalidad de los trotskistas, pero no debemos borrar de la historia la combatividad de URMA en el magisterio y URUS en la Universidad. Por lo menos quienes escribimos con la mayor objetividad posible nuestra historia y sin repugnantes cálculos políticos.