<!– /* Font Definitions */ @font-face {font-family:”Cambria Math”; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:roman; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:-1610611985 1107304683 0 0 159 0;} @font-face {font-family:Calibri; panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:swiss; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:-1610611985 1073750139 0 0 159 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:””; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:”Calibri”,”sans-serif”; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:Calibri; mso-fareast-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:”Times New Roman”; mso-bidi-theme-font:minor-bidi; mso-fareast-language:EN-US;} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:Calibri; mso-fareast-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:”Times New Roman”; mso-bidi-theme-font:minor-bidi; mso-fareast-language:EN-US;} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 70.85pt 2.0cm 70.85pt; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} –> USInfo-Noticias.- Antes de la llegada de Cristóbal Colón en 1492 la población indígena de América del Norte era de decenas de millones, posiblemente más de 100 millones de personas. Estos habitantes no tenían el concepto de “propiedad” de la tierra. Ellos creían que el “Creador” les había dado la tierra para su supervivencia, y para honrar al Creador por ese don, honraban y cuidaban de la “Madre Tierra”.

Los europeos tenían una visión diferente de la tierra. Habiendo peleado largas guerras territoriales, enviaron expediciones en búsqueda de nuevas tierras para reclamarlas en nombre de sus gobiernos patrocinadores, sin tener en cuenta a los ocupantes de sus “descubrimientos”. Tenían armas desconocidas para los pueblos indígenas y eran portadores de enfermedades para las cuales la gente no tenía inmunidad.

Inicialmente, los indios, llamados así por el país que los exploradores originalmente habían buscado, fueron tomados como esclavos. Opusieron resistencia, pero no pudieron ante las olas de colonizadores que entraban a las tierras del Creador, y constantemente eran empujados hacia el Oeste.

Más tarde, los pueblos indígenas combatieron en la Guerra Revolucionaria de Estados Unidos y sus gobierno tribales figuran entre las cuatro soberanías, junto al gobierno de Estados Unidos, los gobiernos extranjeros y los gobiernos estatales, reconocidos por la Constitución de Estados Unidos. Estados Unidos firmó tratados de paz con muchas tribus, pero finalmente todos fueron quebrantados.

A medida que la población de Estados Unidos aumentaba, los colonos que iban al oeste cada vez invadían las tierras de cacería de los indígenas. Cuando las tribus peleaban contra los colonos, el gobierno de Estados Unidos enviaba al ejército a derrotarlos para proteger a los colonos, que eran ciudadanos, votantes y electores de quienes estaban en el poder. Tenían más influencia que los tratados en papel.

Finalmente, las guerras, las enfermedades y las hambrunas redujeron la población de los indígenas americanos a menos de 250.000 personas. Cansados, sin esperanza de victoria, la mayor parte de los líderes tribales aceptaron las nuevas condiciones del gobierno. Las tribus fueron empujadas hacia rincones de tierra baldía que les entregaban con la garantía de que si se quedaban en esas “reservaciones” habría paz. La mayor parte de las reservaciones no eran buenas ni para la caza ni para la agricultura.

Una creencia gubernamental paternalista, de que los indígenas no eran competentes para manejar sus propios asuntos, hizo que Estados Unidos aceptara una “responsabilidad fiduciaria” de hacerse cargo de los indígenas. Esta responsabilidad protege a las tierras tribales y garantiza los derechos de las tribus a usar y gobernar esas tierras. También garantiza que las tribus tengan suficiente alimento, medicinas y acceso a la educación. Actualmente esas responsabilidades fiduciarias recaen principalmente en la Oficina de Asuntos Indígenas y el Servicio de Salud Indígena.

Las Leyes Dawes de Asignaciones de 1887 dividieron las tierras de los indígenas entre individuos, con la esperanza de que se convertirían en agricultores y rancheros y se asimilarían a la sociedad, aliviándole a Estados Unidos la responsabilidad fiduciaria. Sin embargo las tierras no eran ideales para la agricultura y la mayor parte de los indígenas no tenían conocimientos de agricultura. Muchos vendieron sus terrenos a personas que no eran indígenas y más tierra se perdió.

En 1924 se concedió a los indígenas estadounidenses la ciudadanía de Estados Unidos. En 1934, la Ley de Reorganización Indígena de 1934, un “Nuevo Trato” para los indígenas, revirtió las Leyes Dawes, restauró muchas tierras tribales y permitió a los gobiernos tribales tener más control sobre sus bienes. En la década de 1950, las Leyes de Terminación y Reubicación acabaron con docenas de gobiernos tribales y reubicaron a muchos de sus miembros a áreas urbanas, para recibir capacitación laboral. Sin embargo muchos no pudieron encontrar trabajo y quedaron abandonados en las ciudades, lejos de sus pueblos. Es por esta razón que muchas ciudades de Estados Unidos tienen actualmente grandes poblaciones indígenas.

En la década de 1970, luego de muchas políticas fallidas, el presidente Nixon proclamó la “auto determinación”, permitiendo a los gobiernos de las tribus indias más control sobre sus asuntos, inclusive el poder de contratar servicios y establecer pactos. Hoy, algunas tribus que vivían en lo que parecían tierras inhabitables han hallado que sus tierras contienen recursos naturales, entre ellos petróleo y gas. Otras tribus en reservaciones cercanas a áreas urbanas, carreteras inter estatales, o lugares turísticos, han tenido éxito manejando operaciones legales de juego. Los indígenas ahora superan los dos millones de personas.

Al escuchar estos relatos de éxito de los indígenas estadounidenses, algunos pueden suponer que ahora todo va bien en los territorios indígenas. Sin embargo, el éxito económico ha sido solamente para un 10 por ciento de la población. El otro 90 por ciento todavía batalla contra tasas de desempleo, entre 50 y 80 por ciento, y contra las altas tasas de consumo de drogas, alcoholismo y diabetes.

Si bien las cosas están mejorando, todavía nos queda un largo camino que recorrer. Una vez hubo un pueblo de 100 millones de indígenas soberanos en 100 por ciento de lo que hoy es Estados Unidos. Actualmente 2 millones de indígenas son soberanos en algo más de 2 por ciento de la tierra. Este fue un alto precio por el “uso” de sus tierras por parte del gobierno de Estados Unidos.

A pesar de estas desigualdades, los indígenas son fervientes patriotas estadounidenses, cuyo servicio militar per cápita es más alto que cualquier otro grupo étnico en este crisol de razas que llamamos los Estados Unidos de América.

Ben Nighthorse Campbell, senador de Estados Unidos ya jubilado, es uno de los 44 jefes de la tribu indígena Cheyenne del Norte, y es un diseñador indígena de joyas. Sirvió en el Senado de 1993 a 2005, en la Cámara de Representantes de 1987 a 1993, y en la legislatura estatal de Colorado de 1982 a 1986. Fue el primer indígena estadounidense en la historia que presidió la Comisión del Senado para Asuntos Indígenas. Fue tres veces campeón de judo de Estados Unidos y capitán del equipo estadounidense en las Olimpíadas de 1964, luego fue entrenador del equipo.