(Cubarte).- “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…”, así comienza El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, obra trascendental de la literatura universal escrita por Miguel de Cervantes y Saavedra, uno de los grandes creadores del Siglo de Oro español, que nació en 1547 y murió un 23 de abril de 1616. Por tal motivo cada 23 de abril, por decisión de la Real Academia Española de la Lengua, se celebra el Día Mundial del Idioma Español, en honor a la memoria de Cervantes.

Mirta Aguirre, distinguida profesora e intelectual cubana, con su plena capacidad crítica y reflexiva decía: “Es indudable que al escribir su gran novela, Cervantes tuvo el propósito de crear la epopeya moderna y de impulsar la épica en prosa… donó a España, lo que constituye su primer patrimonio de veras nacional”.

Un año después de fundada la Real Academia en 1713, se establecieron sus estatutos y más adelante, se fueron creando las Academias en otros países de habla española.

En Cuba, la Academia de la Lengua se creó en mayo de 1926 y fue su primer director, el sabio cubano Enrique José Varona, quien fuera un estudioso de la obra de Cervantes. En una conferencia pronunciada en El Nuevo Liceo de la Habana la noche del 23 de abril de 1883, nos advertía:

A tanto ha llegado Cervantes y fácil es demostrarlo. Conoce maravillosamente su pueblo y lo pinta; es un hombre de su época y la estudia; escribe con todo el desembarazo del genio su lengua nativa, prodiga a manos llenas los modismos, no se para en las incorrecciones y sin embargo, hoy como entonces, en inglés o en ruso (ahora diríamos en todos los idiomas), como en castellano, su obra inmortal es deleite y enseñanza y pasmo de los hombres por el mero hecho de ser hombres.

Para nuestro Alejo Carpentier, no tuvo España mejor embajador a lo largo de los siglos, que Don Quijote de la Mancha y para el gran Medardo Vitier: “El espíritu cervantino acoge toda la diversidad de sesgos humanos con que España asombra al Mundo”.

Hoy todos los hispanoparlantes que somos más de 400 millones de habitantes nativos, nos unimos y sabemos que nuestro idioma es algo vivo y le imprimimos esa energía que lo hace crecer con el uso continuo, haciéndolo evolucionar cada día más.

Un 23 de abril, pero de 1978, nuestra insigne poetisa Dulce María Loynaz hablaba del idioma español. Lo comparaba con un río:

Así como tantas veces el río al nacer sólo parece una madeja de hilos de agua y luego el agua va creciendo, nutriéndose de nuevas aguas, las que se precipitan en las lluvias, las que descienden de las nevadas cumbres o la embocan en su trayecto de afluentes hasta convertirse en cadenciosa masa líquida, así nuestro caudaloso idioma, pasó por la maravilla de la naturaleza, sólo que la pasó, a través del hombre.

Dulce María también nos recordó que el idioma nuestro surgió hace más de mil años. Es obra de todos y los escritores se sirvieron con maestría del habla popular y nunca dejó de advertirnos, que había que cuidarlo por ser nuestro más legítimo patrimonio y que por pertenecernos, todos estamos en el deber y el derecho de defenderlo. No debemos enturbiar ese río con lo que ella llamó; “el vocablo torpe o la expresión soez, si no era por supuesto, por una fundamentada razón literaria”.

Allá por el año 978, aparecieron los primeros fragmentos escritos en español rudimentario. La historia del idioma es muy interesante. Es imposible en estas breves líneas hablar de español desde sus más recónditos orígenes, pero creo importante decir, que la situación de la Península antes de la llegada de los romanos, presentaba un mosaico de pueblos cada uno con su propia lengua las cuales fueron dejando huella en el latín.

A medida que el Imperio se debilitaba, los pueblos germanos ampliaron su influencia y en el siglo VIII los árabes penetraron en la península y dejaron entre otras cosas, más de 4.000 palabras.

Una vez desmoronado el Imperio Romano, los pueblos siguieron utilizando el latín vulgar, pero cada región lo fue adaptando a su manera, tanto que aparecieron las llamadas lenguas romances o neolatinas. De esta forma el castellano que se originó en España, es una lengua romance que se consolida cuando se unificó la Península con la unión de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los llamados Reyes Católicos y se impuso como idioma oficial.

La imprenta fue introducida en España en 1474. Aquella primera Gramática de la Lengua Castellana escrita por Elio Antonio de Nebrija en 1492, su posterior Vocabulario español-latín y sus Reglas Ortográficas, constituyeron valiosos instrumentos en los inicios de normalización de nuestro idioma.

En el siglo XII el Poema del Mio Cid, y el Auto de los Reyes Magos, constituyen aunque muy tempranas, dos obras maestras de la literatura y en el Siglo de Oro. Figuras como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Quevedo, Góngora y don Miguel de Cervantes y Saavedra, abrieron monumentalmente el cauce del río, demostrando que nuestra lengua iba a alcanzar un porvenir seguro y pleno.

Ahora nuestro idioma, como diría Dulce María, es un río sagrado. Es la segunda lengua más hablada en el mundo, esa lengua que llegó a nuestras tierras de América a través de los viajes de Colón y de la conquista de América. Como los españoles se encontraron diversidad de lenguas indígenas en nuestro continente, prefirieron imponer la lengua del conquistador. Pero les fue imposible evitar que en el idioma quedaran palabras y cosas nuevas de los nativos americanos que también tenían sus culturas, sus costumbres y sus variedades regionales y que la vida y la historia, tuvieron en muchos casos que mantener.

Desde el siglo XVI hasta nuestros días, el castellano se ha ido enriqueciendo por las aportaciones de otras lenguas. En resumen, en su diversidad está la riqueza de nuestro idioma. Nuestra lengua es propiedad de todos. Siguió creciendo con la Revolución industrial del siglo XIX. Después en el siglo XX, se utiliza masivamente por los medios de comunicación los cuales acercaron y contagiaron vocablos y expresiones que hasta ese momento eran exclusivos de unos y de otros.

El destino de una lengua no está sólo en su valor cultural sino en su valor político.

Hispanoamérica, en este siglo XXI, es un mundo en evolución, de gran potencia demográfica y riquezas naturales. Nuevas tecnologías de la información abren amplios y complejos horizontes. Hispanoamérica se enfrenta a serios desafíos. Seguiremos la tendencia imaginativa, novedosa de no corromper la pureza del idioma, sino darle vida, hacerlo crecer, trascender, darle color, música, energía. Como decía Valle Inclán: “…las palabras son corazones vivos y no relicarios”.

El mundo actual ha avanzado vertiginosamente y de acuerdo con él, la palabra hablada y escrita. Sancho y Rocinante siempre acompañaran al ingenioso hidalgo, Dulcinea le despertará las mejores ilusiones, los elementos maravillosos que lo llevan al encantamiento, se multiplicarán y volverán a sentirse aquellas palabras del escudero ante el lecho de moribundo:

–¡Ay!, respondió Sancho llorando, no se muera vuesa merced señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso sino levántese de esa cama y vámonos al campo vestidos de pastores como tenemos concertado…”.