No voy a cometer el despropósito de sugerir por quién votar, pues cada ciudadano tiene el derecho de elegir a su aire, a su tinkazo o a su forma de pensar. Pero me gustaría pensar por qué, buscando qué, con qué propósito elegir a uno u otro candidato.

La experiencia prefectural y municipal de los últimos cuatro años ha sido traumática, y las víctimas hemos sido los ciudadanos, que hemos espectado una pelea sin límite de rounds en la cual todo valía, tanto en la Prefectura con el Ejecutivo, como en el Gobierno Municipal.

El enfrentamiento tuvo un antes y un después: el 11 de enero y la escalada de violencia previa, en la cual fue visible el intento de controlar el centro del territorio nacional, es decir, Cochabamba, con un proyecto hegemónico cuyo eje era la media luna. El Prefecto de entonces se sumó a ese proyecto y trató de romper el equilibrio catastrófico que había entre dos polos, el de occidente, controlado por el gobierno, y el del oriente, controlado por Santa Cruz.

En esa oportunidad dijimos que Cochabamba debía ser neutral en esa disputa porque es la capital geopolítica de Bolivia y es factor de unidad de todos los movimientos autonómicos. Si Cochabamba se alinea, el país se desquicia y, al perder su eje, el país corre el riesgo de dividirse para siempre.

No ocurrió así y tuvimos que soportar años de enfrentamiento político que postergaron la ejecución de proyectos de desarrollo importantes, porque las Prefecturas son también corporaciones de desarrollo, es decir, organismos técnicos y no solamente políticos.

¿Qué decir del Gobierno Municipal? Pocas veces hemos espectado una mayor concentración de bilis de cuatro colores, amilasas, lactasas, insulinas y otros fluidos que de milagro no les ocasionaron una pancreatitis aguda a los concejales y al alcalde. Resulta fácil buscar un chivo expiatorio y culparlo de todas las obras inconclusas o mal hechas, pero demanda mayor ecuanimidad y trabajo analizar qué hizo el Concejo Municipal, pues en lugar de agilizar la ejecución de las obras del POA de cada año se enfrascó en discusiones, censuras, enfrentamientos, insultos y un clima que parecía una pila voltaica.

Tengo buenos amigos entre los concejales y me consta que algunos de ellos, como mi invariable carnal Gonzalo Lema, obraron en todo momento según su conciencia, pero a algunos otros los benefició la paciencia de los cochabambinos, que espectamos en silencio una conducta tan bochornosa y no los sacamos en burro.

Con un resto de sentido común se puede concluir que el enfrentamiento político con un proceso de cambio tan vigoroso como el que dirige el Ejecutivo no ha de beneficiarnos; al contrario, va a distraer tiempo y recursos en la pugna política, y va a descuidar los proyectos de desarrollo pendientes y nuevos. La nueva gestión de la Gubernatura precisa de programas de alerta temprana, de fomento a la agropecuaria, a la producción y conducción de gas, a la conexión con el Beni y con La Paz por una nueva ruta, al mejoramiento de la red vial, a la planificación de una alternativa al Sillar, a la continuación del proyecto Misicuni y tantos otros. La nueva gestión del Gobierno Municipal debe llevar a buen término las obras inconclusas y dar énfasis al desarrollo humano y cultural, para construir una ciudad que sea La Capital del Vivir Bien.

¿Vamos a arriesgar estos planes buscando nuevos enfrentamientos?