Sorprende a oficialistas y opositores el acelerado proceso de desgaste de un régimen que pensaba gobernar el país por los próximos 50 años. En vísperas de las elecciones regionales, importantes sectores del MAS se rebelan contra la cúpula partidaria, que ha impuesto candidatos para gobernadores y alcaldes sin tomar en cuenta las decisiones de las organizaciones de base.

Lo lógico sería que el oficialismo se consolide a medida que la oposición de derecha se debilita y sus figuras más visibles abandonan el país buscando refugio en EE.UU o se pasan a las filas del oficialismo. Sin embargo, la oposición se hace astillas a todo nivel y al mismo tiempo estalla la crisis en las direcciones del MAS a nivel nacional. ¿Cómo se explica semejante contrasentido?

El MAS no es un partido estructurado en torno a un programa con objetivos estratégicos claros, y por tanto carece de tácticas que respondan a la situación política concreta siempre cambiante. Se trata más bien de una montonera amorfa de componentes que provienen de diferentes vertientes ideológicas con el objetivo común de medrar del aparato estatal.

En el seno del MAS encontramos tendencias indigenistas retrógradas que repiten las teorías del llamado posmodernismo; derechistas recalcitrantes que en el pasado sirvieron a gobiernos neoliberales y a las dictaduras militares; militantes de diferentes gamas de la “izquierda” reformista; foquistas transformados en demócratas, y muchos otros ejemplares de la variopinta fauna política criolla.

El partido de gobierno cobija a los rebalses de la quebrada clase dominante y del reformismo que perdió el rumbo después de la caída del estalinismo en la segunda mitad del siglo pasado. Aunque se trata de una torre de Babel, todos confluyen en la defensa cerrada de la propiedad privada; del capitalismo más humano, democrático, autonómico, complementario y recíproco; y del nacionalismo de contenido burgués denominado ahora “socialismo del siglo XXI”.

Una agrupación política de esta naturaleza, sin una argamasa programática que la haga consistente, es potencialmente disolvente. Por esa razón surgen tendencias y fracciones de inconformes que tienden a atomizar a la organización, tan pronto la torta no alcanza para satisfacer a todos.

Surgen tendencias políticas que fisuran al MAS desde adentro, como por ejemplo la corriente encabezada por el senador cruceño y dirigente de la CSUTCB Isaac Avalos, que representa a un sector campesino opuesto a la titulación colectiva de la tierra. Esta corriente detenta una importante cuota política en el Poder Ejecutivo y está en condiciones de cambiar el rumbo de la reforma agraria con el fin de legalizar la titulación individual de propiedades agrarias.

Las presiones internas en torno a prebendas y cargos probablemente podrán ser controladas por el gobierno, aunque las exigencias están en relación directa con la cantidad de buscapegas, que por cierto son muchísimos. Será más difícil controlar aquellas otras presiones de las llamadas organizaciones sociales y de los sindicatos que representan a los intereses materiales que hacen a la estructura misma del país. La contradicción con esos sectores se ahondarán en la medida que el MAS demuestre su incapacidad para resolver sus problemas.

Las contradicciones en el oficialismo se agudizan en la medida en que el gobierno, debido a su política burguesa, choca no sólo con los sectores explotados sino con sus mismas bases sociales.

La rebelión interna

Con el fin de captar votos de clase media, el oficialismo designó como candidatos a elementos que hasta la víspera estaban identificados con la derecha de la media luna. La base masista considera que esta actitud es una traición a los “principios” del MAS.

La situación se agrava cuando, de manera despótica, las camarillas próximas a los círculos del poder designan a dedo a los representantes del partido, contrariando el sentimiento de sus bases.

Sectores importantes del MAS se rebelan contra la cúpula masista. No cabe duda que detrás de estos reclamos hay intereses materiales de grupo en el ámbito local que chocan con los intereses generales del oficialismo, obligado a cumplir compromisos contraídos con los nuevos aliados en las últimas elecciones.

Entre los candidatos masistas de Santa Cruz y Tarija aparecen connotados derechistas que no hace mucho combatieron y persiguieron a militantes oficialistas. Los caudillejos locales que esperaban ser incorporados al aparato estatal (ya sea como asambleístas, ministros, viceministros o burócratas de tercer nivel) en compensación por los trabajos realizados, al verse marginados, rápidamente saltan a la palestra para expresar su malestar.

Molestó a los mineros de Potosí y Oruro el comentario de la escultural candidata masista a la prefectura del Beni Jesica Jordan. Esta diva, muy suelta de cuerpo, propuso enviar a los asesinos, violadores, asaltantes y a toda la escoria de la sociedad a purgar sus penas en las minas del Occidente del país.

Los mineros respondieron que las minas no son cárceles para maleantes y exigieron a la bella candidata que tenga más respeto por sus centros de trabajo. Le recordaron que Bolivia ha comido y come gracias a la producción minera. Uno de los dirigentes, con mucha ironía y carga machista, característica en el sector, dijo que Jordan “tendrá un escultural cuerpo, pero no tiene cerebro”.

Muchos de los disidentes masistas conformaron agrupaciones ciudadanas propias para participar en las elecciones de abril, como es el caso de Alex Contreras en Cochabamba, o Lino Villca en La Paz, y otros se suman a candidaturas opositoras como Abel Mamani en El Alto.

En La Paz comienza el desmoronamiento de un gobierno que pensaba quedarse en el Palacio Quemado 50 años para construir el “socialismo del siglo XXI”. En respuesta a la política de “erradicación forzosa” de coca, algunos cocaleros de los Yungas organizan sus propios “instrumentos políticos” para castigar al MAS en las elecciones.

El inicio de la erradicación forzosa en La Paz ha puesto en apronte a los productores de coca con gravísimas repercusiones políticas para el gobierno del MAS. Los cocaleros de la región han decidido abandonar al oficialismo y participar en las elecciones para prefecto y alcaldes con sus propias agrupaciones ciudadanas.

ADEPCOCA postula a sus propios candidatos en los municipios de Chulumani, Inquisivi, Yanacachi e Irupana; Alianza Patriótica (AP) en Coripata; el Movimiento Por la Soberanía (MPS) en los municipios de Cajuata, Caranavi y Coroico.

El candidato masista a la Alcaldía de El Alto Edgar Patana ha resultado ser el más repudiado por la población. El origen del problema es que ha sido impuesto a dedo por Evo Morales en premio a su obsecuencia como dirigente obrero y a sus tropelías contra los diferentes sectores e instituciones como la misma Alcaldía y la poderosa Fejuve de la ciudad.

Los dirigentes obreros de la COR advirtieron que Patana será sometido a un proceso sindical por haber comprometido seriamente el principio de la independencia sindical so pretexto de “apoyo al proceso de cambio”, convirtiendo a la organización sindical en una oficina del oficialismo. También lo acusan de haber usado el cargo para exigir cuotas en la Aduana Nacional.

El día del paro movilizado del magisterio paceño, la Federación de Padres de Familia ha convocado a sus bases a una movilización para exigir más ítemes al Estado, aunque la intención velada era enfrentar la movilización de los maestros y a la vez apoyar una concentración política de candidatos del MAS.

Tan grande fue el repudio contra Patana que los padres de familia, al verse utilizados y engañados, reaccionaron violentamente y terminaron rompiendo vidrios de las oficinas de la Fejuve y de la COR. La gente gritaba a voz en cuello que estaba cansada de ser instrumentalizada abusivamente por “El peruano”.

Las diferentes encuestas señalan que la intención de voto a favor del candidato oficialista a la Alcaldía no sobrepasa el 45%, pese a que el MAS ganó en El Alto con más del 80% de votos en las pasadas elecciones presidenciales.

Por otro lado, sorprendieron las declaraciones de Luciano Vegamonte, un alto dirigente masista en el departamento de Cochabamba, que rebeló que en la zona Sur de la ciudad -tradicional bastión electoral del MAS- se está produciendo el desbande en las direcciones medias del oficialismo.

Esta gente se suma a otras agrupaciones ciudadanas para las próximas elecciones de gobernador, alcalde y de concejeros municipales. Pero al partido oficialista le importa poco que los dirigentes se vayan porque confía en el voto de las bases masitas.

Lo cierto es que son impredecibles las repercusiones de la actitud disolvente de amplias capas del oficialismo en las futuras elecciones prefecturales y municipales.

Sorprende el acelerado proceso de desgaste de un gobierno que hace apenas unas semanas se instaló en el Palacio Quemado completamente empoderado por el éxito electoral en diciembre de 2009. Esta situación confirma que la fortaleza de un gobierno no depende de la cantidad de votos que acumula sino de su capacidad para satisfacer las necesidades materiales de los explotados y oprimidos, y para resolver los grandes problemas nacionales.

* Profesor de Filosofía y dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR).