Los retos en SC y Beni, y el 62 % paceño a 3 semanas de los comicios

Rolando Carvajal

marzo 12, 2010Publicado el: 6 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

Prestos para ganar en ocho de los diez municipios más importantes del país, pero tal vez no en dos de los más sensibles, Trinidad y Santa Cruz; y en seis de las nueve gobernaciones, pero no en dos de las estratégicas: Beni y Santa Cruz, jefes y militantes del MAS se disponen a asumir el mando (o conservarlo) en la mayor parte de las administraciones locales y departamentales del país.

Más allá de consolidar su poder y comenzar a disponer del ejercicio de la hegemonía conquistada recientemente tras el ostensible fracaso de la derecha en las últimas elecciones de diciembre, la masa y sus líderes se aprestan también a ejecutar un enorme presupuesto comunal y regional, relevando en la administración a buena parte de los altos funcionarios que conforman la vasta planilla de al menos cien mil cargos municipales y, por ahora, prefecturales.

Los 337 municipios del país tenían previstos ingresos por al menos 1.400 millones el año pasado, mientras que las prefecturas consignaban un presupuesto algo mayor: 1,600 millones, previéndose para el quinquenio un manejo de 15.000 millones de dólares hasta el 2015.

El optimismo generalizado una victoria contundente en municipios como El Alto, Oruro, Potosí y Cochabamba, bastiones electorales del MAS, no esconde, sin embargo, la preocupación por remontar las proyecciones de voto adversas en algunos municipios clave como el de la sede de gobierno.

El reto de recuperar el 62 %

El MAS y sus aliados consiguieron hace cuatro meses el 62 por ciento de votos en la ciudad de La Paz, pero ante los sondeos preliminares que daban cuenta de un apoyo de entre el 36 y 39 por ciento para la candidata masista local, los estrategas de campaña se mostraban inquietos por escalar en las siguientes tres semanas los 15 puntos decisivos alcanzar el triunfo

"Estamos haciendo campaña como si estuviéramos perdiendo", dijo al comenzar marzo Elizabeth Salguero, la ex diputada elegida por la corriente oficialista para tratar de suceder al alcalde Juan Del Granado, el ex aliado político del presidente Evo Morales, que gobernó la sede de gobierno en los últimos diez años, rescatándola de una larga serie de administraciones neoliberales corruptas que la pusieron a punto de quiebra en 1999.

"Queremos un concejo de lujo", dijo también Salguero sin recordar que uno similar llevó a la bancarrota al municipio hace diez años. En tanto, su jefe de campaña, Enrique Brozovich, confiaba en el voto de las populosas "laderas" que rodean la ciudad para obtener 20 puntos adicionales y acercarse a la votación obtenida por el MAS en diciembre pasado.

Segura de contar con al menos 6 concejales para dirimir fuerzas con sus eventuales opositores "sin miedo", la cúpula masista local ultimaba sus cálculos para administrar unos 1.250 millones de dólares de los paceños en los próximos cinco años.

"Son 255 millones de dólares y 3.500 puestos municipales por año, y no habrá problemas de transparencia ni corrupción", remarcó Brozovich, mano derecha de Salguero que tenía por delante apenas 23 días seducir a los indecisos (20 %).

Sus colegas César Cocarico, pese a una designación más reciente, y Edgar Patana se encaminaban, según los últimos sondeos, hacia una victoria más segura, de la mano de los movimientos sociales que sustentan la administración nacional.

Los comicios del 4 de abril próximo convocarán a 5.5 millones de votantes que deberán elegir a 2.502 autoridades titulares entre gobernadores alcaldes, concejales y asambleístas departamentales.

Seguro electoral y tendencias

Las elecciones regionales darán continuidad a la tensa renovación institucional iniciada el 2005 con la elección del presidente Evo Morales y el derrumbe de los gobiernos neoliberales que monopolizaron el poder desde 1985, pero también el inicio de un Estado Plurinacional autonómico, según destaca la agencia oficial ABI.

En el caso paceño como en otros con panorama no problemático, los estrategas oficialistas confiaban también en ganar votos aprovechando la convocatoria de la figura presidencial, poniendo a los candidatos en apariencia débiles bajo el amparo del mandatario.

En su protesta los alicaídos opositores impugnaron que los postulantes se valgan del liderazgo de su jefe.

El mismo gobernante dijo en Santa Cruz, durante un encuentro con la totalidad de los aspirantes oficialistas, que sus programas tenían el apoyo suyo y del gobierno nacional.

El panorama cruceño, por su parte, con fuerte apoyo oficialista para la candidatura del socialista Jerjes Justiniano a la gobernación y de Roberto Fernández para la ciudad más próspera del país, tropezaba con las proyecciones del postulante de la derecha tradicional, Rubén Costas.

De acuerdo al muestreo pre electoral, Costas se asomaba sin riesgos -incluso en una segunda vuelta- a su reelección en un departamento que registra el crecimiento más notable de la izquierda local en los últimos tiempos, lo mismo que Percy Fernández, empeñado en seguir administrando los cuantiosos recursos de la alcaldía cruceña pese al embate de los hermanos Fernández, Johnny y Ernesto.

Las perspectivas oficialistas se presentaban menos claras en Chuquisaca y Tarija, donde los candidatos de la derecha libraban una batalla casa por casa, voto por voto, promesa tras promesa, con los aspirantes masistas que esperaban dar una sorpresa desvalijando a sus adversarios no sólo de las arcas municipales y prefecturales, sino del largo monopolio conservador en esas regiones, al igual que en el departamento de Pando donde aseguran estar a punto de dar fin al predominio de los caciques neoliberales en la Amazonia norte de Bolivia.

En el extenso departamento del Beni y su capital, Trinidad, el electorado tendía a mantener en el poder regional a los hacendados, pese a los esfuerzos desplegados por la emergente fuerza populista que gobierna el país pero que no consigue todavía sentar hegemonía en las despobladas llanuras selváticas, donde ni el Estado en descomposición ni el naciente Estado Plurinacional han fijado decisiva presencia, dejando a los electores librados a su propia suerte, salpicada de prebendas y matonajes patronales.

Como en la novela de Lope de Vega, El mejor alcalde, el rey, al parecer en la figura presidencial están cifradas las esperanzas de cientos de candidatos confiados en que el mandatario les dé los votos que por sí mismos no podrán conseguir.

Por eso están asegurando su presencia en todos y cada uno de los actos finales, sean caminatas, caravanas de vehículos o encuentros con diversos sectores sociales, en un fin de semana que se acerca vertiginosamente y que será para muchos excesivamente largo, no sólo por la jornada electoral sino porque se cruza con la Semana Santa y los actos litúrgicos tolerados por la Corte Electoral.

Atrás