Se veía venir. Las consideraciones estratégicas, que no toman en cuenta razones humanitarias o éticas, apuntaban a eso que hoy parece un hecho consumado. Los países de la ALBA protestaron; el Vicepresidente boliviano denunció que los marines en Haití no levantan un solo escombro, y que para aterrizar en Puerto Príncipe hay que pedir autorización al Departamento de Estado; la Unión Europea manifestó su inquietud, pero la intervención armada a Haití, un país indefenso, continúa. La ayuda "humanitaria" no fue coordinada por USAID u otro organismo de cooperación sino por el Departamento de Estado y el Pentágono, y el futuro es previsible: la consolidación de un gobierno títere y una amplia base militar norteamericana, que cercará aun más a Cuba y controlará a los gobiernos de Centroamérica y el Caribe.

Haití no tiene gobierno, no tiene administración. El Presidente usufructúa un mandato ilegítimo, pues no tiene medios oficiales para coordinar la ayuda a los damnificados por el terremoto. ¿Son éstas razones suficientes para que las tropas norteamericanas invadan Haití? ¿Por qué la ONU no se pronuncia y reclama por la ocupación virtual de los aeropuertos, que otorgan prioridad al desembarco de tropas norteamericanas y no al de los voluntarios del mundo que llevan vituallas y auxilio médico?

¿Vamos a quedarnos con los brazos cruzados? Quizá nadie pueda disuadir al gobierno de Barack Obama, pero ¿por qué no pedimos a quienes le otorgaron el Premio Nobel de la Paz que revisen su decisión? Mientras no la revisen, mientras no retiren el galardón inmerecido por Barack Obama, ningún ciudadano del mundo con un resto de dignidad debe aceptar que se le otorgue ese Premio mancillado por el Presidente norteamericano.