Guatemala, (PL).- Un sitio guatemalteco con aspiraciones frustradas de ser una de las nuevas siete maravillas del mundo está agonizando. El majestuoso lago Atitlán, de tradicional atractivo turístico pero también fuente de supervivencia humana, sufre los embates de un gran mal de la modernidad en el planeta: la contaminación.

Años y años de sumar a sus otrora cristalinas aguas las residuales de los alrededores, de ser vertidas enormes cantidades de fertilizantes, agroquímicos y cuantos desechos pueden ser imaginados, tienen a ese accidente hidrográfico en peligro de muerte.

Los cambios ambientales tienen larga data, pero científicos aseguran que la nueva floración de un microorganismo llamado cianobacteria responde también a la acción acumulada de los huracanas Mitch (1998) y Stan (2005).

Igualmente, mencionan la construcción de carreteras, urbanizaciones y otras obras civiles con movimiento de tierras y sin medidas de mitigación en los últimos años.

Hace poco comenzó la divulgación sobre la proliferación de la cianobacteria, que cubre casi totalmente el lago y deja una superficie sucia, teñida, nada parecida a la original.

Pero resulta que ese daño comenzó décadas atrás, e incluso fue advertida su peligrosidad para la vida animal, tanto la de su hábitat como la ajena que usa el caudal para el consumo.

Los guatemaltecos, con prurito propio del orgullo nacional, consideraron siempre al Atitlán como el más bello entre sus iguales del orbe. Ahora representa la posibilidad cada vez más real de convertirse en la peor tragedia ecológica de todos los tiempos en el país.

Enemigo silencioso

De acuerdo con la literatura especializada, la cianobacteria es un microorganismo acuático poseedor de pigmentos fotosintéticos y que libera oxígeno como subproducto de su metabolismo.

El prefijo ciano hace referencia al color azulado que posee y por ello son también conocidas como algas verdiazuladas, aunque la palabra alga usada en este contexto se refiere solo a la apariencia y actividad fotosintética, no a una relación de especies.

Algunos de esos microorganismos producen toxinas y pueden llegar a envenenar a los integrantes del reino animal, incluido el hombre.

El fenómeno se hace importante sólo cuando hay una floración o explosión demográfica, lo cual ocurre a veces en aguas dulces o salobres si las condiciones de temperatura son favorables y abundan los nutrientes, sobre todo fósforo.

Los mecanismos fisiológicos de la intoxicación son variados, con venenos tanto citotóxicos (atacantes de las células), como hepatotóxicos (del hígado) o neurotóxicos (del sistema nervioso), afirman las publicaciones. Y éste es el caso de la floración existente en esa reserva lacustre, o al menos en parte de ella.

Atitlán

Ubicado en el central departamento de Sololá, para el cual significa su principal recurso hídrico y económico, el lago va perdiendo aquella gran pureza de 99 por ciento que lo caracterizaba en su parte central.

Es el más profundo de Centroamérica, a pesar de variar las mediciones y en muchos puntos ser desconocida, pero se han sondeado hasta más de 350 metros.

Está instalado en una caldera volcánica llamada Los Chocoyos, que hace unos 84 mil años fue formada por una fortísima erupción, y lo rodean tres colosos: Atitlán, Tolimán y San Pedro.

Las teorías sobre su formación son dos, una de ellas opina que el lago es un viejo cráter muerto. Otra señala que el surgimiento de los volcanes interrumpió el curso de los tres ríos que vienen del norte, los cuales, al reunir sus aguas en el lugar, le dieron origen, pues no tiene desagüe visible.

Una guía turística consultada destaca cómo a su alrededor los pueblos proporcionan diferentes ambientes a los visitantes, desde la paz característica de Santa Cruz la Laguna y San Pedro, hasta la atmósfera de fiesta y parranda de Panajachel, el más popular de Sololá.

Los cerros y volcanes —continúa- ofrecen bosques densos y tupidos, donde el senderismo se puede practicar en un entorno poblado de distintos tipos de pájaros, desde el poco tímido Carpintero hasta el Quetzal, el ave nacional.

Los turistas lo mismo nadan en sus aguas, tibias en las orillas aunque la temperatura ambiental sea fría, que navegan, aunque todo tiene un límite, pues a partir de las 16:00 hora local son suspendidos los paseos en lanchas.

Ello obedece a un fenómeno que nunca cesa, llamado Xocomil, el cual agita en buena medida las hasta entonces apacibles aguas y deben tomarse medidas de seguridad.

Proyecto

Recientemente fue aprobado un proyecto para el saneamiento del lago, ante una situación que puede hacer disminuir considerablemente los beneficios para más de 200 mil habitantes de la zona dependientes económica y materialmente de sus bondades.

Necesariamente habrá que invertir en costosas plantas de tratamiento de aguas residuales y aplicar otra medidas, el problema radica en cómo conseguir los cuantiosos recursos indispensables para esas y muchos trabajos más.

Por lo pronto, fue prohibida la utilización de jabones y detergentes con alto contenido tóxico, so pena de ser multados quienes violen la disposición.

Pero pasará mucho tiempo, de aplicarse la cura como es debido, para hacer retornar al lago a las condiciones que hacían a los guatemaltecos calificarlo como el más bello del mundo y lo llevaron a competir entre los sitios candidatos a las nuevas siete maravillas.

* corresponsal de Prensa Latina en Guatemala.