¿Somos un poco o muy mucho ?

Carlos F Toranzos

diciembre 2, 2009Publicado el: 4 min. + -

¿Qué es esto? La Corte dice que par inscribirse es necesario un sin número de requisitos, entre los que figuran uno u otro, es decir uno cancela la necesidad del otro. La lógica es aplastante y dentro de eso no hay cabida a cambios último; así se quiera rehacer el padrón, ya es tarde dicen las fechas y tarde dicen los que se han inscrito con uno u otro documento que en principio fue aceptado. Si fue aceptado, es porque no hay otra razón para volver a ser llamado: O tú pones los requisitos claros al principio o te aguantas y las rectificaciones la haces más tarde cuando hayas evaluado otra mejor manera de hacer el registro.

Creo que la CNE no ha hecho mal trabajo pero su trabajo bueno está dentro de los marcos de lo que se quiere por perfecto. La burocracia no es perfecta y cualquier intento de perfeccionarla es un intento a partir del ejercicio de la prueba y el error. Felipe II era el leguleyo por naturaleza, el que juraba que todo lo que estaba escrito era lo correcto lo que no aparecía en el papel era un error; Napoleón cambió esta percepción e hizo una adenda a la burocracia y era la de flexibilidad, es decir que si lo que se hacía hoy y resultaba obsoleto mañana; lo de mañana valía y no lo de ayer.

Me parece que la CNE se ha trabado en sus propios triunfos, querer hacer un registro impecable es el deseo de todos pero no el de a realidad. La realidad dice que hay gente que no tiene el certificado de nacimiento, pero tiene la libreta militar, o el carné de identidad. ¿Qué diferencia hay, en realidad, para el reconocimiento de uno frente al otro cuando en verdad es que el uno ha sido pre-requisito del otro? No hay manera de agarrar este lío si no el de pecar de puristas, no creo de tendenciosos, peor si de puristas. Se les ha dicho, y no han querido arreglar el asuntos hasta que Cortes locales demanden a la central ser mas expeditos en sus decisiones.

Me parece enfermizo que la CNE no tome en cuenta a las cortes locales las mismas que están totalmente metidas en el depurar lo mismo que la corte nacional centralizada. ¿Qué hay? Yo creo que la Corte no tiene mayor intención que el cumplir su trabajo totalmente y completamente fuera del condicionamiento político partidista, esto es una virtud, pero esta virtud tiene que ser lógica y vivir con lo que ha demandado en principio, documentos que son válidos y documentos que reemplazan lo que ellos mismos dijeron que valía.

Ahora que han dicho que sí que todo vale. Y que de acuerdo a esto no hay mas que hacer, solo que elo buen nombre de la Corte se pone en cuestión. Y no podemos, no se puede un país dar el lujo de matar sus instituciones por el solo hecho de que sus generales no son los que comandan con buen juicio. Ahora se me ocurre, que como los directores técnicos de los equipos de fútbol, los directivos tienen que dar paso a otros para que se hagan cargo de llevar mejor y a mejor término los cometidos de una institución que tiene que ser el motor real de la organización de la participación democrática.

La Corte ha tenido buenos directores, pero que a partir de las elecciones los directores pongan sus cargos en cuestión y que no se queden porque el buen trabajo le s justifica. No más, el trabajo ha sido bien hecho, particularmente ahora que se dan cuenta que los cuestionados, casi medio millón no tienen porque sufrir su cuestionamiento. Que se vayan y dejen a otros la oportunidad de ejercitar quizá una nueva visión de administrar la Corte o que se queden pero con una apertura de experiencia única e inigualable. Son los guardianes de la democracia. Ese trabajo no se lo daría a nadie que no pruebe su distancia del ejecutivo, del judicial y del legislativo. La Corte con su nuevo nombre es una institución a la que debemos nuestra confianza.

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