La relación fundamental del capitalismo (capital-trabajo asalariado) probablemente apareció en el sur de España o en algunas ciudades autónomas italianas por los siglos XI o XII, pero éste no fue un invento europeo sino árabe y judío, pues estas culturas preservaron el saber de Occidente y lo nutrieron con la vieja sabiduría del Oriente. Lo cierto es que el capitalismo como sistema mundial surgió después de la invasión del Nuevo Mundo por los españoles, portugueses e ingleses que fundaron el colonialismo. En suma, no existiría capitalismo sin la contribución de los pueblos llamados más tarde indios o americanos; sin embargo "jamás nos pagaron dividendos".

En principio América y luego el resto de las colonias inyectaron oro, plata y piedras preciosas a Europa, acelerando la evolución del Mercantilismo europeo hacia el capitalismo. América contribuyó asimismo con mano de obra gratuita, recursos naturales y, sobre todo, alimentos; pero luego los intelectuales del Viejo Mundo escribieron relatos y teorías como si ellos por sí solos hubieran salido de la oscuridad de la Edad Media e ingresado al Renacimiento y a la Ilustración. Pero, en rigor, nada de ello hubiera sido posible sin el aporte sustancial de nuestras culturas originarias.

Españoles, portugueses e ingleses dominaron el comercio noratlántico y fundaron así el mercado mundial; trasladaron la sede del nuevo modelo del Mediterráneo a Inglaterra y Francia y de allí expandieron el capitalismo a todo el Planeta, pero a costa de los pueblos reducidos a colonias.

La vieja tradición marxista nos enseña que un principio básico de la historia es la relación dialéctica entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Así las fuerzas productivas creadas por el capitalismo ya no podían convivir con las relaciones de producción esclavistas o feudales, o con la pequeña producción artesanal; era necesario liberar a esas clases subalternas y declararlas iguales ante la ley para que concurrieran libremente a vender sus energías en el mercado de trabajo. Sin embargo, este hallazgo marxista sólo funcionaba en Europa y más tarde en América, no así en las colonias, donde ese capitalismo mundial combinaba perfectamente con relaciones de producción esclavistas y servidumbrales, es decir, capitalistas.

Aun más, esa subvención de la fuerza de trabajo de las colonias fue una contribución sustancial para que se constituyera el mercado y el capitalismo mundiales. Al mismo tiempo, las minorías blancas que fundaron las nuevas repúblicas independientes, aunque conocían y admiraban a la burguesía europea puesto que eran liberales, se cuidaron mucho de liberar al indio, al negro y al mestizo para que concurra libremente al mercado de trabajo; al contrario, mantuvieron las relaciones de señorío coloniales para que las razas de color continuaran sometidas a la obligación de trabajar sin relación salarial. Por eso el gerente de la Mina Huanchaca, que hizo la fortuna del Presidente Aniceto Arce, podía decir que tenía en propiedad 10.000 indios quechuas, y que éstos no vivían más de diez años, y que la mortandad infantil era de 360 por 400 nacidos vivos. Esto porque era fuerza de trabajo descartable, igual que el mayor rigor de la Colonia. La ley de los minerales era muy elevada y los costos de producción eran bajos, sobre todo por los exiguos salarios, según estudió Sergio Almaraz; pero el transporte a la costa era caro y se lo hacía a lomo de mula, de burro, de llama o de indio. Ese era el modelo económico de las minorías blancas: exportar para constituir grandes fortunas y dedicar la mayor parte de ellas a gastos suntuosos, a educarse o a vivir en Europa. Pero nunca se preocuparon por desarrollar el mercado interno, que es la base sustancial para el nacimiento de una Nación y de un Estado moderno.