Ojalá no suene a profecía sobre el desastre, pero las hipótesis de guerra son ejercicios comunes entre geopolíticos, historiadores y estudiantes de altos estudios nacionales, para no hablar de los estudios propiamente militares.

Una de ellas ha sido formulada por el Presidente venezolano puestos los ojos en la franquicia estadunidense para instalar bases militares en Colombia, país rival de Venezuela, quién lo diría, desde que juntos integraron una sola república fundada por el Libertador.

Habría que vivir allí para sentir incomodidad frente a un vecino enfrentado, que goza de la protección de una gran potencia al punto de ceder territorio para la instalación de bases militares. Pero lo curioso es que a los bolivianos nos ocurre lo mismo y no nos alarmamos: los Estados Unidos han instalado en Paraguay la que hasta hoy es la mayor base militar norteamericana a pocos cientos de kilómetros de nuestra frontera. Con lo rápidos que son los gringos para inventar pretextos diplomáticos que justifiquen sus invasiones, esas fuerzas podrían desatar una blitzkrieg, una guerra relámpago sobre el Chaco boliviano, para así controlar nuestros pozos de gas, con el disimulado o franco interés de grupos económicos de los países limítrofes. Como son territorios poco habitados y peor defendidos (pese al sacrificio de los militares que han sido destinados a esas lejanas y calurosas guarniciones), la invasión se desarrollaría en menos de seis días, al cabo de los cuales el objetivo más probable sería el Trópico cochabambino, con el argumento de controlar el narcotráfico. En esas condiciones, el país se reduciría al polo de occidente, con un severo corte de suministros que llegan del Oriente.

¿Qué impide la ejecución de esta hipótesis? Las sólidas convicciones democráticas de nuestros vecinos, en especial de Brasil, Argentina y Chile, por ser países desarrollados, y de Paraguay, porque tiene un gobierno popular. El Presidente venezolano ha dicho varias veces que no se quedará cruzado de brazos si hay una pretendida solución de fuerza en Bolivia contra el actual proceso, pero justamente la instalación de una base militar tendría entre sus objetivos la reducción de sus intervenciones en Sudamérica, proyectándolo hacia el Caribe, donde es más fácil controlarlo.

No hay que olvidar, por último, un factor siempre presente en casos de invasión: que hay sectores sociales siempre dispuestos a colaborar con el ejército invasor, los cuales incluso esgrimen argumentos éticos, democráticos, históricos, lo que fuere, para justificar su actitud. Si la invasión triunfa, ellos son catapultados a posiciones de honor y se convierten en Manes de la Patria; si la invasión fracasa, son traidores a la Patria.

La historia enseña sin variaciones que los colaboracionistas pertenecen a los sectores privilegiados que temen perder sus privilegios, mientras los sectores populares son los que ponen el pellejo y la sangre para defender la soberanía y la integridad de su país.

Un italiano diría: Si non é vero e ben trovatto; si no es cierto, está bien contado. Así son las hipótesis de guerra.