El concepto de raza humana no existía antes de 1492. El mundo se reducía a la zona de influencia del Mar Mediterráneo, es decir, el sur de Europa, el Medio Oriente y el norte de África, donde había fenotipos humanos de diversa pigmentación en la piel; sin embargo, nadie hablaba de razas.

Ese concepto perverso se inventó para diferenciar a los europeos occidentales de los nativos de este Continente, a quienes equívocamente se llamó "indios". Ellos uniformaron a diversos pueblos con identidades definidas, desde los mayas, los aztecas y los incas, hasta los aymaras, los chibchas, los tehuelches y los araucanos.

Es un concepto perverso, primero porque las diferencias fenotípicas se las relacionó con la biología; incluso se discutió si los indios tenían alma; y segundo, porque de inmediato se enlazó la raza a la división del trabajo. Así, españoles y portugueses, por ser europeos, eran encomenderos, azogueros, propietarios de la tierra y gobernantes, mientras los americanos, por ser indios, debían trabajar gratuitamente y pagar tributo al Estado para conservar sus comunidades. El capitalismo nacía en Europa con la inyección de oro y plata de América, especialmente de Potosí, y allá los europeos trabajadores tenían derecho al salario; en cambio a los indios no les asistía ningún derecho económico.

A éste se suma otro concepto perverso: el del color. Éste fue inventado por los ingleses para diferenciarse de los nativos de África. Así nacieron los negros y los blancos, diferencia que antes de la expansión colonial inglesa no existía. Como ellos crearon la antropología, hasta hoy las razas humanas se distinguen por el color: así hay blancos, negros, rojos o cobrizos, amarillos e incluso aceitunados. Excepto los blancos, la gente de "color" fue asignada a la obligación de trabajar sin una remuneración justa.

Raza y color, inventos de la civilización occidental, nos inculcaron la peor de las herencias del colonialismo: el sentimiento de otredad. En esta parte del mundo, nos acostumbraron a diferenciarnos no sólo por la ubicación en el aparato productivo o por el ingreso sino por la raza o el color, reservando privilegios a los blancos europeos y restringiendo a los nativos, así fueran también blancos. Vino la guerra de la independencia y el nacimiento de las repúblicas que proclamaron la igualdad de los ciudadanos ante la ley, pero se mantuvo el tributo indigenal, se limitó el voto a quienes eran letrados, restringiendo la educación de los indios para que no se alfabetizaran, y evitando que accedieran a cargos de gobierno.

Y bueno, pasaron más de cinco siglos y ahora tenemos un presidente indio, cosa insólita todavía hoy en el continente americano, ¡y todavía tenemos el tupé de acusarlo de racista! Cuando nos hablan de 500 años de explotación étnica nos fatigamos por la cantaleta, pero basta revisar la historia para precisar que raza y color fueron conceptos inventados por los europeos occidentales. Lo curioso es que algunos de sus herederos se quejan de ser víctimas del racismo. ¡Increíble!